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Capítulo I
Capítulo I
 
Agosto de 1973
  
Hace unos días, por la tarde, nos reunimos todos; no era habitual celebrar una cena entre semana, pero la ocasión lo merecía y era el único día en que todos nuestros amigos estaban libres. Pasamos la cena entre risas y anécdotas; pero a medida que avanzaba la noche, todos nos pusimos melancólicos. Ante ese panorama, no rechisté cuando Fernando se dispuso a contar una de las pocas historias que me sé de memoria: la historia de Andrea Robles, la historia de cuando se conocieron en Madrid… Si me dejase, yo misma podría relatarla con sus mismas palabras y sus mismos gestos; y es lógico, al fin y al cabo esa historia la he escuchado tantas veces que en ocasiones creo que conocí a Andrea, aquella mujer valiente que mataron al intentar salvar a Fernando cuando fue capturado en España. Siempre me gustó escuchar la historia de cómo se conocieron Fernando y Andrea; me gustaba imaginar el carácter de Andrea, sus sentimientos… Mi nombre se le debo a ella, mis padres, Fernando y Alicia, me pusieron Andrea en su honor así que de alguna forma, me siento unida a ella. Ahora que lo escribo, me parece raro llamar a mis padres por su nombre… Desde los seis años decidí que prefería llamarlos así; en cierto modo creo que era una forma de ser igual a ellos. A Alicia nunca le molestó; pero a Fernando… Tengo que reconocerlo, soy la niña de sus ojos; y supongo que siendo tan pequeña le molestaba que yo ya quisiera ser independiente.
Hace unas semanas que les comuniqué mi decisión; y al igual que siempre, Alicia lo entendió, pero Fernando… Quizá es que sus años de clandestinidad todavía los tiene muy presentes y quiera seguir protegiéndome; o también puede ser que le asuste que ya no sea una niña, que haya crecido…  El caso es que se negó en rotundo; aunque creo que lo hizo más por tozudez que por otra cosa. Nos conoce demasiado bien a Alicia y a mí como para saber que cuando queremos hacer algo, no hay nadie que nos lo pueda sacar de la cabeza; siempre me han dicho que en eso me parezco a ella.
Tengo que ser justa; a pesar de que casi nunca estamos de acuerdo cuando se trata de lo que puedo o no puedo hacer; quiero muchísimo a Fernando, me parece difícil que alguien que le conozca de verdad no le quiera. Evidentemente, también quiero muchísimo a Alicia; son los mejores padres que podría tener. Con ella me llevo mejor en el sentido de que comprende mis necesidades, comprende que necesite luchar por mí misma por esa libertad que entre los dos han hecho que sea el eje de mi vida. En cambio Fernando, aunque siempre ha dicho que quiere que su hija viva en un país libre; no concibe que yo luche por esa libertad, no concibe que ya no sea la niña a la que él enseñaba a andar, a jugar… Le gustaría que nunca creciese; aunque sabe que ya lo he hecho y creo que eso es lo que más miedo le da. Sé que ellos han luchado por salir adelante, por vivir de acuerdo a sus ideas; estoy muy orgullosa de ellos por eso, y me gustaría que en el futuro mis hijos pudieran llegar a sentir lo mismo. Mis padres han sido los que me han inculcado la idea de vivir de acuerdo a mis principios; así que ahora han tenido que entender y aceptar mi decisión.
Desde pequeña he oído historias sobre la resistencia, sobre Francia, sobre la clandestinidad en España… Tanto Fernando como Alicia han luchado por cambiar las cosas en España; cada uno a su forma… Papá era muy joven, de mi edad más o menos, cuando empezó la guerra en España; él tuvo que defender la República con las armas. Aunque de esa época nunca ha querido hablar… Mamá me contó que sí que luchó en la guerra de España, que por culpa de la guerra no pudo disfrutar de los que tendrían que haber sido los mejores años y que perdió a su familia y a muchos de sus amigos en esos años. De lo que sí me ha hablado Fernando ha sido de sus años en la Resistencia, de cómo fue entrar en París después de derrotar a los nazis, de los amigos que cayeron, de Belle, de las misiones en que volvió a España para seguir luchando… La historia de Andrea forma parte de una misión en España; pero no la única, también me han contado cómo Fernando volvió a España para intentar matar a Franco, cómo regresó después para acabar con un topo, cómo vivió una temporada entre Francia y España ayudando a pasar la frontera a compañeros, cómo se instaló en España durante un tiempo para poder dedicarse por completo a ayudar a sus compañeros a llegar a Francia, cómo se infiltró para poder acabar con una operación contra los maquis del norte... Cuando Fernando regresó a España para matar a Franco fue cuando conoció a Alicia; siempre ha sido mi parte preferida de sus recuerdos. Cada vez que salía el tema conseguía que uno de los dos me contase más detalles sobre el principio de su relación.

 
Cuando regresó para acabar con un topo fue cuando le capturaron y le ejecutaron; Fernando sobrevivió al fusilamiento y pudo regresar a Francia, en cambio Andrea que había vuelto para intentar rescatarle, no sobrevivió, el topo la asesinó. Alicia regresó a Francia poco tiempo después, ella no sabía que Fernando había sobrevivido, dejó a su marido y vino a París a acabar sus estudios. Cuando acabó sus estudios, decidió que ella también quería luchar y regresó a España con una misión. Fue ahí cuando se reencontró con Fernando; tenían que hacerse pasar por matrimonio, aunque no tenían que fingir mucho. Cuando pudieron regresar a París, Alicia ya estaba embarazada de mí; mamá me contó que cuando lo supieron, el más ilusionado era Fernando, que ella estaba asustada porque no era el mejor momento en mitad de una misión que se complicaba por momentos. Después, cuando yo nací siguieron luchando; Fernando volvía a España en algunas ocasiones, aunque prefería no tener que hacerlo y servir solo de enlace o encargarse de preparar las misiones y organizar los distintos grupos. Alicia se dedicó a la abogacía aunque muchas veces tuvo que rechazar algunos casos porque necesitaban de sus servicios algunos presos españoles. Pocas veces conseguía algo cuando regresaba a España a defender a hombres y mujeres encarcelados por sus ideas; pero ella necesitaba intentarlo. Nunca viajaron a la vez a España; uno de los dos se quedaba conmigo en París. Cuando era Fernando el que se quedaba, aprovechaba los días para hablarme mucho de mi madre, de cómo era cuando la conoció, de lo que yo me parecía a ella. Así conseguía no estar todo el día nervioso y asustado; aunque nunca lo reconocía, tenía miedo. A Fernando nunca le gustó expresar sus sentimientos, y menos cuando al mostrarlos podía hundirse. Cuando era Alicia la que se quedaba, también aprovechaba para contarme detalles de cuando se conocieron, de cómo Fernando la despistaba; aunque ella también me contaba la historia de su boda con su profesor Álvaro Iniesta y las circunstancias después de creer que Fernando había sido fusilado. Ella también tenía miedo, pero tampoco quería mostrarlo; cuando papá estaba lejos, una de las anécdotas que me contaba siempre era lo nerviosa que se había puesto en la frontera cuando tardaron en devolverle el pasaporte. Yo creo que en esa misión fue cuando Alicia aprendió a controlarse.
Al poco tiempo de que papá regresase de su último viaje a España, fue cuando se casaron, yo tendría unos cinco años y aunque no recuerdo mucho esos tiempos, sí que me acuerdo de su boda. La misión de papá en España se había complicado y habíamos estado tiempo sin saber de él; a su vuelta decidieron arreglar los papeles para poderse casar. No fue una boda típica, no hubo iglesia, no hubo vestido blanco ni chaqué… Pero hubo felicidad, sonrisas, amigos, buenos momentos… Recuerdo que fue la primera vez que al ir de compras me dejaron elegir mi ropa; ¡si lo hubieran sabido no me hubiesen dejado! Era la boda de mis padres y yo quería ir muy guapa, pero para mi ir guapa no significaba ir con un vestido ñoño, sino que significaba comprarme los pantalones del color más chillón que encontré combinados con la camisa más bonita pero a la vez más dispar que encontré. La verdad es que tenía un gusto peculiar para vestir… Mis padres iban muy guapos y muy elegantes aunque no fuesen los típicos novios de una boda. Ella iba con un vestido azul precioso que le llegaba por las rodillas, era ajustado a la cintura y la falda con vuelo; decía que le recordaba a una falda que tuvo cuando era joven. Él iba con un traje marrón clarito que le quedaba muy bien y le hacía parecer un galán de cine. Fue un día estupendo y ellos estaban muy felices; no hubo muchos invitados, solo los justos… Estuvieron Antonio, Liberto, Alberto, Sara, Natalia, algunos amigos más de mi madre compañeros de trabajo y algunos amigos de mi padre compañeros del partido.
Cuando ya llevaban algunos años en París se volcaron más en la lucha; Fernando entrenaba a los nuevos luchadores para que pudieran enfrentarse a las misiones en España y se encargaba de coordinar los distintos grupos, y Alicia había formado una cooperativa con dos mujeres y un hombre españoles que se dedicaban en exclusiva a casos políticos de españoles. Ella ya no tuvo que viajar a España, pues lo hacían sus socios y era ella quien se encargaba de preparar todos los casos; Alicia llevaba desde 1961 sin volver a España y Fernando desde 1960. Así que, salvo por algunos compañeros que seguían en la lucha en España, apenas tenían contacto directo con los españoles. Quizá por eso les sorprendió tanto que el día que cumplía 18 años, el mismo día que Alicia cumplía 43, les dijese que quería estudiar periodismo, pero que quería hacerlo en España. Fernando enseguida quiso convencerme de lo contrario; aunque Alicia se puso de mi parte. En ese momento, yo dejé de existir y se pusieron a discutirlo entre ellos; precisamente eso es lo que peor llevo, que cuando discuten casi siempre es por no estar de acuerdo en las decisiones que me afectan a mí. Al final, mamá pudo hacerle entender que lo que estaba pasando era una consecuencia de la educación que me habían inculcado; ellos me habían enseñado a luchar por lo que quería así que no podían echarse atrás y decidir que eso estaba muy bien pero no para su hija. A regañadientes, papá aceptó que estudiase en España, no sin antes hacerme prometer una y otra vez que tendría cuidado, que no me expondría, que solo iría a estudiar… Aunque él sabía perfectamente que lo que me pedía era imposible; es ese momento se pusieron a recordar cómo habían sido los primeros meses de Alicia en España y supieron que los míos no serían muy distintos. Al igual que mi madre, yo me implicarían en todo lo que tuviese que ver con la lucha por la libertad. Alicia apenas pudo hacer nada, a finales de los 40 era muy difícil, pero ahora los jóvenes tenemos una oportunidad para hacernos oír a través de las asambleas clandestinas que se organizan en las universidades. Aunque las cosas han cambiado algo y los estudiantes cada vez se atreven más a expresarse, las represalias siguen siendo igual de duras y eso era lo que más les preocupaba. También me hicieron prometer que en cuanto llegase a Madrid iría a visitar a Liberto, el hijo de Andrea, y que le haría caso en todo lo que me dijese. Él llevaba cinco años en España; había estudiado derecho en París, quizá por eso Alicia le cogió un especial cariño, y había vuelto al país de sus padres para continuar con la lucha que le inculcaron. Es varios años más pequeño que Alicia; Liberto tendrá unos 36 años y para mí siempre fue alguien a quien admirar. Puede ser que solo por saber que era el hijo de Andrea le tuviese un gran respeto, pero también tiene que ver con cómo me trata. Para él era una especie de hermana pequeña, esa hermana que no había podido tener porque a su madre la asesinaron.
 
Acaban de anunciar por la megafonía del tren que hemos pasado la frontera así que tendré que continuar contando la historia más tarde. Quiero ver el paisaje, empezar a conocer España; en cierta forma, me siento más cerca de Alicia que nunca. Ella también viajó a España con mi edad; eso sí, la acompañaba su padre, pero también era la primera vez que visitaba España.




Comentarios hacia esta página:
Comentado por:31-03-2012, 11:42 (UTC)
relatosnoa
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Perdón por no contestar antes, acabo de ver tu comentario!!
Muchas gracias!! La verdad es que Inés y la alegría tuvo mucho que ver para que me animase a escribir esta segunda parte El relato no será siempre en primera persona porque también iremos sabiendo lo que les pasa a Fer y Ali en París Un beso!!!

Comentado por The Slayer, 22-10-2011, 19:51 (UTC):
Me ha dado por empezarle hoy y... vaya comienzo!! Me ha acordado de Inés y la alegría, vamos de Inés, de Fernando y de Vivi, porque son un poco como la familia que no pudo ser en AeTR.
Me encanta que sea Andrea, la hija de ambos, la narradora, los relatos en primera persona siempre tienen una fuerza especial.
Gracias NoA.



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