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Capítulo L

Capítulo L


25 de agosto de 1974, 30 aniversario de la liberación de París



El inicio del acto está presidido por el ministro del Ejército, Charles Hernu; aunque Fernando no integró la brigada a la que se homenajea, sabe que en cierta forma si participó. Porque en aquellos tiempos todo el que luchase contra los nazis era un compañero, un amigo… Charles Hernu se dispone a pronunciar un discurso que quedó pendiente hace treinta años; a ninguno de los allí presentes les importa que no sea un acto oficial, lo único que les importa es que se reconoce a todos sus compañeros que no pudieron sobrevivir. En el centro del improvisado escenario, Charles Hernu sostiene su discurso entre las manos y empieza a recitar palabras que a nadie dejan indiferente.


En noviembre de 1942, la mano de obra inmigrante del suroeste se constituyó como movimiento de resistencia militar para formar la 35ª brigada FTP-MOI.

Judíos, obreros, campesinos; en su mayor parte inmigrantes húngaros, checos, rumanos, italianos, yugoslavos, españoles: varios centenares participaron de Toulouse, de Montauban, de Agen; participaron en todas las luchas para expulsar al enemigo del Hute-Garonne, del Tarn, del Tarn-et-Garonne, del Ariège, del Gers, y de los Bajos y Altos Pirineos.

Muchos de ellos fueron deportados o perdieron la vida, como su jefe Marcel Langer…
Perseguidos, pobres, salidos del olvido, eran el símbolo de la fraternidad forjada en el tormento nacido de la división, pero también el símbolo del compromiso de las mujeres, de los niños y de los hombres que contribuyeron a que nuestro país, entregado como rehén a los nazis, saliera lentamente de su silencio para volver a la vida…
Esa lucha, condenada por las leyes entonces en vigor, fue gloriosa. Fue un tiempo en el que el individuo sobrepasó su propia condición y no se preocupó ni de las heridas, ni de las torturas, de la deportación o de la muerte.

Nuestro deber es enseñar a nuestros hijos que era portadora de valores esenciales, y que merece, debido al gran tributo que se tuvo que pagar a la libertad, estar inscrita en la memoria de la República francesa.


Después del discurso, el ministro cuelga una medalla a todos los integrantes de la 35ª brigada; aunque ellos, nada más recibirla se la quitan. Ninguno quiere quedar como héroe, los verdaderos héroes son los que no llegaron hasta allí. El ministro se retira a un lado del escenario y es el turno de Fernando; su discurso será largo, pero como nunca le gustó ser protagonista de nada ni que nadie le tuviese por héroe, su discurso pertenece a otros compañeros. Se ha entrevistado con la mayoría de integrantes vivos de la 35ª brigada, con compañeros de otras brigadas, con familiares… Su discurso pertenece a todos y cada uno de los que formaron la Resistencia; lo tiene escrito, pero no necesitará mirarlo en ningún momento. Todo lo que ha escrito le ha salido de dentro y sabe muy bien cómo decirlo. Antes de empezar, mira a Alicia, Andrea y Joel; allí están sus dos mujeres, apoyándole, orgullosas… Todo lo que ha vivido ha merecido la pena por tenerlas a ellas. Mira hacia el fondo y ve a Sancho preparado con su cámara, tenerle allí también le hace sentir bien.


La primavera ha vuelto*… No, no me he vuelto loco; sé que estamos en el verano de 1974… Esa fue nuestra esperanza, la de muchos hombres y mujeres y en muchos casos la de muchos niños y niñas. Jacques* puso en palabras lo que muchos sentíamos; y tenía razón. Por eso todo tenía sentido, porque un día la primavera volvería y teníamos que intentarlo.


Raymond y Claude* sonríen al descubrir que, aquel español que ayudó en la liberación de París, le ha dado el honor de empezar aquel discurso a su amigo Jacques. Él no sobrevivió, pero con las palabras que acaba de pronunciar ese hombre, los dos sienten que su amigo está vivo, que siempre vivirá en el recuerdo de todos ellos.


En los momentos duros todos pensábamos en abandonar, en volver a nuestra vida fácil, cuando peor estábamos nos asaltaban muchas preguntas… *Si sobrevivimos a este infierno  ¿podremos olvidarlo siquiera un momento? ¿Tendremos derecho a vivir como personas normales? ¿Puede borrarse la parte de la memoria que turba el espíritu?* Cuando te recuperabas, olvidabas todas esas preguntas, todos esos miedos… Aunque más tarde comprendimos que olvidar o enterrar el pasado no sirve de nada… Por eso hoy estamos aquí, para recordar a todos los que lucharon junto a nosotros pero no consiguieron llegar hasta aquí; su camino se separó del nuestro. Ellos murieron por la libertad, por la justicia; y, con su muerte, nos dejaron un legado maravilloso…

Para preparar este discurso he visitado a muchos compañeros, permitidme que os llame así, “compañeros”. Aunque a la mayoría no os conocí en esos años, todos sabemos que fuimos compañeros en la lucha contra el nazismo… Pues bien, en una de esas visitas, un hombre, un compañero que prefiere que no diga su nombre porque él no se considera héroe y creedme, le entiendo… El caso es que me contó una promesa que hizo a un compañero que cayó casi al final… *Le prometió que un día amaría, los dos eran muy jóvenes, casi unos niños; y que cuando eso pasara cogería a su hijo en brazos y que al mirarle por primera vez pondría en su mirada de padre un poco de la libertad de él porque así quedaría algo de ese compañero en este mundo… También le prometió que sus hijos contarían la historia de todos ellos que lucharon por el futuro de esos hijos que muchos no llegarían a tener…* Al escuchar el relato de este compañero comprendí que más allá de luchar por los demás, de luchar por millones de personas a los que intentaron matar; nosotros luchamos por nuestros hijos, por la siguiente generación, para que ellos no tuvieran que enfrentarse a un mundo llego de injusticias. Yo, como muchos de mis compañeros españoles, venía de perder una guerra contra el fascismo de Franco; a veces nos caíamos, pensábamos que no podríamos vencer a Hitler, que no podríamos liberar Francia… Lo conseguimos, sí; hoy nuestros hijos pueden vivir en una Francia libre, aunque mi hija de momento no puede vivir en una España libre… Pero en Francia lo conseguimos; todos sufrimos, lo pasamos mal, nos torturaron, nos capturaron… Pero hoy estamos aquí, libres y recordando viejos tiempos. Por eso ninguno de nosotros nos sentimos héroes, porque estamos aquí; luchamos por la libertad, pero estamos aquí… Los verdaderos héroes son los que lucharon por la libertad y no consiguieron sobrevivir… Ellos dieron su vida en nuestra lucha; su muerte sirvió para que hoy estemos aquí…


Fernando siente un nudo en la garganta; Belle no ha dejado de estar presente en cada palabra hacia los compañeros que cayeron… Mirando a Andrea encuentra las fuerzas para continuar.


No fuimos santos, estábamos en una guerra, cada día podía ser el último. Hablando con un compañero sobre esto, me dijo algo que yo tenía en la cabeza pero que no sabía decir con palabras. Me miró a los ojos y lo dijo: *“Hemos matado. Me ha costado años decirlo, no se puede olvidar el rostro de alguien contra el que se va a disparar. Pero nunca hemos matado a un inocente, ni siquiera a un imbécil. Lo sé, y mis hijos también lo sabrán, eso es lo que cuenta”* Después de contarme cómo prepararon un atentado contra un fiscal que firmó la sentencia de muerte del jefe de la 35ª brigada; volvió a insistir en su argumento: *“Hacer saltar locomotoras por los aires, destrozar raíles, destruir pilones, dinamitar grúas, sabotear material enemigo, para todo eso uno se puede armar de valor, pero a nadie le gusta matar. Soñamos con un mundo en que los hombres vivan en libertad. Queríamos ser médicos, obreros, artesanos, profesores. No cogimos las armas cuando nos quitaron nuestros derechos, fue más tarde: cuando deportaron a los niños y fusilaron a los compañeros. Pero matar sigue siendo para nosotros una necesidad asquerosa. Ya te lo he dicho, nunca se olvida la cara de alguien al que vas a disparar; incluso en el caso de un cabrón como Lespinasse, es difícil”* Desde aquí quiero dar las gracias a este compañero; por su honestidad, por saber expresar lo que muchos sentimos, por darme las palabras necesarias para expresarlas ante todos los aquí presentes. Es cierto que cuando se liberó Francia todos sentimos una especie de rencor… Nadie reconoció la labor de todos los extranjeros que formaron parte de la Resistencia. Sí, habíamos luchado por lo que creíamos justo, habíamos puesto lo mejor de nosotros al servicio de la vida de los más inocentes… Pero quienes se llevaban los aplausos eran los franceses, que muchos de ellos sí los merecían, pero otros… El caso es que no lo sentimos por nosotros; sino por todos los compañeros que no llegaron  hasta aquí y que nunca se les reconoció su labor, su entrega por liberar Francia. Para despedir a Marcel Langer, el jefe de la 35ª brigada; antes de que le ejecutaran, sus amigos le enviaron una nota: *“No te olvidaremos. Si nuestra lucha nos lleva a recobrar la libertad, si uno solo de nosotros sobrevive, no te olvidará, Marcel, y un día pronunciará tu nombre”* Pues yo hoy quiero decírselo a Marcel y a todos los que murieron en esta lucha; mientras uno de nosotros sobreviva, no nos olvidaremos de todos vosotros, siempre pronunciaremos vuestros nombres…

En ese momento, Antonio se acerca a Fernando y toma la palabra; dice miles de nombres… Para cada uno, tiene un significado, son personas que todos los resistentes perdieron durante la guerra… No conocieron a las personas que perdieron otros, pero al oír sus nombres hacen propios a esos compañeros. Para Fernando hay un nombre que sobresale del resto; Belle… Aunque esa parte del discurso la ha dejado para el final.


Como ya he dicho, yo soy español; luché en nuestra guerra civil y la perdí… Muchos de nosotros pasamos a Francia, y poco tiempo después, cuando empezó la guerra, nos unimos a la Resistencia. Algunos conseguimos llegar hasta aquí, otros no… Me gustaría tener un recuerdo para todos ellos; perdieron una guerra y no dudaron en volver a intentarlo cuando Francia perdió su libertad… Ellos no vieron que esa guerra sí la ganamos; por eso quiero contar una pequeña batalla que sí ganaron los españoles que no lograron llegar hasta aquí. Hablando con un compañero sobre mis compatriotas españoles, él me contó cómo *le ganaron una gran batalla a Touchin, el jefe de los guardias de la prisión de Saint-Michel. Llegada la noche, este guardia obligaba a todos los presos a volver a sus celdas desnudos; su excusa era que ningún hombre se atrevería a escaparse sin ropa, en realidad era una manera de ejercer sobre ellos otra humillación más. Antes de desnudarse, los presos debían saludarle, mostrarle sus respetos… Un día cualquiera, los españoles tienen un plan; saludan como es debido a Touchin, avanzan hacia la pasarela. Cuando llegan a las celdas comienzan a desvestirse, las ropas que dejan sobre la barandilla son las mismas con las que luchaban en la guerra de España… Esa noche, los españoles se toman su tiempo para desvestirse, colocan su ropa bien doblada sobre la barandilla. Todos están listos y se vuelven hacia donde está el guardia Touchin; él los mira detenidamente y se da cuenta de que algo falla aunque no sabe qué es… Descubre algo inadmisible y se lo hace saber a los prisioneros: “Pero ¿qué hacéis todavía con los calzoncillos puestos, cuando deberíais estar ya con los cojones al aire?” Los españoles se guardan las ganas de reír, todavía no es el momento; es una verdadera batalla, por anodina que parezca, hay mucho en juego. Es la primera, y si la ganan habrá más victorias. Los prisioneros sin hacer caso a Touchin, dan un paso adelante para disponerse a entrar en las celdas; al instante, Touchin se les adelanta y les niega el paso. “Vamos, ya conocéis el reglamento. El prisionero y el calzoncillo no pueden entrar a la vez en la celda; siempre ha sido así, ¿por qué cambiar hoy? Vamos, vamos, Rubio, no hagas el imbécil…” Rubio, que es el español que encabeza la fila, no cambia de opinión, le mira y le dice en español que no se lo va a quitar. Touchin le amenaza, le empuja, le agarra por el brazo; pero resbala y cae al suelo. Al levantarse intenta golpear al Rubio pero Boldados, otro de los prisioneros españoles, lo impide. Boldados querría usar los puños para defender a su compañero, pero sabe que en esa situación es mejor seguir paso a paso la estrategia. Él también le dice en español al jefe que no se quitará los calzoncillos; entonces Touchin empieza a gritar porque acaba de darse cuenta que la situación se le va de las manos: “Una rebelión ¿es eso? ¡Os vais a enterar! ¡Al calabozo, los dos, durante un mes, os voy a enseñar lo que es bueno!”  En ese momento, el esto de prisioneros españoles da un paso adelante, ellos también irán al calabozo. En el calabozo caben dos personas así que Touchin comprueba la magnitud del problema. Mientras él piensa en una solución, los prisioneros se sonríen entre sí, e imitan el movimiento de Touchin con su bastón… Son más de cincuenta hombres moviendo los brazos, desde el resto de galerías, el resto de presos comienzan a cantar “La Marsellesa”, “La Internacional” y el “Canto de los partisanos”. El jefe de los guardias comprende que no tiene otra opción así que les hace una señal a los presos para que vuelvan a entrar a la celda dormitorio. Esa noche los españoles de la prisión de Saint-Michel, ganaron la guerra de los calzoncillos. Solo fue una pequeña batalla, pero todas tienen su importancia y aquella fue una gran noche para nuestros compañeros. El compañero que me contó esta gran batalla; me dijo que Rubio fue deportado, pero que finalmente volvió. En cambio a Boldados lo fusilaron en Madrid; sin embargo, uno de los prisioneros volvió a su casa en Asturias, donde había sido alcalde. El día en que derriben todas las estatuas de Franco, su nieto recuperará la alcaldía y, si me permitís decirlo, espero que ese día llegue pronto… Muchos os estaréis preguntando qué fue de Touchin, si una vez liberada Francia pagó por toda su crueldad contra los presos miembros de la Resistencia… Siento decir que no, además de no pagar por ello, fue nombrado vigilante jefe de la prisión de Agen.*

Raymond sonríe ante la sinceridad de aquel hombre al que ha empezado a admirar; en sus encuentros, Fernando le había contado muchas de sus acciones en la Resistencia, incluso de la lucha en España. Pero había algo que Raymond no había podido olvidar, cuando le contó la historia de aquella francesa a la que tuvo que matar después de haber sido descubierta… Con tantas cosas que contar sobre su propia lucha, tanto en Francia como en España, no se creía que en su discurso fuese a contar las experiencias de otros. Ahora no puede sentir otra cosa que gratitud en nombre de todos los compañeros que él conoció y que no están allí para verlo. Fernando prosigue su discurso.

Muchos de nuestros camaradas no sabían que *morirían gritando “Vive la France!” casi todos con acento extranjero*… Sin embargo, todo empezó para muchos como un juego de niños; no fue mi caso, como he dicho, yo venía de perder una guerra. Quizá sí vi como un juego el principio de nuestra guerra, pero según pasaban los meses la cosa cambió, el sufrimiento, las muertes, el hambre, la miseria… Crecí de golpe; y eso les pasó a muchos chicos que empezaron en la Resistencia con la ilusión de luchar… Todos crecimos en una época muy difícil y tuvimos que hacerlo de golpe; así que muy posiblemente nos convertimos en adultos sin darnos cuenta.

*Tenemos la obligación de hablar de todos ellos, los que no pueden contarnos su experiencia… ¿Para qué? ¡Para resistir! Su historia es la que cuenta, no la nuestra… Uno de esos hombres, Urman, le dijo un día al resto de sus compañeros “Qué importan los nombres, somos pocos y en el fondo solo somos uno” * Y tenía razón; todos vivimos con miedo, en la clandestinidad, sin saber qué nos traería el día siguiente. *Hay que tener agallas para aceptar que el miedo sea dueño de todos tus días, de todas tus noches y, aun así, seguir viviendo, seguir actuando y creer que la primavera volverá. Morir por la libertad de otros es difícil cuando sólo tienes dieciséis años.* Hablando con un compañero sobre nuestra respectiva entrada en la Resistencia, siendo aún muy jóvenes, él tenía unos dieciocho años y yo no llegaba a los veinticinco… El caso es que nos pareció irónico que una de las cosas más duras fuese ponerse en contacto con la Resistencia y entrar a formar parte de ella… Cada uno tiene su propia historia sobre su entrada en la Resistencia y me gustaría poder contar todas y cada una de ellas, pero desgraciadamente no tengo tanto tiempo… En esta ocasión he querido contaros la experiencia de *Damira, una chica italiana que luchó como toda una mujer. Su padre y hermanos formaban parte de la Resistencia, pero ella debía ser una chica buena y dejar la guerra para los hombres… Al menos así lo veía su madre; una noche, una amiga suya se quedó en su casa y ella descubrió que no se quedaba a dormir… Ella había querido asistir a la reunión a la que su amiga sí iría, pero su padre le dijo que era demasiado joven; sin embargo, su amiga tenía la misma edad que ella… Esa noche lo dejó pasar, pero cuando su amiga regresó a la habitación le pidió que le presentase al comandante de la brigada; y descubrió que era nada más y nada menos que un compañero de su padre. Al día siguiente, cuando sus padres estaban ocupados, Damira fue a ver al comandante y consiguió convencerle de entrar a formar parte de la brigada. Como es lógico, al principio su padre no sabía nada, pero cuando lo descubrió no le gustó… Seguro que en aquel entonces Damira pensó que lo hacía por una discriminación pero… Para un padre tiene que ser muy duro enfrentarse al hecho de que su hija se va a jugar la vida en una guerra… Y así fue cómo Damira entró a formar parte de la Resistencia, y tiempo después su padre debió de pensar que así fue cómo él permitió que su hija acabase en el campo de concentración de Ravensbrück*. Aunque yo no la conocí, estoy seguro que todos los que la conocieron la recuerdan como una joven rebelde, inconformista y luchadora que no dudó en poner su vida en peligro si con ello conseguía luchar por la vida de los demás. Éramos tan jóvenes que a veces no pensábamos en nosotros mismos… Estoy recordando ahora a *Claude, que junto a su hermano se había unido a la Resistencia y no tenía más de diecisiete años; se ofreció para llevar a cabo una acción casi suicida… Tiene que entregar un paquete en un cuartel de los milicianos, dentro habrá una bomba con quince milímetros de mecha, el tiempo que él tendrá para alejarse de allí. Sabe que posiblemente no lo consiga, pero lo acepta y les dice a sus compañeros, entre los que se encuentra su hermano, “Esta noche no volveré. Pero esta noche los milicianos tampoco volverán a su casa. Así, montones de personas a las que no conocemos ganarán unos meses de vida, unos meses de esperanza, el tiempo que tarden en llegar otros perros a repoblar las tierras del odio. No volveré, no me importa, otros vivirán en mi lugar”* Afortunadamente, todo salió bien; Claude volvió aquella noche, y con su valentía siguió luchando para liberar Francia. Incluso pasaría una temporada en la cárcel de Saint-Michel, y soportaría meses de viaje en un tren en unas condiciones imposibles… Terminó en la cárcel porque en una acción en la que debía robar una oficina de correos que dirigía una sola mujer, prefirió no usar armas contra ella; le cogieron… Pero aquella noche volvió, y hoy está con nosotros para recordar a los que no volvieron alguna de aquellas noches.

Claude hace un gesto con la cabeza, es su forma de agradecer a aquel español la mención que ha tenido para él. Está de acuerdo con ese hombre en no considerarse héroe, pero que alguien reconozca lo que todos hicieron es un orgullo y más cuando no era más que un niño medio asustado medio decidido.

Ahora vienen a mi cabeza las palabras que *Charles, aquí presente, le dijo a su compañero Marc antes de que les capturasen respecto a unos documentos donde estaban explicadas todas sus acciones. Marc le preguntó si no era peligroso conservar aquello, la respuesta de Charles no se hizo esperar “Sí, pero si todos morimos, alguien debe saber algún día lo que hemos hecho. Puedo aceptar que me maten, pero no que me hagan desaparecer”* Es curioso, pero creo que ese pensamiento le hemos tenido todos… Y afortunadamente, aunque mataron a muchos compañeros de la Resistencia, ninguno ha desaparecido, siguen aquí gracias a nuestro recuerdo… Me gustaría poder decir lo mismo de todos mis compañeros españoles que han sido asesinados en mi país… A muchos los han hecho desaparecer, su familia no puede ni recordarlos, ni llorarlos, ni enorgullecerse de ellos… Sé que aquí estamos para homenajear a los que cayeron por la libertad de Francia; pero permitidme un pequeño recuerdo hacia los que cayeron en la lucha por la libertad de España… Tampoco fueron solo los españoles los que lucharon en mi país; durante un tiempo tuvimos ayuda de muchos extranjeros e incluso, después de la retirada oficial de las Brigadas Internacionales, alguno se quedó para seguir luchando por la libertad de un país que no era el suyo… El caso es que a todos los que lucharon en esa guerra los han hecho desaparecer; ojalá algún día en España haya un acto como este en el que se recuerden a las miles de personas asesinadas por querer vivir en libertad… Mientras tanto, me gustaría que sirviesen estos minutos para que todos ellos dejen de estar desaparecidos.

De repente, los miembros de la 35ª brigada lanzan vítores y lo que más sorprende y emociona a Fernando lanzan vivas a la II República española. Con un leve gesto de cabeza les agradece el gesto e intenta evitar emocionarse; aún le queda una parte de su discurso y no quiere echarlo a perder.

Hace un tiempo, conocí a un compañero; al principio él no sabía mucho de mí, solo nos unía la misión de preparar un atentado contra Franco, evidentemente, salió mal… Este compañero, Roberto; me preguntó un día tomando una copa si yo fui uno de los que entraron en París… Mi contestación fue simple “¿Que si lo fui compañero? Eso no se olvida…” Pues bien, dije algo muy cierto; a día de hoy tampoco he podido olvidar la liberación de París…


La gente se agolpaba en las aceras, las mujeres nos lanzaban ramos de rosas y los niños volvían a sonreír… Fue maravilloso; atravesar los Campos Elíseos con nuestros viejos tanques, después de tantas fatalidades, y tantos muertos… La verdad es que todo aquel esfuerzo mereció la pena… Roberto siguió preguntándome; sabía que me habían nombrado oficial después de la liberación y no entendía por qué lo deje… Otra vez, conteste de la forma más sincera que pude “Porque todo el mundo tiene que tener claro dónde está su sitio y para mí, la lucha por nuestros ideales no terminará hasta que acabemos con este trabajo…” Por desgracia nuestra misión no salió bien; pero pude conocer a mi amigo Roberto, él no pudo sobrevivir a la misión, pero al menos a él no le hicieron desaparecer porque siempre estará presente para mí.

Después de un emotivo silencio por parte de Fernando; reanuda su discurso, aunque ahora tiene a su lado a Andrea. Quiso subir al escenario para dar la fuerza necesaria a su padre; Alicia, junto a Joel, los mira desde su sitio en mitad de toda la multitud y se siente orgullosa de su marido y de su hija. Sancho se acerca para fotografiar mejor el momento; no ha dejado de sacar fotos, pero también ha estado pendiente a las palabras de Fernando, él tampoco ha podido evitar emocionarse.

Como he dicho, todo nuestro esfuerzo mereció la pena; conseguimos liberar París, pero en ocasiones pagamos un precio demasiado alto por ello… Estoy pensando en *Jeannot; en realidad no se llama así, pero fue su nombre en la Resistencia… Me contó algo que no he podido quitarme de la cabeza; él y su hermano pequeño sobrevivieron, pudieron celebrar la liberación, pero sus padres no… Se despidió de su padre en una cafetería sin saber que diez años después reconocería, en un montón de pares de gafas de cinco metros de altura en el museo de Auschwitz, la montura que su padre se quitó el día de su despedida*… No puedo imaginarme lo que puede sentir un hijo ante esa situación… Ahora permitidme que sí os cuente algo personal; todos hemos perdido a alguien pero no sabemos cómo afectó a los demás esa pérdida… Me gustaría dedicar la última parte de mi intervención a recordar a una mujer valiente, luchadora… Se llamaba Belle; su hermano formaba parte de la Resistencia y él me la presentó. Cuando nos conocimos nos enamoramos así que ella también entró a formar parte… Unos días antes de que participara en su última misión hablamos del tiempo que llevaba yo luchando en primera línea… Eché la vista atrás y recordé mi primera guerra, la de España, la que perdimos; pero también recordé Francia, mi segunda patria… Y, como ella misma dijo, era cierto que para ser mi segunda patria nos había acogido en campos de concentración y que, sin embargo, yo estaba luchando por la libertad de Francia… Recuerdo muy bien mi respuesta… “No, Belle, luchando por la libertad. La libertad no tiene fronteras…”


Sigo pensándolo, la libertad no tiene fronteras; por eso miles de brigadistas se jugaron la vida por la libertad de España en el 36; y por eso miles de extranjeros nos jugamos la vida por la libertad de París más tarde… Recuerdo que cuando Belle se tambaleaba era yo el que le daba razones para que se levantase nuevamente; y que cuando era yo el que se tambaleaba, ella hacía lo mismo conmigo… Poco antes de la última misión, Belle tuvo dudas y yo le dije… “Pero ésta es la única manera que tenemos de hacer que nuestro futuro valga la pena…”


Justo antes de comenzar la que sería la última misión de Belle, yo tuve dudas, quise que no se arriesgase, que lo dejásemos todo… Esta vez, fue ella la que me dijo las palabras que eran el motor de nuestra vida, de nuestra resistencia “¿Te crees que no me ha costado hacer todo lo que he tenido que hacer para llegar hasta aquí? Pero si no cumplimos, la muerte de nuestros compañeros habrá sido en vano. Y todo en lo que creemos, lo que somos, lo que nos une; se pudrirá. Y ni tú ni yo podremos volver a mirarnos a la cara”.


Sus palabras me convencieron, aunque dentro de mí seguía pensando que debimos olvidarnos de aquella misión… No voy a daros detalles, tardaría mucho; solo os diré que descubrieron a Belle y que ella me había pedido que si eso pasaba no permitiese que la cogiesen con vida para torturarla… Aún hoy me pregunto si puede haber intentado una salida para los dos, me castigo pensando que quizá ella pudiese seguir viva si yo hubiese tenido en cuenta otra posibilidad… Pero la realidad es que no quería que la mujer de la que estaba enamorado sufriese las torturas de un nazi contra el que ella misma había atentado en el pasado… Aquel nazi era un resentido y si la cogía, Belle sufriría muchísimo…


Perder a Belle fue el mayor precio que podía pagar por luchar por la libertad de Francia… Por ella estoy hoy aquí, para recordarla; como dijo Charles, podemos aceptar que nos maten, pero no que nos hagan desaparecer.


Fernando termina su discurso y deja que las lágrimas caigan de sus ojos, esta vez no le importaba. El recuerdo de Belle era más importante que cualquier apariencia. Andrea abraza a su padre y ambos bajan del escenario apoyados el uno en el otro. Alicia se une a ellos en un abrazo interminable.

Unos minutos más tarde, los hermanos Levy se acercan a Fernando para invitarle a él y su familia a la comida que habían preparado los miembros de la 35ª Brigada. Aceptan la invitación de buen grado no sin antes despedirse de Antonio y Liberto. La comida es entrañable, todos tienen anécdotas que contar y Fernando, Alicia, Andrea, Joel y Sancho no pierden detalle de todas las conversaciones.


De vuelta a casa y después de tantas emociones; a Fernando le gusta sentir el apoyo de las dos mujeres que más quiere.


__________________________________________________

*Todos los hechos, personas y frases descritos en el discurso de Fernando que no son de la serie, son reales, y se pueden leer en el libro “Los hijos de la libertad” de Marc Levy, en el que cuenta la historia de su padre y su tío. Lo único que he modificado, ha sido la fecha del homenaje a la 35ªBrigada; el homenaje no se les hizo en la fecha de aniversario de la liberación, fue en septiembre de 1974 y lo único que se hizo en se homenaje fue leer el discurso de Charles Hernu y ponerles una medalla como reconocimiento por su lucha.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:05-10-2012, 09:43 (UTC)
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Gracias Christy!!! Siempre viene bien saber que sigue pareciendo el mismo Fer Y anima mucho saber que hay más gente que lo lee Un saludo!!!

Comentado por Christy, 02-10-2012, 12:53 (UTC):
Llevo leyendo esta historia desde el principio pero hasta ahora no me animo a participar. Este capitulo en especial me ha parecido muy emotivo y sentido, Fernando representa muy bien la lucha de todos esos hombres y a la vez prefiere dar protagonismo a otros, concuerda mucho con el Fernando que crearon los guionistas de la serie. Un saludo y gracias por continuar.



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