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Capítulo XLIII

Capítulo XLIII

 

Principios de julio de 1974

 

Había pasado más de un mes desde que Fernando se sinceró con Sancho sobre su identidad. Desde entonces mantenían el contacto diario, o se veían o se llamaban. Se notaba que estaban creando una verdadera relación de primos, a alguno de esos encuentros de había unido Alicia y también había congeniado con Sancho. Sancho seguía de cerca, tanto como Fernando, los avances en la investigación del destino de su tío. Aunque no había muchas novedades, Montes había seguido un par de rastros que al final no tenían nada que ver. Alicia seguía siendo la encargada de ese asunto y Fernando no dejaba de agradecérselo día a día aunque sabía que no hacía falta. En ese momento se encontraban los tres en el tren dirección a Madrid aunque ninguno de ellos sabía el destino exacto. Aquellas vacaciones las había preparado Andrea, Sancho se había unido en el último momento aprovechando unos días libres; Fernando y Alicia se quedarían todo el mes con Andrea pero Sancho solo una semana. Andrea había insistido mucho en querer conocer a Sancho desde que supo que su padre le había contado la verdad; y se le ocurrió invitarle a las vacaciones que le había preparado a su padre en su pueblo paterno. Eso se lo diría cuando llegasen a Madrid, se había negado a desvelar sus planes antes de tiempo.

Andrea acababa de terminar el curso hacía un par de semanas; las notas habían sido espléndidas y no quería pensar en más exámenes por una temporada. Dos semanas después de que su artículo sobre La Revolución de los claveles se publicase, el embajador de Portugal en Moscú, Mário Neves, le había escrito una carta alabando su artículo. Quería tener la oportunidad de hablar con ella pero no sabría cuando podría viajar a España. Desde que recibió aquella carta que tanta ilusión le hizo, había intentado averiguar cosas sobre este diplomático portugués. Se quedó de piedra cuando descubrió que hizo sus primeras crónicas sobre la guerra civil de España, en ese momento lamentó que su viaje a España no tuviese fecha todavía porque le interesaba mucho conocerle. Un compañero le había pasado algunas crónicas de Mário y se las llevaría para poder leerlas tranquilamente en sus vacaciones en Cantabria. Le hubiese gustado que Joel les hubiese acompañado la primera vez que visitaba la tierra de su padre, pero él tenía que trabajar; aunque sí había conseguido unos días libres para viajar a Francia para la celebración del 30 aniversario de la liberación de París. Su relación seguía avanzando, Andrea ya conocía a sus padres y solía ir a comer algún domingo a su casa. En cuanto al grupo clandestino, había participado muy poco a causa de los exámenes, aunque no lo había dejado completamente y había asistido a alguna manifestación que siempre acababa igual, con los grises dando golpes. Seguía escribiendo un artículo semanal para “Libération”, y en el trabajo ya la consideraban una más.

Estaba llegando a la estación, en menos de diez minutos debía llegar el tren en el que viajaban sus padres y Sancho; tenía muchas ganas de conocer a Sancho, pero además de ver a sus padres, desde que la detuvieron no les había vuelto a ver y ya habían pasado unos meses. Vio venir un tren a lo lejos y se acercó al andén, estaba tan impaciente que no podía dejar de dar un paso adelante y al notar que estaba demasiado cerca de la vía dar uno atrás para evitar el peligro, repitió varias veces esa sucesión de pasos. En cuanto el tren frenó, ella empezó a mirar hacia todas las puertas de los vagones; no dejó de mirar a un lado y a otro hasta que vio asomar a su padre, corrió hacia él.

-Papá, ¡qué ganas tenía de veros!

Le había abrazado incluso antes de que bajase el último escalón.

-Andrea, nosotros también teníamos ganas de verte… Pero hija… -soltó una carcajada y le dio un beso rápido en la mejilla- ¡déjame bajar que estamos formando cola!

Andrea se apartó de la puerta y vio bajar a su madre, a la que también corrió a abrazar y saludar; detrás de ella vio a un hombre alto, apuesto y que compartía rasgos con su padre. No le dio tiempo a fijarse más porque empezó a salir gente del vagón; dieron unos pasos para alejarse del barullo y Fernando hizo las presentaciones.

-Andrea, él es Sancho, mi primo pequeño…

-Sancho, esta mujercita que tienes enfrente es mi hija, Andrea… Y bueno, he dicho mujercita pero en realidad es toda una mujer valiente y luchadora…

-Papá, calla… Qué vas a hacer que me ponga roja… Sancho, tenía muchas ganas de conocerte –le dio dos besos que le pillaron desprevenido- me alegro que hayas podido venir.

-Lo mismo digo, además de valiente y luchadora eres muy guapa… Tus padres se quedaron cortos.

-Gracias… Bueno, supongo que tendréis curiosidad por nuestro destino… No voy a alargar más la espera, primero iremos en tren a Santander –Fernando abrió los ojos de par en par, no esperaba aquello- y después cogeremos un autobús hasta Ruiloba…

-Hija… ¡Eres increíble! –la abrazó contra su regazo- hace tantos años que no piso el pueblo de mi padre…

También Sancho estaba sorprendido, aunque él solo había estado una vez allí y apenas recordaba nada; le hacía mucha ilusión ir al pueblo de su padre, ese padre que la guerra le había arrebatado.

-Yo no recuerdo nada de ese pueblo, pero me encantará conocerlo junto a vosotros…

Alicia les contemplaba feliz, estaba orgullosa de haber sido responsable en parte de aquellas vacaciones en las que Fernando y Sancho pasearían por el pueblo de sus padres, y a la vez estaba muy orgullosa de que su hija hubiese tomado esa decisión. Fernando no podía creer la suerte que había tenido con las dos mujeres más importantes de su vida; Alicia, la mujer a la que amaba, se había encargado de buscar a su primo, de recuperar parte de su pasado, y Andrea, su hija a la que adoraba, se había encargado de hacerle regresar al pueblo de su padre, un pueblo lleno de recuerdos. Sabía que aquel mes de julio sería muy especial y todo gracias a ellas dos; estaba deseando llegar para poder enseñarles a los tres lugares que él recordaba con cariño y nostalgia.

Tuvieron que darse prisa porque el tren hacia Santander saldría en unos minutos, Sancho y Andrea se adelantaron y empezaron a contarse cosas para conocerse mejor. Unos pasos más atrás iban Fernando y Alicia, no quitaban ojo de encima a Andrea y Sancho.

-Sois lo mejor que me ha pasado y gracias a vosotras estoy recuperando parte de mi vida… No puedo sorprenderme de lo maravillosa que es nuestra hija porque tiene a quien salir…

-Fernando, también es tu hija y parte de lo que es te lo debe a ti… Yo sí que he tenido suerte al teneros…

Al poco tiempo llegaron al tren, Andrea había cogido cuatro asientos, dos delante y dos detrás y sin dejar a nadie opinar, ella se sentó en la ventanilla del de detrás y ofreció a Sancho el que estaba a su lado. Quería empezar a conocerle cuanto antes y no pensaba desperdiciar aquellas horas de tren.

-Y bueno… Cuéntame cómo es que llegaste a la Plaza de los Frutos.

-Fue de casualidad, yo estaba trabajando para un periodista americano, pasamos por allí y vi a una chica muy guapa, enseguida me llamó la atención y… La fui conociendo.

-Sí, Manolita nos contó que estabas enamorado de una chica que vivía en la Plaza Santo Tomé, ¿sabes? –Andrea le trataba con mucha confianza y a él  no parecía molestarle- Ahí vivió mi madre con sus tíos…

-Sí, algo me han contado sobre esa época…

-¿Y qué pasó con esa chica?

-Pues… Estuvimos juntos un tiempo pero al final… Su padre era falangista, me ayudó cuando me detuvieron pero con la condición de que para seguir con ella dejase cualquier actividad política… Yo acepté y lo intenté de verdad, la quería muchísimo; pero sabía que no podría mantenerme alejado de la lucha política eternamente… Llegó un momento en que para ayudar a un compañero fotógrafo tuve que posicionarme y, aunque me iba a doler perder a Almudena, no podía hacer otra cosa que ayudar a mi compañero… En esa ocasión no tuve mala suerte, le ayudé y ni se enteró nadie ni me detuvieron. Pero claro, tarde o temprano tenía que pasar así que unos meses más tarde me detuvieron, su padre se enteró y me prohibió volver a verla. Ella quiso seguir junto a mí, pero en el fondo no podía romper definitivamente con su padre y con su hermano para seguirme a donde yo fuese, eran lo único que tenía… Fui yo quien la dijo que se quedase, nunca me habría perdonado a mí mismo alejarla de su familia; si hubiese venido conmigo su padre nos hubiese puesto las cosas muy difíciles y nunca la habría perdonado… No sé qué habrá sido de ella, muchas veces me he arrepentido de no haberla dejado seguirme; nunca de haber vuelto a la lucha, eso nunca…

-Te parecerá una tontería, pero… -bajó la voz para que sus padres no la oyesen- En cierta manera es muy parecido a lo que les pasó a mis padres; mi padre no la permitió subir con él al camión en el que huía de España… Bueno, ya te lo habrán contado, –Sancho asintió- no te creas que os critico, yo no sé qué hubiese hecho en vuestra situación, pero siempre he pesando que mi padre debió dejar tomar la decisión a mi madre y… Lo mismo pienso de ti y de esa chica…

-Puede que no te falte razón, pero a veces… Es difícil aceptar que una persona renuncie a todo por ti…

Fernando no dejaba de mirar de reojo hacia atrás cada vez que se giraba para decirle algo a Alicia que ocupaba el asiento de la ventanilla. Aunque notó el cambio del tono de voz de su hija, pudo escuchar esa conversación; él también había pensado en su propia historia cuando Sancho le dijo cómo terminó su relación con Almudena. Entendía muy bien el razonamiento de Sancho, pero en el fondo sabía que Andrea tenía razón en cierta forma… Nunca fue lo mejor decidir por Alicia, en realidad todas las personas que rodearon a Alicia en los meses posteriores al fallido atentado decidieron por ella… En la plaza todos vieron bien esa boda, Álvaro hizo todo lo posible para hacerle sentir culpable, él no la dejó subir al camión… En el fondo todos habían intentado cuidar a una “pobre niña”, un comportamiento machista que odiaba mucho pero que tratándose de la seguridad de Alicia le dio igual aplicar. Y en realidad, sabía que para Alicia hubiera sido muy duro exiliarse en aquel momento, ella debía seguir con el plan que tenía antes de conocerle, no debía permitir que sus circunstancias entorpecieran el destino de Alicia. Con estos pensamientos se fue quedando dormido en el regazo de Alicia, que le contemplaba llena de ilusión; estaban camino de una tierra a la que Fernando no había vuelto hacía mucho tiempo y todo se lo debían a su hija.

Andrea siguió con el “interrogatorio” a Sancho aunque él de vez en cuando también le preguntaba cosas y se interesaba por su vida en Madrid. El trayecto hasta Santander se les hizo muy corto entre tanta charla y tanta confidencia.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:26-07-2012, 19:21 (UTC)
relatosnoa
relatosnoa
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Gracias No me gustó ese final que le dieron a Sancho, que quisiese estar con Almudena sí, pero que para ello renunciase a lo que era y encima entrase a trabajar con Andrés... Por eso quise hacerlo un poco más real. En cuanto a Fer, se merece rencontrarse con alguien de su familia, después de que la guerra le arrebatase todo... A partir de ahora vendrán algunos capítulos nostálgicos

Comentado por rodas, 26-07-2012, 09:02 (UTC):
me gusta las vaciones que van a tener y era de esperar, que si Sancho seguía en la lucha Andrés le parara los pies. Este capítulo es uno de los que más me han gustado...no podría ser de otra forma ya que yo me empeñé desde el principio a que Fernando/Carlos tuviera un primo y se encontraran. Gracias!!



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