Fernando Solís & Alicia Peña  
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31 de diciembre de 1962
31 de diciembre de 1962

Fernando miró nervioso el reloj, en otro momento le hubiese puesto una excusa a Alicia y habría ido a buscar a Inés y Mauro al aeropuerto, pero cada vez le costaba más pasar horas fuera de casa. Acabarían de llegar a París, todavía quedaba un rato para que llegasen a casa, terminó de preparar el desayuno y lo llevó al salón, Alicia y Roberto le esperaban ansiosos, se habían despertado tarde y con mucho hambre. Se echó a reír al dejar el plato de brioches en la mesa y ver que los dos cogían uno inmediatamente; Alicia no había dejado de preguntarle en toda la semana por lo que harían en fin de año, había sido difícil no contárselo. Hacía unos días se habían enterado que en Barcelona había habido varias personas muertas congeladas por el temporal de frío, minutos después Alicia estaba llamando a Inés; Fernando sabía que a ellos no les había pasado nada, el día anterior había hablado con Inés para acordar la hora en la que llegarían. Lo que le preocupaba en esos momentos era que a Inés se le escapase algo, por suerte Alicia no pareció notar nada raro. Una vez más, mientras desayunaban, Alicia volvió a preguntar qué harían esa noche, la miró divertido mientras se servía un café.
-Tendremos que tomar las uvas, es verdad.
-¡Uvas!
-Hasta Roberto lo dice…
-¡Fernando! Yo creo que esperar una semana ha sido suficiente, sabes que no me creo que no hayas preparado nada, sé que hay algo, no pasa nada porque lo adelantes unas horas…
-Es verdad que una semana intrigada es mucho para ti, con la poca paciencia que tienes… -Alicia le tiró un trozo de pan que le dio en la cara- ¿Ves? Si hubiese preparado algo, esto me hubiese convencido de no contártelo.
Roberto imitó a su madre tirando un trozo de galleta, Alicia le miró mordiéndose el labio.
-Mi amor, lo siento, no tenía que haber tirado nada, no se hace y no tienes que aprender esas cosas malas que hace mamá.
-No, mamá no mala.
Fernando le miró sonriendo, Roberto estaba muy serio mirando a su madre, Alicia se echó a reír y le besó pensando en la suerte que tenían por tenerle en su vida. Siguieron desayunando entre risas y miradas, Tor no dejaba de dar vueltas alrededor de la mesa pidiendo comida, Fernando se echó a reír porque Roberto siempre le daba algo de su desayuno. Alicia estaba empeñada en sonsacarle, una semana insistiendo le parecía demasiado, Fernando se levantó cuando terminó de desayunar.
-De todas formas… -la besó el pelo y se alejó recogiendo las tazas- Si hubiese preparado algo, pronto lo sabrías…
Fue a la cocina sonriendo al oír la risa de su mujer, miró el reloj, delante de Alicia se había contenido, pero no dejaba de pensar en la hora que era; tenían que estar a punto de llegar. Alicia se levantó para recoger lo que quedaba en la mesa, sabía que Fernando no quería que hiciese nada en casa, pero se agobiaba al estar todo el día sin tener nada que hacer. El día de la publicación del libro, había esperado a que Fernando volviese de la revista para salir juntos, fueron los tres hasta la librería más cercana; Fernando la miraba preocupado por el frío y el cansancio que pudiese sentir, pero cuando vio su mirada frente al escaparate donde estaba el libro, no pudo evitar sonreír y olvidarse de todos sus reparos a que saliese de casa. A primera hora había comprado dos ejemplares pero no dejó que Alicia viese el de Inés; entrar a la librería los tres juntos fue muy especial, Alicia se agarró a Fernando sonriendo mirando a la estantería donde estaban los ejemplares de su libro. Al día siguiente había tenido una nueva revisión, el doctor le recomendó reposo, no era bueno que cogiese peso ni que pasase horas de pie, tenían que intentar que el parto no se adelantase mucho. Cuando llegó a la cocina, Fernando la miró torciendo el gesto, daba igual las veces que le dijese que no hacía falta que le ayudase con los platos, ella lo hacía incluso más a menudo que cuando no estaba embarazada. Suspiró mirándola y cogió los platos que le daba, Alicia se sentó frente a él escuchando las risas de Roberto, que jugaba en la manta con Tor. Notó que Alicia le miraba y trató de que sus movimientos fuesen calmados, estaba ansioso porque llegasen Inés y Mauro pero esperaba que Alicia no lo notase. Roberto entró corriendo a la cocina para quedarse mirando el patio, hacía unos días que no nevaba y parecía que el temporal había pasado, Alicia sonrió porque, a pesar de todo, Fernando seguía reticente a que pasasen mucho tiempo en la calle. Al oír el timbre miró a Fernando intentando adivinar si él sabía que sonaría, se echó a reír cuando le dijo que fuese ella mientras él terminaba de fregar. Alicia se levantó despacio, le besó el cuello y fue a abrir la puerta sin imaginar a quién se encontraría delante suyo. Fernando cerró el grifo y cogió la mano de su hijo para ir hacia el salón, Alicia estaba llegando a la puerta, se quedó mirándola desde la distancia. Alicia se quedó con la boca abierta sin poder reaccionar, Inés estaba delante de ella mientras Mauro, con la niña en brazos, estaba justo detrás. Inés sonrió emocionada y la abrazó con cuidado, Alicia se echó a reír abrazándose fuerte a ella y mirando hacia la niña, le parecía preciosa. Fernando las miraba emocionado, Roberto no dejaba de preguntar por su madre y, en su media lengua, quién era esa mujer, sujetó a Tor, que quería ir a saludar a los nuevos visitantes.
Alicia se separó despacio, se giró para mirar a Fernando con una amplia sonrisa, no necesitaban decirse nada, se mordió el labio intentando no emocionarse y volvió a mirar a su amiga.
-Inés… Ufff qué sorpresa… Hola Mauro –se acercó a él mirando a la niña- hola pequeña.
-Alicia, te presento a nuestra hija, -aunque no era muy normal en ella, Inés hablaba emocionada- la pequeña Inés.
Alicia apretó la mano de su amiga mientras atendía a la niña, para sus ocho meses parecía más pequeña y frágil de lo normal, pensó que se parecía mucho a Mauro. Fernando se acercó despacio sonriendo, saludó primero a Inés dándole las gracias por aceptar la invitación, ella le quitó importancia pero casi no le hizo caso, se agachó para saludar a un Roberto que sonreía todavía sin hablar.
-Hola Roberto, -sonrió al ver que el niño la abrazaba- soy Inés.
-¡Inés! Mamá nina Epana.
Inés se echó a reír, no se imaginaba que ya hablase tanto y relacionase tantas cosas; Alicia sonrió mirando a su hijo, Fernando se acercó a Mauro para darle la mano y cogió a la niña en brazos, estaba seguro que Alicia se había quedado con las ganas. Inés se echó a reír al ver que su hija empezaba a llorar de forma suave.
-A veces tiene algo de mañas…
Fernando evitó un comentario sobre lo que recordaba a la personalidad de Mauro en el pasado, se echó a reír haciendo que todos se sentasen, Alicia, antes de sentarse junto a su amiga, le besó suavemente dándole las gracias. Fernando dejó a la niña en brazos de Mauro para ayudar a Alicia a sentarse, Roberto tenía curiosidad por la pequeña Inés aunque la miraba un tanto molesto por el ruido que hacía al llorar; Alicia se echó a reír, por un momento recordó la conversación que tuvo con Mauro en el Asturiano sobre Martín Angulo, reconocía el mismo sentimiento de pesadez que tuvo ella con Mauro en Roberto respecto a la hija de su amiga, sonrió pensando que de verdad la niña se parecía a Mauro. Inés se echó a reír al ver a Tor, bromeó con Alicia diciendo que no se había imaginado que tuviesen un perro en casa y se quedó sorprendida al conocer la historia y saber que Roberto fue quien tomó la decisión. Después de unos minutos casi en silencio, mirándose, sonriendo y hablando con monosílabos, Inés y Alicia empezaron a hablar atropelladamente, Fernando se echó a reír mirándolas mientras Mauro se entretenía con Roberto y sus juguetes, su hija estaba sentada junto a Roberto que intentaba implicarla en los juegos pero parecía que Inés sólo hacía caso a su padre. Alicia se entusiasmó cuando supo que se quedarían cinco días, ya podía imaginarse paseando con Inés, compartiendo con ella el fin de año, las ocurrencias de su hijo, las bromas de Fernando… Pensaba disfrutar cada segundo que pasasen juntas, miró a Roberto y a Inés, su hijo estaba perdiendo la paciencia con la niña y prefería jugar con Mauro, que dividía su atención entre los dos; Fernando regresó con una bandeja con té y unos dulces, Alicia le miró sonriendo y, cuando se sentó a su lado, se apoyó unos segundos en su hombro para hablarle en el oído.
-Es el mejor regalo del mundo, ha valido la pena que no me hayas dicho nada a pesar de lo pesada que me he puesto… Te amo.
Fernando la besó suavemente, Inés empezó a hablar de Macarena, se había quedado en Barcelona porque no podían cerrar el despacho; Alicia sonrió recordándola y, sobre todo, recordando a la chica que había conocido en Madrid.
Le gustaba mucho su carácter alegre y espontáneo, pero esa dejadez por el trabajo nunca la entendió ni le gustó, al final se había acabado apasionando tanto por el trabajo que no viajaba sólo por tener el despacho abierto; se sintió triste por no poder abrazarla a ella también, pero estar con Inés, conocer a su hija, ver a Mauro tan ensimismado con los niños… Era algo que pensó que no podría disfrutar en mucho tiempo; se abrazó a Fernando mientras seguía hablando con su amiga, tenían muchas cosas que contarse, Fernando llegó a pensar que se lo contarían todo de golpe, no daban tiempo a que la otra contestase. Su animada conversación sólo era interrumpida por los niños, Roberto seguía hablando con Inés como si ella le entendiese, pero la niña no tenía mucho interés, sólo quería volver a los brazos de su padre.
-Hemos pensado quedarnos en un pequeño hotel que hay cerca de vuestra casa creo que…
-No –Fernando la interrumpió sonriendo pero de manera firme- os quedaréis aquí.
Alicia sonrió mirándole, le apretó la mano mientras esperaba la respuesta de Inés, Mauro seguía la conversación pero se mantenía al margen, Roberto le había conquistado y su hija exigía también su atención.
-Pero Fernando, no podemos aceptarlo, son muchos días para molestaros, dos niños juntos… Es demasiado.
-Nada de eso, os quedáis en la habitación de las niñas, Pelayo ya se quedó aquí, no es ninguna molestia tener amigos en casa y vuestra hija puede dormir en la antigua cuna de Roberto.
Alicia sonrió emocionada, sabía que Fernando prefería la intimidad pero también que lo había dicho en serio, iba a ser el mejor fin de año de su vida; sonrió cuando Inés le peguntó, a la vez, por el embarazo y el libro. Fernando se levantó, las dejó hablando mientras se sentaba al lado de su hijo, Inés le miró seria, Mauro habló con dulzura a su hija pero ella seguía con el ceño fruncido; Fernando empezó a jugar con Roberto intentando que la niña jugase también, al final la niña se echó a reír y quiso que Fernando la cogiese. Alicia miró a Roberto intentando comprobar si sentía celos porque su padre cogiese a otra niña pero no vio nada de eso, sólo insistía en darle sus juguetes para que jugasen, pero no le importaba que Fernando la hiciese caso, estaba segura que con sus hermanas sería todavía mejor. Inés y Alicia se quedaron un momento calladas contemplando a sus hijos, por fin estaban juntas después de ser madres, sus hijos se conocían y podrían jugar juntos durante unos días que se les harían cortísimos pero que disfrutarían y recordarían siempre.
Fernando se echó a reír al ver que la pequeña Inés empezaba a hacer caso a Roberto, cogió el teléfono de juguete a regañadientes y empezó a parlotear por el auricular; Roberto se levantó para coger el teléfono real y contestarla, todavía riéndose ayudó a su hijo y le puso el auricular en la oreja. Los cuatro se quedaron callados sonriendo y escuchando la conversación de sus hijos, a Roberto se le podía entender pero Inés sólo emitía monosílabos sin sentido, aun así, Roberto parecía entenderla. Fernando colgó el teléfono cuando Roberto quiso volver al lado de Inés, empezaron a jugar con las piezas, Roberto le explicaba cómo ponerlas para hacer una torre mientras Inés no dejaba de cogerlas y tirarlas riéndose ante el ruido que causaba. Alicia e Inés siguieron hablando sin parar, tenían mucho que contarse, Fernando se quedó un segundo escuchando las voces de todos, las conversaciones de Inés y Alicia, a Mauro intentando que su hija no tirase la torre de Roberto, todo el bullicio le transportó al día que conoció a Inés y el que conoció a Mauro. Podía sentir el sofá de la casa de Inés bajo su espalda y cómo, durante aquellas noches, había sentido como si tuviera espinas. Sonrió antes de incorporarse y alejar aquellos pensamientos, a pesar de todo podían compartir unos días juntos y quería disfrutarlos. Fue a la cocina para fumar un cigarro, a Mauro le costó alejarse de su hija, nunca la había visto coger tanta confianza cuando acababa de conocer a alguien, finalmente fue a la cocina y sonrió al ver a Fernando fumando. Desde allí podían escuchar las voces de Alicia e Inés y las de sus hijos, Fernando sonrió pensando en las últimas conversaciones que había tenido con Mauro, le ofreció fuego y se echó a reír, recordaba perfectamente la primera conversación que tuvo con él, quedaba muy lejos y se notaba que Mauro había cambiado. Se sentó frente a él mirándole, una carcajada de Alicia le hizo sonreír, estaba seguro que ni habían notado que ellos no estaban en el salón; Mauro se quedó mirándole, había notado cómo atendía a Roberto, incluso a su hija, nunca se le imaginó así, aunque suponía que eso podían decir de él los demás.
-Fernando, gracias por invitarnos, Alicia es muy importante para Inés, en cuanto la llamaste empezó a preparar el viaje, la echaba mucho de menos.
-Gracias a vosotros por venir, estar lejos no es fácil, y sé que para Alicia mucho menos… Ella creció aquí y le costó mucho recuperar la ilusión por vivir en España, pero lo hizo y… -apartó la mirada para quedarse mirando el cenicero, dio una calada pensando en el momento en que Alicia llegó al despacho de Bonilla- La verdad es que muchas veces pienso en lo injusto que es para ella tener que haber vuelto a exiliarse, soy yo el que no puede vivir en España, ella podría perfectamente. Pasar estos días con vosotros, que estéis en casa, poder disfrutar de vuestra hija… Es muy importante para nosotros; y os lo agradezco de verdad porque sé que no es fácil pensar en viajar con una niña tan pequeña.
Mauro se quedó mirándole, nunca se había planteado que para Alicia y Fernando fuese distinto que para ellos, al fin y al cabo, ellos también habían dejado Madrid, habían empezado de cero en Barcelona; Fernando apagó el cigarro riéndose, podía ver la confusión en la cara de Mauro, había cambiado mucho desde que le conoció, había madurado y había dejado de ser un niño para convertirse en el hombre que tenía delante, pero seguía teniendo ese punto de inocencia que le hacía entrañable, era parte de él y eso no cambiaría por mucho tiempo que pasase. Se levantó cuando Tor entró en la cocina ladrando, miró el reloj pensando que tenía que salir a la calle, al volver al salón Alicia le miró confundida, no había notado que se hubiesen ido, sonrió porque lo que sí notaba era la mirada de Fernando, estaba segura que habían hablado de algo importante.
-Alicia, voy a sacar a Tor –empezó a ponerse el abrigo mientras su hijo se levantaba- no creo que tarde mucho, en cuanto vuelva preparo algo para comer.
Alicia le miró sonriendo, ella había perdido la noción del tiempo, no pensaba ni en Tor, ni en la comida, ni siquiera en planear la cena de esa noche; Roberto acarició al perro pero no dijo nada de salir él también, normalmente tenían que convencerle para no hacerlo, pero en ese momento estaba con la pequeña Inés y no quería salir de casa. Fernando se echó a reír al verles a los dos entretenidos con sus amigos, Mauro se sentó en la manta jugando con los niños, Inés se les quedó mirando mientras Alicia miraba a Fernando atando al perro. Se levantó despacio, no quería perderse ni un minuto de estar con Inés, pero le propuso a Fernando acompañarle, él se negó, la besó y terminó de abrocharse el abrigo yendo hacia la puerta. Alicia se sentó junto a Inés y empezó a hablar de los avances de su hijo, sonrió cuando la hija de su amiga quiso sentarse con ellas, empezó a hacer suaves ruidos como si estuviese hablando también. Mauro las miró riéndose y puso su atención en la torre que construía Roberto; Alicia disfrutó achuchando a la pequeña Inés, no podía abrazarla del todo por la tripa, pero sentadas en el sofá podía besarla y atenderla mejor que cuando estaba en brazos de Mauro. Inés se quedó mirando a su amiga y su hija, había compartido poco tiempo con Alicia, pero compartió con ella alguno de los momentos más importantes y también más difíciles de su vida, la echaba de menos y, desde que nació su hija, soñaba con que la conociese y con poder conocer a su hijo. Pensó que deberían viajar a París más a menudo, desde luego, le encantaría conocer a las hijas de su amiga cuando fuesen bebés y no cuando ya hubiesen crecido; miró a Mauro que parecía más un niño junto a Roberto. Fernando suspiró mientras Tor le arrastraba por todos los jardines del barrio, desde que había dejado de nevar, tardaban mucho más en volver a casa, saludó a un par de vecinos con sus perros, no dejaba de pensar en la sonrisa de Alicia al ver a Inés, sabía que ese fin de año lo recordaría siempre. Esperaba que tantas emociones no le pasasen factura, el médico había insistido en que estuviese tranquila y a él le preocupaba mucho que, como había dicho el médico, el parto de adelantase demasiado; el de Roberto también se adelantó unas semanas, pero no era lo mismo un parto con dos bebés. Se rascó el pelo preocupado pero un nuevo tirón del perro le hizo sonreír, por fin quería volver a casa; antes de llegar, pensó en parar en la cafetería y encargar la comida. La cena la prepararía él, pero no le apetecía hacer la comida cuando Inés y Mauro acababan de llegar; Tor ya era habitual en la cafetería, su amiga solía darle algún hueso que guardaba para él. Su amiga le preguntó por Alicia y Roberto, quería felicitarles el año a los tres, le prometió que al día siguiente merendarían allí y podría verles además de conocer a unos amigos de España; se despidió cogiendo la comida y deseándole que pasase una buena noche con su familia, Tor salía contento con su hueso mientras Fernando sonreía. Cuando entró en casa, se quedó mirando a Alicia, se reía atendiendo a la niña; estaba deseando verla con sus dos hijas, Roberto se levantó dejando a Mauro hablando solo y fue a abrazar a su perro, después se agarró a las piernas de su padre preguntándole por Pelayo. Inés le miró sorprendida y acabó sonriendo cuando Alicia empezó a contarle cómo se había encariñado con Pelayo en los pocos días que pasó en casa. Fernando dejó las bolsas en la mesa, Alicia se echó a reír al ver la comida, dejó que pusiese la mesa sin decirle que le ayudaba, no la dejaría. Roberto fue hacia el sofá y quiso sentarse al lado de su nueva amiga pero, en ese momento, ella no le hacía caso, se reía con las atenciones de Alicia pero se abrazaba a Inés, Mauro se levantó de la manta bromeando con la actitud de su hija. Mientras ponía la mesa, Fernando se fijaba en la mirada ilusionada de Alicia, llevaba más de un año viéndola feliz, pero esa mirada por estar con Inés era distinta, sonrió a Roberto cuando éste quiso sentarse en una silla.
-Roberto, tienes que sentarte en la trona, al lado de mamá ¿de acuerdo?
-¡Sia, sia! Inés, mamá, Maro, nina.
Alicia se echó a reír, Roberto daba muestras de su carácter pero Fernando no perdía la paciencia; Inés la ayudó a levantarse y volvió a abrazarla, había echado mucho de menos esos abrazos en los que se sentía unida a ella; cuando la conoció llevaba tiempo sintiéndose sola, Inés supuso mucho para ella y, volver a verla, era muy especial. Antes de sentarse besó a Fernando, ni por un momento había imaginado que preparaba esta visita, recordó la llamada que le hizo a Inés días antes.
-Fernando, cuando llamé a Inés ya lo habíais hablado ¿verdad?
Mauro se echó a reír mientras Inés sonreía atendiendo a su hija, Fernando la miró sonriendo y la ayudó a sentarse; Roberto protestó cuando le dejó en la trona, por suerte, Mauro había conectado muy bien con él, empezó a hablarle de los cómics poniendo voces de los personajes, Roberto le miraba con los ojos muy abiertos y aplaudiendo. Fernando apretó la mano de Alicia y empezaron a comer sin dejar de contarse todas las novedades de su vida en el último año; Alicia era la que más hablaba junto con Mauro, Inés escuchaba e intervenía para completar la información que daba Mauro, Fernando sólo les escuchaba y sonreía, ni siquiera podía estar pendiente de Roberto porque Mauro lo hacía por él. Alicia intercambiaba miradas con Fernando ante los típicos chascarrillos de Mauro, una de las veces se echó a reír porque Inés y él pusieron los ojos en blanco al escucharle, sin embargo, estaba tan cambiado, era adorable verle con su hija o la forma en la que había aprendido a escuchar a Inés antes que a escucharse a sí mismo. Inés tenía a su hija en brazos, se estaba quedando dormida, Alicia se emocionó cuando Fernando se levantó y sacó la primera cuna de Roberto, era perfecta para la hija de su amiga que parecía todavía muy pequeña. Inés protestó al dejarla en la cuna pero se relajó cuando su madre le dio el chupete, Roberto la miró torciendo el gesto.
-¿Nina momir?  Tene e omer.
-Mi amor, Inés tiene sueño, todavía es muy pequeña; cuando tú eras así de pequeño también dormías mucho.
-Inés penena momir.
Mauro se echó a reír y le dio la cuchara para que siguiese comiendo, Alicia respiró hondo pensando que no se podía ser más feliz que ella en ese momento y se lo debía a Fernando, en el fondo siempre se lo había debido a él; desde que perdió a su padre, sólo recordaba ser feliz junto a Fernando.
Inés escuchó entusiasmada a Alicia hablar de las vacaciones en Marsella y sonrió cuando su amiga fantaseó con unas vacaciones en la playa juntas cuando ya hubiesen nacido sus hijas; Fernando se echó a reír ante el contraste de la actitud soñadora de Alicia y la realista de Inés, parecía un poco difícil compartir vacaciones. Alicia insistía en que no era tan difícil, Marsella estaba cerca de Barcelona, o incluso buscar otro destino que quedase también cerca de la costa catalana; Fernando sonrió emocionado, admiraba esa capacidad que Alicia había recuperado, soñar despierta, ilusionarse con planes futuros por poco probables que fuesen. La Alicia con la que se reencontró en Madrid no soñaba, no se ilusionaba, en cierta forma, sus caminos habían ido paralelos, durante 10 años se habían dedicado a sobrevivir. Alicia le miró con una débil sonrisa, era consciente que en ese momento estaba lejos de allí, Fernando sonrió, pasó la mano por el respaldo y no dejó de jugar con su pelo mientras ella volvía a hablar con su amiga, en ese momento, de la presentación del libro. Fernando recordó la noche que pasó leyendo el libro, fue el mismo día en que salió a la venta, podría haberlo leído antes porque Alicia tenía el borrador que le había dado la editorial, pero quiso esperar a que se publicase, a tener le libro real entre sus manos y disfrutar pasando las páginas, mientras Alicia lo escribía sólo había leído fragmentos. Pasó la noche en vela leyéndolo, podía ver a Alicia escribir apasionándose, podía ver a las personas de las que hablaba incluso aunque no hubiese llegado a conocerlas como a su padre; cuando lo terminó sólo podía pensar en la gran mujer que era Alicia, la más luchadora que había conocido nunca, la más idealista también. Había terminado de leerlo casi al amanecer, apagó el cigarro que estaba consumiéndose en el cenicero para volver a la cama junto a Alicia, ella le sintió y se abrazó a él; la besó la frente y se quedó dormido abrazándola, se sentía en paz después de haber leído el libro, después de haber leído cómo Alicia había explicado su experiencia en el fusilamiento. Sonrió volviendo al presente, apretó la mano de Alicia y se levantó haciendo que ella le mirase arrugando la nariz.
-¿A dónde vas?
-Ahora lo verás…
Regresó de la habitación con el paquete de regalo, Alicia sonrió, podría haber pensado que era otro regalo para ella después de la sorpresa de la visita de Inés, pero inmediatamente supo que era su libro, y que era un regalo para Inés. Se acarició la tripa emocionada, dejó que se sentase junto a ella sin decir nada, Inés le miró extrañada cuando Fernando le dio el regalo.
-¿Pero es para mí?
-Bueno, para los dos… En España no creo que podáis conseguirlo, aunque tendréis que tener cuidado y tenerlo un poco escondido…
Inés seguía sin entender nada, Alicia abrazó a Fernando y se separó rápido para ver a Inés desenvolver el libro, Roberto permanecía en silencio mirando también a Inés, Mauro acarició la rodilla de su mujer mientras pensaba qué podría ser. Fernando estuvo a punto de echarse a reír pensando en la diferencia entre Inés y Alicia, Inés abría el regalo poco a poco, intentando no romper el papel y siguiendo el orden, nada que ver con la impaciencia que siempre mostraba Alicia. Inés sonrió al ver la portada del libro, pasó los dedos por el nombre de Alicia y la miró sonriendo.
-¡Tu libro! Estoy deseando leerlo… -se abrazó a ella y al separarse miró a Fernando- Gracias, Fernando, en España sería imposible conseguirlo y estoy segura que es un gran libro.
Apretó la mano de Alicia mientras leía la contraportada, Alicia miró a Fernando emocionada, él le devolvió la mirada sonriendo.
-Mamá libo paa Inés.
Roberto salió de su mutismo haciendo un resumen de lo que acababa de pasar, Mauro se echó a reír y le limpio las manos con el babero.
-Inés, tienes que tener cuidado con el libro –al decidir comprarlo para Inés lo había tenido en cuenta, incluso estuvo a punto de no comprarlo por ese motivo- no puedes dejarle a la vista, y menos en el despacho…
-No te preocupes Fernando, nadie lo verá.
Fernando sonrió ante la seriedad de Inés, besó a Alicia y se levantó a por la cámara de fotos, el reencuentro había sido tan intenso que se habían olvidado de inmortalizarlo; Inés se echó a reír porque en la boda de Alicia y Fernando había sido ella la que había estado pendiente de las fotos, en ese momento ni lo había recordado. Fernando empezó a sacar fotos sin dejar de sonreír, Roberto parecía encantado con su nuevo amigo, Mauro seguía contándole historietas poniendo voces, Alicia se reía ante las caras de su hijo mientras Inés ojeaba el libro. Fernando dejó en el suelo a su hijo, no sin antes darle un beso, para que fuera a jugar con su nuevo tío. Estiró los brazos y disfrutó de ver a Alicia tan emocionada.
La sobremesa se alargó entre conversaciones, risas y juegos de los niños; Inés, ya despierta, no dejaba de pedir la atención de su padre, Alicia sonreía enternecida pensando en lo mucho que se parecía a él, Roberto intentaba que su nueva amiga se implicase en sus juegos mientras Fernando no dejaba de reírse al ver los esfuerzos de su hijo. Alicia se mordió el labio antes de proponer salir a dar un paseo, sabía que Fernando se preocuparía, pero le apetecía compartir un paseo con Inés y su familia por París, el tiempo había mejorado y podían abrigarse; sonrió pensando que podrían ir a las Galeries Lafayette, en esas fechas estaban preciosas llenas de luces y gente; suspiró descartándolo precisamente por toda la gente que habría, estaba segura que Fernando preferiría que paseasen abrigados antes que entrar a las tiendas abarrotadas por las compras navideñas. Tendría que convencerle para ir con Inés una de las mañanas que estuviesen en París, tenía que comprar los regalos de Reyes y le apetecía ir con su amiga, las dos solas, hablando de todo y sin preocupaciones, esos planes que nunca pudieron hacer en Madrid.
-Fernando, podríamos salir a dar un paseo, vamos hasta el Boulevard Saint-Germain, tomamos un chocolate, los niños pueden jugar en el parque…
La miró sonriendo, estaba seguro que llevaba un buen rato pensando cómo planteárselo, no puso ningún problema al plan de su mujer, pero tenía claro que al mínimo gesto de cansancio, cogerían un taxi para volver a casa; incluso pensó en ir en coche, pero ni siquiera lo planteó pensando que Alicia quería pasear con su amiga. Miró el reloj calculando a qué hora estarían de vuelta, ayudó a Alicia a levantarse y ponerse el abrigo, Mauro atendía a su hija mientras Inés sacaba de la maleta un pequeño abrigo para la niña; se echó a reír al ver el abrigo que Fernando le ponía a Roberto, Alicia la miró de manera cómplice pero evitó hacer algún comentario sobre lo exagerado que solía ser. Fernando suspiró al mirar la mesa, los platos y vasos estaban amontonados y ninguno parecía preocupado, Alicia se acercó a él y le besó el cuello susurrándole que podían recogerlo más tarde. La abrazó riéndose pero se separó para ver si todos estaban listos; Alicia sonrió al ver a la pequeña Inés en el cochecito, al contrario que su hijo, la hija de su amiga parecía disfrutar al ir tumbada mientras sus padres caminaban. Roberto, en cambio, insistió en ir en brazos de Fernando pero antes de que le cogiese, se despidió de su perro.
-¡Tor! Vovemos entedida, doy mi paaba.
Alicia se emocionó al ver la seriedad con la que su hijo hablaba con Tor, sonrió porque cada vez se parecía más a Fernando, tenía mucho de ella también, pero los parecidos con Fernando eran muy evidentes, esperó a que Fernando lo cogiese en brazos para llenar de besos a su hijo. Fernando y Mauro bromearon sobre la solemnidad de Roberto con el perro mientras comenzaban a abrir la puerta. Al salir de casa, Alicia se agarró a Inés, Fernando se quedó a su lado con Roberto en brazos mientras Mauro llevaba el coche con una Inés que emitía suaves ruiditos; Fernando se echó a reír al ver que se había despejado un poco, seguía haciendo frío pero no estaba tan oscuro, hasta el tiempo se había aliado con Alicia que sonrió feliz empezando a hablar del poco tiempo que quedaba para que naciesen sus hijas. Mientras caminaban le iba explicando a Inés por donde pasaban, pensó que le gustaría mucho hacer un recorrido por todo París con su amiga, se echaron a reír cuando Roberto llamó a Mauro, Fernando miró a su hijo fingiendo decepción pero le dejó en brazos de Mauro sonriendo, dejó que Alicia llevase el coche de la niña y la abrazó sin dejar de mirar cómo Mauro conseguía que Roberto aplaudiese ante sus comentarios, Inés les miraba emocionada, incluso se permitió soñar durante un momento con que esas escenas se repitiesen, poder trabajar con Alicia, salir a pasear juntas con sus hijos y sus maridos en España… Mauro la miró divertido, Inés se emocionaba pocas veces, acomodó a Roberto en brazos y cogió a Inés de la mano para seguir paseando; Alicia sonrió a la pequeña Inés, parecía que hablaba con ella aunque era muy pronto para que se entendiesen las sílabas que decía. Cerró los ojos un segundo, Fernando lo notó y se quedó atento para que caminase sin chocar con nada; Alicia quería conservar esa sensación para siempre, las risas de su hijo, los comentarios de Mauro, la voz de Inés más cauta que los demás, el abrazo de Fernando, y los gorgojeos de la pequeña Inés. Abrió los ojos cuando sintió una patada, era lo único que faltaba para que la felicidad fuese completa, que sus hijas hubiesen nacido ya. Fue consciente de lo poco pendiente que iba de Fernando y Roberto pero aquellos momentos quería saborearlos, miró a la pequeña pensando en sus hijas e Inés aprovechó para poner cordura insinuando que podían ser dos niños ante la carcajada de Fernando por la expresión que se le quedó a Alicia. A pesar del frío, las calles estaban animadas, al llegar al Boulevard, Roberto quería echar a correr detrás de unos niños, por suerte, Mauro le convenció para mirar a la pequeña Inés, Roberto tenía verdadero interés en la niña aunque no le gustaba que ella no le hiciese demasiado caso. Alicia eligió una terraza apartada para disfrutar de la tarde, Fernando la ayudó a sentarse y sonrió cuando notó que dejaba el cochecito de Inés al lado suyo, poco después tuvieron que levantarse porque el camarero les informó que tenían un patio interior, allí podrían dejar en el suelo a Roberto sin miedo a que se alejase. Las conversaciones se iban sucediendo mientras tomaban el chocolate, Alicia disfrutó, además, de unos brioches; Fernando cogió en brazos a la niña y sonrió dándose cuenta de la diferencia con su hijo, a Inés le bastaba sólo con que la hiciesen caso, no pretendía coger nada que estuviese en la mesa ni se empeñaba en hacer las cosas por ella misma. Era una niña muy tranquila a menos que quisiese que sus padres la cogiesen, Fernando intentó sofocar un pequeño berrinche pero fue incapaz, realmente no lloraba, al menos no con la fuerza que algunas veces lloraba Roberto, sólo emitía pequeños ruidos chillones y no había manera de callarla. Mauro la cogió sonriendo mientras Inés miraba a Alicia riéndose, Roberto recorrió varias veces todo el recinto del patio interior, Fernando estuvo pendiente de él, hablaba con todo el mundo pero no parecía que molestase a nadie, sonrió cuando Alicia susurró que tenía un don que le recordaba a alguien. La besó y tomó un poco de su taza de chocolate, Alicia agarró la mano de Inés hablando de todo lo que harían aquellos días, Fernando la miró sonriendo, le daban miedo todos esos planes tan activos, aunque de momento no pensaba decir nada. Se fijó en lo cambiado que estaba Mauro, la forma de comportarse, las conversaciones, cómo estaba pendiente de su hija, de Inés e incluso de Roberto. Se apoyó en el respaldo mientras fumaba un cigarro y pensaba que a su edad había aprendido qué significaban las navidades en familia y con amigos. Se levantó cuando vio que Roberto quería entrar a la cafetería siguiendo a unos niños; Mauro se echó a reír de la forma en que intentaba convencer a Roberto de que debía quedarse en el patio interior. Fernando les miró antes de volver a la mesa, estaba seguro que a Alicia le gustaría quedarse a solas con Inés para hablar de muchas cosas, quizás en casa, mientras él preparaba la cena, podrían hacerlo. Volvió junto a ellos mirando el reloj y proponiendo volver a casa, Alicia torció el gesto pero terminó diciéndole que sí.
-Podemos coger un taxi, empieza a hacer más frío…
-Fernando, volvemos dando un paseo, como hemos venido.
Se echó a reír moviendo la cabeza divertido, Alicia se había puesto seria aunque se notaba que era una pose, la besó y dejó a Roberto en el suelo para ayudarla a ponerse el abrigo. Inés les miraba sonriendo, le sorprendía la naturalidad con la que Fernando actuaba sin dar importancia a estar pendiente de todo; por un momento recordó las indirectas que le había lanzado a Alicia en el pasado estando ella presente, se rio en voz baja evitando decirlo, no por ese recuerdo en sí, que le parecía divertido, sino por el tema de Isabela, los documentos que no recuperaron, Angulo… Mauro la abrazó siendo consciente que su mujer se había trasladado a otro lugar y, probablemente, a otro tiempo, Inés sonrió y le besó mientras arropaba a su hija. Roberto abrazó a su padre cuando le cogió en brazos, se echaron a reír cuando quiso sentarse en el coche junto a la pequeña Inés, Fernando bromeó con lo poco que le gustaba aunque en ese momento quisiese sentarse. Miró a Alicia, estaba seguro que fantaseaba con el futuro, quizás con la amistad de su hijo y la hija de Inés e incluso con algo más… Alicia notó la mirada y se echó a reír abrazándole; en el camino de vuelta, Inés recordó la última vez que se habían visto, hacía más de un año pero recordaba muy bien todos los detalles de la boda. Alicia se emocionó y le preguntó por su boda y por el nacimiento de Inés, Fernando besó a su hijo y se mordió el labio pensando en lo injusto que era para Alicia no haber podido estar presente en esos momentos; Alicia se abrazó más a él sabiendo lo que sentía ante esos recuerdos. Fernando fue pendiente de cualquier gesto de Alicia, le parecía que habían pasado mucho tiempo fuera de casa, además de la emoción por estar con Inés, con la niña, recordar tantas cosas… Alicia llevaba un rato sintiendo pequeños pinchazos que disimulaba sonriendo pero deseaba llegar a casa y descansar. Notó la mano de Inés sobre la suya y recordó cuantas veces se habían apoyado mutuamente, se echó a reír recordando a Macarena, sonreía con cada cosa que Inés contaba sobre ella, ya vivía con su novio aunque ni quería hablar de casarse y mucho menos de tener hijos, trataba a la pequeña Inés casi como a una hija y no necesitaba más. Fernando pensó en Pierre y sonrió pensando en lo distintos que eran Macarena y él, pero también en los parecidos que había entre Macarena y Diane. Sin darse cuenta habían llegado a casa, las calles a esas horas ya estaban más vacías, Fernando miró el reloj pensando que le daría el tiempo justo para preparar la cena. Se echó a reír cuando Alicia se descalzó nada más entrar en casa y dejó los zapatos en medio sin importarle que estuviesen Inés y Mauro, los recogió sin dejar de reír mientras ella actuaba con naturalidad. Tor saltaba alrededor de ellos feliz de poder saludarles, Roberto le abrazó preocupado y llamándole guapo; la pequeña Inés se había vuelto a quedar dormida después de tomar el biberón.
-Alicia, podéis relajaros mientras yo preparo la cena, deberías descansar un poco…
-¡A sus órdenes! –le besó riéndose y fue directa al sofá- La verdad es que me vendrá bien tener los pies en alto…
Fernando sonrió un poco preocupado, la ayudó a acomodarse y puso un cojín para que pudiese subir más cómodamente los pies. Mauro encendió la televisión echándose a reír, nunca se hubiese esperado que tuviesen una, recordó a sus padres mientras subía un poco el volumen, Fernando se dio cuenta de esa mirada pero fue Inés quien se acercó a él y le abrazó. Mauro sólo sonrió cuando Roberto le ofreció su coche de juguete, se sentó en la manta para jugar con el niño mientras Inés le proponía a Fernando ayudarle con la cena; Alicia sonrió porque estaba segura que Fernando cocinaría más a gusto con Inés que con ella, su amiga era mucho más metódica y ordenada que ella, de hecho, en la forma de ser tenían poco en común. Antes de ponerse a preparar la cena, Fernando recogió los platos de la comida y, después de fregar, preparó un té y sacó unos dulces, Alicia sonreía mientras compartía conversación con un Mauro que no dejaba de jugar con Roberto; cogió un mazapán del plato que dejó Fernando sobre la mesilla y le dio las gracias. Fernando se echó a reír al ver a Inés con un delantal y preparada para ayudarle, nunca se la habría imaginado así, ella sonrió divertida apremiándole a empezar aunque le advirtió que no tenía mucha idea de cocina. Entre risas empezaron a preparar la cena, Fernando se quedó un momento parado viendo cómo recogía cada utensilio que utilizaba, nada que ver con el desorden que habría si hubiese sido Alicia la que le ayudaba. Inés le preguntó por su trabajo, Fernando suspiró, no le gustaba hablar de su trabajo y menos recordar las horas que pasaba allí en vez de estar con su familia, pero finalmente sonrió y empezó a hablarle de sus compañeros, de su jefe, de las entrevistas y reportajes. Al final le contó la crítica que ya había hecho del libro de Alicia, saldría publicada la semana siguiente pero ella todavía no la había leído, quería que lo hiciese cuando se publicase; la había escrito al día siguiente de leer el libro, fue lo primero que hizo en cuanto llegó a la redacción. Inés sonrió pensando en la felicidad que veía en ellos, después de todo lo que habían pasado, y eso que ella sólo sabía una parte, le parecía increíble que siguiesen adelante. Un pensamiento le llevó a otro y acabó recordando a su padre, en esas fechas le echaba mucho de menos, pensar en cenar junto a él, que hubiese conocido a su hija… Pero, a la vez, pensó en lo poco que le conocía, había apartado de su mente lo que Alicia le contó sobre Mignot y Elsa, su padre lo sabía todo; pero en fechas así, cuando recordaba a su padre en su faceta más familiar, no podía dejar de pensar que en el fondo nunca le conoció del todo, se sentó intentando dejar atrás esos pensamientos.
-Fernando, ¿puedo coger un cigarro?
-Por supuesto –la miró detenidamente y se sentó frente a ella sin saber si debía preguntar- ¿estás bien?
-Sí… Bueno, he recordado a mi padre, a veces pienso que nunca llegué a conocerle…
Fernando encendió un cigarro y se quedó mirando al suelo pensando en el momento en que fuese Roberto quien le preguntase a él por el pasado, le gustaría no tener que contarle muchas cosas pero siempre supo que le gustaría que le conociese de verdad, tanto él como sus hijas, al igual que le conocía Alicia. Al ver a Inés preocupada por eso, fue más consciente que nunca de que no podía ocultarles nada a sus hijos.
-Inés, yo me pasé media vida ocultando quién era a las personas que quería… Alicia al principio no sabía quién era, cómo pensaba… -la miró directamente y tragó saliva- Para Arturo tuvo que ser muy difícil no mostrarse tal y como era contigo… Para mí siempre fue difícil ocultárselo a Alicia, muchas veces estuve tentado de contárselo; pero pensando en Roberto, sé que es todavía más difícil cuando es tu hijo o hija. Él trató de protegerte, no de lo que pudieses pensar de él, sino de lo que te pudiese pasar si lo supieses; era un peligro al que no quería exponerte y si soy sincero… Lo entiendo; si nosotros viviésemos en España, si Roberto creciese en la sociedad franquista, nunca se lo contaría, nunca le pondría en peligro.
Inés apagó el cigarro y sonrió agradecida, pensó que nunca había escuchado algo tan sincero respecto a ese tema; Alicia había sido sincera con ella, mucho, y se lo agradecía, pero Fernando le hablaba desde la experiencia, comprendía a Arturo mejor de lo que nunca lo harían ellas dos. Se levantó recordándole que tenían una cena que preparar, se echaron a reír escuchando las risas que llegaban desde el salón. Fernando sonrió al notar las manos de Roberto en su pierna preguntando por la cena ante la risa de Inés, le revolvió el pelo mientras le apremiaba a ir a jugar con la pequeña y Mauro. Inés dejó que Fernando terminase de ordenar la cocina mientras la cena terminaba de hacerse en el horno, volvió al salón y sonrió al ver a su hija sentada en la manta jugando con un muñeco de guiñol, Roberto intentaba que lo moviese a la vez que él movía el suyo pero no lo conseguía, Inés sólo lo movía delante de su padre. A pesar de que las ventanas estaban cerradas, podían oírse las risas de los vecinos y a algunas personas pasando por la calle seguramente dirigiéndose a alguna fiesta a juzgar por el escándalo que montaban; se sentó al lado de Alicia y le acarició la tripa preguntándole cómo estaba. Mauro se levantó riéndose porque el perro estaba saltando al lado suyo, parecía nervioso y pensaba que podría querer salir.
-Alicia, ¿saco al perro a la calle?
-Sí, creo que debería salir antes de que cenemos, aunque no sé si Fernando se empeñará en hacerlo él…
Inés se echó a reír, podía imaginarse el día a día de Alicia y Fernando, sobre todo ahora que ella estaba embarazada, llevaban allí pocas horas pero ya notaba el excesivo orden de Fernando, sus ganas de tenerlo todo bajo control y evitar que Alicia hiciese cualquier cosa; apretó la mano de Alicia, estaba segura que a ella no le gustaba del todo, aunque también notaba que la propia Alicia lo aceptaba porque le costaba hacer esfuerzos. Mauro ni siquiera le preguntó a Fernando, se puso el abrigo y ató al perro, Fernando se asomó al salón al oír los ladridos de Tor, se rascó el pelo pensando que debería haber estado pendiente de la hora; Roberto se levantó y dio la mano a Mauro dando a entender que él también iba.
-¿Llevo a Roberto? No me importa dar un pequeño paseo.
Alicia se aguantó la risa y miró a Fernando esperando su reacción, Fernando se pasó la mano por el pelo, quizás en el pasado sus dudas hubiesen sido por Mauro, le hubiese visto demasiado niño para hacerse cargo de su perro y su hijo a la vez, pero en ese momento sabía que Mauro cuidaría perfectamente de Roberto, además, había visto que su hijo se llevaba muy bien con él. Pero ya era tarde y hacía frío, Roberto se acercó a su padre con una sonrisa, Alicia pensó que intuía que era el único obstáculo para acompañar a su perro a la calle.
-¡Papá! Tor cae paseo pipí.
-Roberto… -se agachó junto a él sonriendo- Es tarde y hace frío, además, tenemos que cenar ¿no quieres ayudarme a poner la mesa?
-Audar mesa Inés, Maro paseo Tor.
-¿Y yo?
Alicia se echó a reír ante los planes de su hijo, la pequeña Inés les miró balbuceando sílabas inconexas, Roberto echó a correr hacia su madre y se subió al sofá para abrazarla.
-¡Mamá guapa! Ecansar.
Se echaron a reír los cuatro, Fernando pensó que su hijo estaba aprendiendo muy rápido, Mauro aprovechó que Roberto estaba entretenido con las cosquillas que le hacía su madre para salir sin que le viese, no quería insistir para llevarle a la calle después de haber visto dudar a Fernando. Roberto se abrazó a su madre mientras Inés cogía en brazos a su hija, Fernando aprovechó para sacarles una foto a los cuatro, estaba seguro que sería una de las preferidas de Alicia. Dejó la cámara sobre la mesa y besó a Alicia antes de volver a la cocina dejándolas solas, las conversaciones con Inés habían sido muy importantes para Alicia en el pasado, estaba seguro que echaba de menos escuchar sus consejos o, simplemente, desahogarse con ella. Alicia acarició el pelo de su hijo y miró a Inés sonriendo, nunca se habría imaginado que ese fin de año lo pasarían con ellos, que podría estar sentada en el sofá junto a su amiga y su hija.
-Inés, te he echado mucho de menos, muchísimo… He pensado tantas veces en lo que me dirías si estuvieses aquí… -apretó la mano de su amiga intentando no emocionarse- En el despacho con los casos, en casa las pocas veces que he discutido con Fernando, o con alguna duda con respecto a Roberto… -Inés se inclinó para darla un beso, ella también solía pensar qué opinaría Alicia ante cualquier cuestión- Cuando supe que volvía a estar embarazada eché de menos abrazarte, no digo tus consejos porque fue distinto –Inés sonrió recordando el momento en que Alicia le había dicho que estaba embarazada y todas sus dudas- pero sí abrazarte, compartir mi felicidad contigo…
-Alicia, yo también te echo mucho de menos, muchas veces en el despacho, con Macarena, pensamos en nuestra idea de trabajar las tres juntas. Cuando nació mi hija te eché mucho de menos; pasamos muchas cosas juntas, pero al final no hemos podido compartir momentos tan importantes como el nacimiento de nuestros hijos… Por cierto, me llegaron noticias de una campaña internacional en apoyo a Julián Grimau, inmediatamente pensé en ti…
Alicia se echó a reír, podía imaginarse a Macarena intentando ser cauta mientras Inés pensaba que ella estaría implicada, se mordió el labio porque estaba segura que ese caso habría hecho que su amiga recordase a Durán, Mignot, Elsa y, sobre todo, a su padre.
-Fernando ha estado escribiendo sobre el tema en la revista, yo he estado en contacto con los juristas internacionales en Ginebra… -besó a su hijo que se estaba quedando adormilado abrazado a ella- La verdad es que no creo que se consiga nada pero por lo menos daremos a conocer su caso, lo intentaremos hasta el final… -nunca le había hablado a Inés sobre la campaña que ella misma llevó a cabo cuando detuvieron a Fernando, la miró directamente y habló sin dudar- Inés, hace muchos años yo pasé por algo parecido; sabes que a Fernando lo fusilaron aunque pudo sobrevivir… Empecé una campaña en favor de la conmutación de la pena de muerte por cadena perpetua, -Inés apretó su mano siendo consciente de todo el sufrimiento que ella no conocía- lo intenté con todas mis fuerzas, fue uno de los peores momentos de mi vida… Llegó la petición de clemencia del Papa, pero no sirvió de nada; a veces pienso en lo ingenua que era, o que quería ser, Fernando había atentado contra Franco, era impensable que le conmutasen la pena, pero de verdad llegué a creérmelo o quise creérmelo…
-Alicia yo… No sabía nada…
La abrazó con cuidado y sonrió recordando la primera vez que habló con ella, en ese momento no le había dado importancia, pero ahora lo entendía; Alicia se había fijado en ella por su alegato en el juicio de Elsa Navarro, una persona condenada a muerte, una mujer acusada injustamente.
Desde el principio admiró a Alicia, después había llegado a sentirla como una verdadera amiga, pero en ese momento no podía explicar cómo se sentía después de saber por lo que tuvo que pasar cuando era muy joven. Alicia se frotó los ojos para despejar las lágrimas, se sentía bien confesándose con Inés, era la única persona a la que le había contado lo que pasó con Angulo además de Fernando, desde que la conoció se sintió muy cercana a ella; se mordió el labio pensando en su tía, era algo de lo que muy pocas veces hablaba. Cuando Inés compartió con ella en Madrid todo lo que pasó con Pía, estuvo tentada de contárselo, no era lo mismo pero podía entender perfectamente la situación que Inés vivía en su casa; volvió a abrazarla decidiendo no sacar el tema, esa parte de su pasado le dolía mucho, pensar en la mirada de su tía en el entierro, en que no pudo despedirse de Mati… Por suerte, Roberto se había despertado del todo al notar el movimiento y las llamó mientras volvía a preguntar por la cena, se echaron a reír al ver el mohín que le hizo la pequeña Inés, no parecía muy interesada en lo que Roberto tuviese que decir. Cuando Mauro abrió la puerta, ellas dos ya estaban conversando sobre sus hijos, Mauro se quedó mirando a Inés y notó que habían estado hablando pero no preguntó nada; ella se levantó para abrazarle, notaba todos esos pequeños cambios que había tenido Mauro, en el pasado seguramente les hubiese preguntado de qué estaban hablando o, al menos, hubiese tenido curiosidad. Tor le dio una lametada a Mauro y se tumbó en la caseta, había arrastrado a Mauro por todos los jardines del barrio y estaba cansado; Fernando entró en el salón llevando los platos.
-Así que ya estamos todos, deberíais sentaros, la cena ya está lista.
Antes de posar los platos besó a Alicia, Roberto seguía en el sofá pero se levantó al ver que su padre empezaba a poner la mesa.
-Papá audar poner la mesa.
Fernando sonrió y le dio una de las servilletas, a pesar de lo dispuesto que era, cuando le daba las servilletas para llevarlas a la mesa solía ponerse a jugar con ellas; Mauro se echó a reír cuando Roberto quiso que jugase con él y la servilleta. Fernando ayudó a Alicia a sentarse mientras Inés terminaba de poner la mesa, Mauro cogió a Roberto en brazos y le convenció de sentarse en la trona, fue a por su niña, que seguía en el sofá, pero convencerla a ella de algo era más complicado.
-Inés –Fernando se rascó el pelo esperando no molestarla- he preparado un poco de puré para la niña, a Roberto le gustaba mucho, aunque no sé si ya le dais puré o solo biberón…
-Gracias –Inés sonrió al ver a Fernando tan preocupado- hace unas semanas empezamos a darle puré de patata y zanahoria, no le gusta mucho pero intentamos que lo coma.
Fernando suspiró aliviado y fue a la cocina para empezar a llevar la cena, antes de volver escuchó a Roberto empezar a cantar el villancico, se echó a reír y, al llegar al salón, empezó a tararear al mismo ritmo que su hijo. Antes de sentarse se fijó en Alicia, no había querido cambiarse de ropa, para él siempre estaba preciosa pero sabía que ella pretendía ponerse un vestido para la cena, sin embargo, se había olvidado completamente, sólo le importaba que cenaban con sus amigos, se sentó estirando las piernas y la besó recordándole el vestido. Alicia se echó a reír mientras empezaba a servir la cena y cantaba a coro con su hijo; justo cuando iban a empezar a cenar sonó el teléfono, Fernando resopló y se levantó a la vez que Mauro se echaba a reír al ver su reacción. Cogió el teléfono y al oír la voz de Pierre le saludó con una sonrisa, ya se oía el ambiente de la fiesta aunque distinta a la fiesta que dio el año anterior; Pierre le felicitó el año recordándole que podían pasarse por su casa, Fernando habló unos minutos con él, le contó que Inés y Mauro estaban en casa, Pierre le dio saludos para ellos pero sobre todo para Roberto. Fernando sonrió cuando su amigo le dijo que al día siguiente irían a su casa, le recordó riendo que no era día para madrugar; Alicia se echó a reír pensando que al día siguiente su casa estaría llena de amigos. Roberto llamó a Pierre alargando los brazos hacia su padre pero Mauro le convenció de no bajar de la trona; al colgar se quedó un segundo mirando el teléfono, algo tan normal como llamar para felicitar el año todavía le seguía pareciendo raro, había pasado demasiados años sin una vida y había momentos en los que todavía se sorprendía de todo lo que había cambiado su día a día. Se sentó sonriendo y acarició la tripa de Alicia mientras empezaban a cenar; Roberto cenaba a su ritmo sin dejar de hablar con Mauro, quien tenía que dividir su atención entre él y su hija, a la que Inés estaba dando de cenar pero quería que su padre le hiciese caso. Fernando se echó a reír, la personalidad de Inés contrastaba con la de Mauro e incluso con la que empezaba a tener su hija, ella era mucho más seria, más independiente y comedida, aunque veía que hasta Inés había cambiado un poco, habían influido el uno en el otro complementándose. Alicia les miraba sonriendo, le costaba creerse estar cenando con su amiga, haber conocido a su hija; se giró para mirar a Fernando y le besó suavemente mientras susurraba varios gracias en voz baja. Fernando sonrió quitándose importancia y cogió su copa de vino para bridar con ellos, Alicia tomó su copa de agua torciendo en gesto pero volviendo a sonreír al instante.
-Por vosotros –acarició la rodilla de Alicia- por haber aceptado la invitación y poder cenar juntos… Y por ti Alicia, porque celebrar la navidad tiene sentido si estás conmigo, si estamos juntos con nuestro hijo, esperando a nuestras hijas…
Chocaron las copas sonriendo, Alicia se acercó a Fernando para susurrarle que ella brindaba por él; Roberto soltó la pequeña cuchara y cogió el biberón del agua protestando, fue Mauro el primero que brindó con él mientras Alicia y Fernando se echaban a reír, brindaron con su hijo emocionados. La cena pasó entre conversaciones, risas y recuerdos, Fernando sonreía ante cada recuerdo de Alicia o de Inés y Mauro, navidades de cuando eran pequeños; Alicia con su padre en París, Inés antes de que muriesen sus padres, o Mauro hablando de su madre. En esos momentos no podía evitar pensar que sus hijos, cuando fuesen mayores, tendrían ese tipo de recuerdos, esos recuerdos que él nunca tuvo, cenas familiares en navidad, regalos, conversaciones con sus padres… Alicia notó la mirada de Fernando, apretó su mano mirándole fijamente, Fernando le besó la mano y volvió al presente hablando de la fiesta de Diane y Pierre y de las últimas aventuras de su hijo; Alicia sonrió y siguió la conversación sin soltar la mano de Fernando.
La noche se les había pasado sin darse cuenta, quedaba apenas media hora para las uvas, Fernando se levantó para ir a por unos dulces y preparar las uvas; Inés dejó a su hija en la cuna, en pocas horas volvería a despertarse, dormía mucho pero todavía no se había acostumbrado a hacerlo de seguido, Alicia miró a Roberto, que no dejaba de parlotear con Mauro, le parecía curioso cómo su hijo se adaptaba a la personalidad de cada uno de sus amigos, no actuaba igual con Diane, tampoco con Pierre o Liberto, y mucho menos con Pelayo, se echó a reír pensando que en eso también se parecía a Fernando. Mauro sonrió y se quedó mirando a Roberto, por un momento pensó en lo que le gustaría tener un hijo, adoraba a su hija, era su niña y nunca cambiaría eso, pero pensó que no le importaría tener también un niño. Miró a Inés, que estaba arropando a la niña, y sonrió pensando que ella no querría volver a ser madre, al menos no tan pronto; Fernando regresó y se echó a reír cuando Roberto le pidió un “mapán”, le dio uno a él y otro a Alicia, que parecía otra niña esperándolo. Volvió a por una botella de champán y las uvas, le propuso a Inés llevar la cuna a la habitación por si molestaban a su hija con el ruido, Inés sonrió y le hizo caso, si su hija se despertaba la oirían llorar por mucho ruido que hubiese en el salón. Fernando repartió las uvas en los platos y se quedó mirando a su hijo cuando se quejó de que a él no le daba un plato, Alicia se echó a reír, Roberto ya estaba acostumbrado a comer lo que ellos comían y no parecía dispuesto a dejar de hacerlo, Fernando probó a darle una uva, nunca las había probado y quizás no le gustasen, antes la peló y quitó las pepitas, no quería correr el mínimo riesgo, Roberto mordió la uva y se echó a reír pidiendo más.
-Roberto, -se agachó para quedar a su altura- tenemos que comer las uvas cuando den las doce porque empezamos un año nuevo. -miró a Alicia sonriendo, las uvas para ellos significaban más que para los demás, era estar unidos a España- Ya verás, tú y yo vamos a comerlas juntos ¿quieres?
Alicia se emocionó al ver a su hijo tan feliz con las uvas, comió otro mazapán mientras Inés recordaba las últimas navidades que pasó con Arturo, se mordió el labio al notar que su amiga evitaba nombrar a Pía. Fernando puso la radio y cogió a Roberto para sentarse al lado de Alicia, ella se echó a reír al ver que pelaba y quitaba las pepitas de todas las uvas; Fernando la miró serio mientras la decía que tenía que comerlas despacio, Alicia suspiró sonriendo y siguió hablando con Inés mientras acariciaba el pelo de su hijo, que estaba feliz de estar sentado con Fernando frente a las uvas. Mauro comentó que ese año sería el primero que darían las uvas por televisión, Fernando miró a Alicia pensando en lo que le gustaría poder ver la retransmisión, las imágenes del reloj, las celebraciones… Alicia le apretó la mano recordándole que volverían a España y que ese fin de año después de volver, se tomarían las uvas frente al televisor junto a sus hijos; Mauro se frotó las manos nervioso, se dio cuenta que había metido la pata, Fernando se echó a reír al verle tan apurado y le quitó importancia mientras comentaba lo poco que le gustaba a él la televisión. Alicia sonrió y les contó la primera vez que ella recordaba haber tomado las uvas ya en París con su padre, Inés la miró sonriendo imaginándose a una Alicia de niña que no entendía esas tradiciones que sus amigos no seguían. Sonrieron cuando escucharon los cuartos, Fernando besó a Alicia y se separó para poder atender a su hijo, cuando sonó la primera campanada, todos comieron una uva intentando darse prisa menos Fernando, que le dio su primera uva a Roberto para que la comiese él. Alicia estuvo a punto de olvidarse de las uvas al ver ese gesto de Fernando, él la miró emocionado pero recordándole la segunda campanada. Fueron comiendo las uvas al ritmo de las campanadas, Mauro se daba prisa mientras Inés se tomaba su tiempo, nunca le importó acabarlas a tiempo, con comerlas era suficiente; Alicia comía despacio pero intentando seguir el ritmo. Al final, Fernando sólo comió ocho uvas, las otras cuatro se las había dado a su hijo, que seguía pidiendo más; Alicia tragó la última uva y besó a Roberto pensando que siempre recordarían el primer año que su hijo tomó las uvas. Miró a Fernando y le besó sin poder expresar todo lo que sentía, Mauro besó a Inés felicitándole el año, Fernando abrió el champán y ofreció una copa a cada uno para brindar por el año nuevo, Alicia levantó su copa sonriendo aunque sólo se mojó los labios.
-¡Fei ano! –Roberto movía los brazos riendo- Bonne année!
Fernando se echó a reír, besó a su hijo felicitándole el año y le dio su biberón para brindar con él; Mauro se levantó a por la cámara de fotos y les sacó una a los tres brindando. Después de la foto, Alicia besó a Inés sonriendo y posando para una foto juntas, Fernando dejó a Roberto en el suelo cuando empezó a protestar y se quedó mirándolas, sólo por ver a Roberto y a ella tan emocionados valía la pena celebrar las navidades; sonrió pensando que la visita de Inés y Mauro hacía las navidades todavía más especiales. Se levantó a poner un poco de música, Alicia sonrió al escuchar el disco de Édith Piaf, se levantó despacio ignorando el dolor de pies, aunque era consciente que Fernando lo notaría y en pocos minutos haría que se sentase. Mientras ellos e Inés y Mauro empezaban a bailar, Roberto se echó a reír y le llevó un trozo de mazapán a Tor, torció el gesto al ver que su perro no lo comía, echó a correr para llegar hasta su padre, que notó cómo chocaba con sus piernas, Fernando se separó riéndose y se agachó junto a él mientras Alicia se acariciaba la tripa.
-¡Papá! Tor no come mapán, -Fernando sonrió tiernamente al oír su tono de voz preocupado- ¿doy uvas?
-No, Roberto, no creo que le gusten las uvas, mira, vamos a darle un poco de carne que ha sobrado ¿quieres?
-Arne –echó a correr para llegar a la caseta- Tor te damos arne.
Se echaron a reír mirando cómo Roberto trataba de convencer a su perro para salir de la caseta, Alicia se dio cuenta cómo Mauro miraba a su hijo, casi con auténtica adoración, casi como le miraba Fernando. Fernando dejó que fuese Roberto quien diese de comer a Tor, abrazó a Alicia mientras la llevaba hasta el sofá, Alicia le miró divertida moviendo la cabeza, aunque no protestó porque de verdad estaba cansada; se sentó al lado de ella mientras Inés y Mauro seguían bailando. Roberto disfrutó viendo como Tor comía pero resopló después de que se quedase dormido, Fernando tuvo que convencerle de que estaba cansado por el paseo que había dado antes de cenar, dejó que se subiese en el sofá y se echaron a reír cuando se puso de pie bailando al ritmo de la música aunque cantando el villancico. Después de un par de canciones, Roberto se sentó torpemente al lado de su madre poniendo la mano sobre la tripa y llamando a sus hermanas, Inés se separó despacio mirándole con los ojos muy abiertos. Fernando se levantó dejándole su sitio a Inés, ella sonrió y se sentó junto a Alicia acariciando la tripa y la mano del niño.
-Con tantas cosas que contarnos se me había olvidado… Nuestras niñas, porque van a ser dos niñas, –Inés se echó a reír cuando Alicia recalcó que tendrían dos hijas- ya tienen nombre; ¿verdad que sí Roberto?
-Anea y Ana en la tripa de mamá.
Alicia besó a su hijo, Fernando las miraba sonriendo y pensando en todos los momentos que Alicia no podía compartir con Inés y Macarena, Mauro notó que las miraba con algo de culpa y decidió brindar con él, se echó a reír ante los intentos de Mauro, en el pasado seguramente no hubiese captado esa mirada o ni siquiera le hubiese dado importancia, brindó con él por la pequeña Inés, por Roberto y por Andrea y Ana.
-¿Y por qué esos nombres? Bueno, si quieres contármelo.
-Por supuesto Inés, -le apretó la mano mirándola finamente- Andrea era una amiga de Fernando, la mataron cuando volvió a España para intentar liberarle antes del fusilamiento… Y también es muy importante para mí, por eso y porque… Bueno, en las cartas te conté que estuve trabajando en un caso peligroso; -Fernando encendió un cigarro mientras la miraba sonriendo, si no llega a ser por Alicia, Andrea seguiría en el lugar donde la habían asesinado- recuperamos su cuerpo. Un amigo se acercó a su asesino, pudimos saber dónde la mataron y… Pudimos enterrarla aquí en París, –Inés le acarició la tripa sin saber qué decir ante aquella confesión, hacía no tanto tiempo ella no sabía nada de asesinados por sus ideas, del Partido, ni mucho menos se imaginaba que su padre estuviese metido en algo así- y bueno, Ana se llamaba mi madre, casi no la recuerdo pero mi padre no dejó de hablarme de ella, murió en un bombardeo durante la guerra… -Fernando se acercó a ellas y se sentó en el brazo del sofá acariciando el pelo de su mujer, estaba seguro que era la primera vez que le hablaba a Inés de su madre- Ella quiso que yo estudiase, que las mujeres de nuestra generación tuviésemos los derechos y oportunidades que ella no tuvo … Creo que son dos nombres perfectos para nuestras hijas.
Alicia apretó la mano de Fernando sonriendo, Roberto repitió el nombre de sus hermanas y volvió a ponerse de pie en el sofá, esta vez saltando; se echaron a reír mientras Alicia intentaba hacerle cosquillas. Tor se despertó al oír las risas de Roberto, subió al sofá mientras Alicia le miraba suspirando pero sin hacerle bajar. Inés seguía pensando en todo lo que le había contado Alicia, llegó a pensar que conocía muy poco de todo lo que debía haber pasado su amiga desde niña. Mauro se acercó y besó a Inés recordándole los regalos, Fernando les miró suspirando, debía haberse imaginado que les llevarían algo, él sólo había comprado el libro para Inés, tendría que haber comprado algo al menos para la niña, se rascó el pelo y Alicia supo lo que estaba pensando, le besó sonriendo mientras Inés se levantaba a sacar los regalos de la maleta.
-Es una tontería, pero como en Reyes no estaremos ya en París, pues lo hemos adelantado…
-Gracias Inés, no os teníais que haber molestado.
Alicia sonrió cogiendo el paquete que le daba su amiga, Roberto aplaudió e intentó quitárselo de las manos para abrirlo él.
-Mi amor, podemos abrirlo juntos ¿quieres?
Roberto abrazó a su madre mientras repetía en su media lengua “juntos”, Fernando se levantó y les sacó una foto sin dejar de sonreír, Roberto se sentó junto a ella y empezó a rasgar el papel de regalo, Alicia le ayudó y miró a Inés al ver el pañuelo, lo sacó despacio enseñándoselo a su hijo.
-Es precioso Inés, gracias.
-Cuando lo vi en la tienda pensé en ti inmediatamente, me alegro que te guste.
Alicia abrazó a Inés echándose a reír y teniendo cuidado con Roberto, ni siquiera para hacer un regalo dejaba su seriedad al margen; Inés se separó y le entregó un regalo a Fernando, él la miró sonriendo dándole las gracias. Alicia le miró resoplando al ver la lentitud con la que lo abría, finalmente sonrió cuando Fernando mostró una agenda, era elegante y sobria a la vez, estaba segura que la había elegido Inés. Fernando apretó el hombro de Mauro y dio dos besos a Inés diciéndoles que no tenían que haberse molestado, Alicia se echó a reír ante tanta seriedad de todos y dijo que a ella le parecía preciosa. Inés sonrió a su amiga y le entregó otro regalo, esta vez para Roberto y las niñas. Dejó que lo abriese Roberto solo, tardó un poco más pero disfrutaba mucho viendo cómo intentaba romper el papel y aplaudía cuando lo conseguía. Roberto cogió los patucos preguntando qué eran, Alicia sonrió, ella tenía otros iguales en la mano, dos pares de patucos blancos, sonrió enseñándoselos a Fernando mientras le explicaba a su hijo que eran para sus hermanas. Inés le recordó que también había algo para él, Roberto la miró llamándola guapa y alargando los brazos hacia ella; Fernando se echó a reír pensando que Roberto sabía muy bien que ese adjetivo gustaba a su madre y sus tías. Alicia terminó de abrir el paquete y sonrió al ver un juego de piezas de madera, en cada una de ellas había una letra para formar el nombre de su hijo, se podían unir formando un tren, Roberto cogió una de las piezas preguntando cómo se jugaba; Fernando se echó a reír, Alicia estaba demasiado emocionada para explicárselo así que se agachó junto a ellos explicándole a su hijo en qué consistía el juego.
-¿Robeto?
-Eso es, pone tu nombre pero tenemos que ordenarlo.
Inés se levantó para dejarles a los tres en el sofá mientras ella se sentaba en la butaca, Mauro cogió una silla para sentarse al lado de su mujer; Alicia miró a Inés dándole las gracias, dejó los patucos sobre la mesilla y empezó a jugar con Roberto y Fernando, Tor no dejaba de ladrar mientras Roberto le enseñaba su nuevo juego. Inés y Mauro les miraban sonriendo, Mauro pensó que por un momento se habían olvidado de ellos, parecía que estaban solos con su hijo, sin importarles nada más, besó a Inés pensando en lo que había cambiado la vida de los cuatro, le parecía que hacía mucho tiempo que había conocido a Fernando y, en realidad, no hacía ni dos años. Los minutos pasaron sin que Alicia y Fernando reparasen en que no estaban solos, Fernando les miró rascándose el pelo cuando oyeron llorar a la pequeña Inés; Alicia se echó a reír porque de verdad se habían olvidado de sus amigos. Fernando miró la hora pensando que era muy tarde para que Roberto siguiese jugando, miró la mesa y resopló viendo todos los platos y vasos que no habían recogido; Mauro le propuso a Inés irse a dormir después de dar el biberón a su hija, ya era tarde y el día había sido largo, Alicia se levantó para abrazar a su amiga agradeciéndole, una vez más, haber viajado para pasar el fin de año juntas. Inés besó a Roberto deseándole buenas noches, se sorprendió cuando Alicia le dijo que ya hacía semanas que dormía solo en su habitación, les dieron las buenas noches y dejaron que se acomodasen en la habitación de sus hijas. Roberto se quedó sentado en el sofá mientras Alicia se levantaba despacio y abrazaba a Fernando, le besó el cuello sonriendo.
-¿Ves como sí estabas preparando algo para fin de año?
-Cada vez soy peor espía… -la besó riéndose- Aunque estoy seguro que no esperabas algo como esto.
-No, claro que no; nunca habría pensado que sería tan especial este fin de año… -se abrazó más fuerte a él- Sólo ha faltado tener a nuestras hijas con nosotros, por lo demás, no hay nada que cambiaría de este día, ha sido perfecto, y todo gracias a ti…
Roberto se tumbó en el sofá sin dejar de mirar a sus padres, sonrió cerrando los ojos mientras susurraba llamándoles, Alicia se giró y se emocionó al verle casi dormido pero sin dejar de llamarles. Fernando se separó y le cogió en brazos pensando en que durmiese con ellos, pero no se lo propuso a Alicia, habían dormido con él el día de su cumpleaños, Roberto podría acostumbrarse y no querer volver a la habitación; se mordió el labio volviendo a mirar la mesa.
-Fernando… Podemos recoger mañana, ya es muy tarde y tienes que estar cansado…
-Tú sí que tienes que estar cansada… -la besó mientras Roberto se acomodaba en sus brazos- Pero tienes razón, lo dejamos para mañana.
La besó y fueron a la habitación de su hijo, Roberto protestó al notar que le dejaba en la cuna pero al sentir las sábanas sonrió suspirando y volvió a quedarse dormido; Alicia tuvo que aguantarse la risa al ver entrar a Tor a la habitación, dormía pendiente de todo, al igual que muchas veces hacía Fernando, y cuando notaba que llevaban al niño a la habitación, él se levantaba para terminar tumbándose en la manta que tenían junto a la cuna. Acarició la mano de su hijo mientras Fernando le daba un beso y se sentaba en la mecedora, sonrió pero torció el gesto cuando él quiso que se sentase encima.
-Fernando, peso mucho…
-De eso nada…
Tiró suavemente de ella y sonrió al notar que se sentaba, empezó a acariciarle la espalda pensando que dentro de poco Alicia se sentaría allí para alimentar a sus hijas, estaba deseando poder tenerlas con ellos. Alicia se abrazó a él cerrando los ojos y repasando todo lo que habían hecho ese día, sonrió y empezó a besarle despacio, se separó mirándole fijamente.
-Te amo, gracias por la sorpresa pero sobre todo, gracias por cada día, porque todos los momentos que pasamos juntos son especiales.
-Alicia, deja de darme las gracias –le apartó un mechón de pelo y se mordió el labio- soy yo el que tengo mucho que agradecerte… Sí, -no dejó que le interrumpiese y la besó- ya sé que eso quedó muy atrás, pero igualmente tengo mucho que agradecerte… Tú podrías estar viviendo en Madrid, o incluso en Barcelona trabajando con Inés y Macarena…
-Pero estoy aquí porque quiero Fernando –se puso seria mirándole- las quiero mucho y las echo de menos, pero soy feliz aquí junto a ti, viendo crecer a Roberto, esperando a nuestras niñas; además, profesionalmente también quiero estar aquí… Fernando, pasé más de 10 años en España estudiando y trabajando, nunca tuve libertad de acción, no podía defender a una mujer maltratada, a un preso político, estaba expuesta a los abusos de poder… Sólo aquí he podido desarrollar mi carrera. Fernando –le acarició la mejilla sonriendo- tú también has dejado muchas cosas atrás, estoy segura que te encantaría pasar las navidades con Pelayo y su familia, o con Daniel… No sólo yo estoy lejos de personas a las que quiero, lo estamos los dos, y no es culpa ni tuya ni mía, es culpa del régimen, no nuestra.
-Te amo Alicia.
Sonrió emocionado y la besó suavemente abrazándola, se quedaron unos minutos viendo dormir a su hijo, notó que Alicia empezaba a quedarse dormida y la besó recordándola que debían irse a dormir, le hubiese gustado llevarla en brazos a la cama sin despertarla, Alicia se echó a reír pensándolo, pesaba demasiado para ello. Antes de entrar a la habitación sonrió mirando la puerta de la de sus hijas, su amiga estaba en su casa, se quedaría unos días en París, era un sueño hecho realidad. Fernando la abrazó y la guio hasta la cama, Alicia sonrió al notar cómo empezaba a desnudarla para ayudarla a ponerse el pijama, suspiró riéndose, se abrazó a él antes de meterse en la cama, le besó el cuello y se sentó en la cama tapándose pero esperando a que él entrase para dejarle espacio. Fernando se echó a reír, cada día tenía menos espacio en la cama pero no podía ser más feliz, se puso el pijama rápidamente y entró en la cama tumbándose de lado para abrazarla, esperó a que Alicia se acomodase para estirarse en el espacio que le dejaba.
-Feliz año mi amor.
-Feliz año Alicia.
La besó la frente y empezó a acariciarle el pelo pensando en todas las navidades que celebrarían juntos, acarició la tripa y, en susurros, les felicitó el año a sus hijas asegurándoles que para él sería el mejor porque estarían los cinco juntos. Alicia se quedó dormida con una sonrisa justo después de escucharle, Fernando tardó algo más en dormirse, no podía dejar de pensar en todos los errores que había cometido en su relación con Alicia, pensar en empezar un nuevo año le hacía pensar en todos los años que podían haber comenzado juntos. La abrazó pensando que por suerte habían tenido una segunda oportunidad y ella sí había sabido vencer sus miedos, la besó el pelo y fue quedándose dormido escuchando su respiración.
__________________________________________________
**Capítulo escrito por Iles y Noa, sin una de las dos partes, el relato no quedaría igual porque le faltaría parte de la escencia de los personajes!!






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