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Capítulo XVI

Capítulo XVI

 

Alicia acababa de salir de los juzgados; su hija la había dejado allí a media tarde para ir a El Asturiano y ayudar a preparar todo para la cena. Le hacía mucha ilusión que por fin su hija viviese una nochebuena en España, entre viejos amigos. Había intentado acabar cuanto antes; pero eran cerca de las nueve de la noche y aún le quedaba un rato para llegar al bar. Caminaba deprisa intentando con su paso alejar el viento frío que se empeñaba en traspasar el abrigo que llevaba; encendió un cigarrillo. Aunque su paso era ligero, desde lejos pudo ver que la mujer que se acercaba en dirección contraria le resultaba familiar; estaba ya a un par de calles de El Asturiano. Cuando fue consciente de quién era esa mujer ya estaban la una frente a la otra; sin saber muy bien cómo reaccionar, su primer impulso fue abrazarla.


 

 

Hacía tanto tiempo que no veía a Mati que le parecía increíble haberla reconocido; a ella le pasaba igual. Cuando pudo recuperar el habla, Alicia llevó la iniciativa en aquel encuentro que de casual tenía muy poco…

-¡Mati! ¡Qué sorpresa! No esperaba verte por aquí… Vives lejos de aquí ¿no? Que estas ¿de compras?

-No, no estoy de compras y yo sí que esperaba verte a ti…

A pesar de no haber entendido ni una sola palabra; Alicia estaba tan feliz que siguió besándola y abrazándola.


-Prima, si no me dejas no podré explicarte nada…

Antes de llegar a El Asturiano; Matilde le contó a su prima que aquella mañana había recibido una visita que le había conmocionado. Antes de que Mati dijese nada, Alicia comprendió que quien le había visitado había sido Fernando. En ese momento, su prima se lo confirmó; Fernando había ido a su casa y le había explicado que había sobrevivido al fusilamiento, que ahora estaban los tres en Madrid después de lo del atentado de Carrero, que iban a cenar en El Asturiano con Marce y Luisa, que estaba seguro que a su mujer le haría mucha ilusión cenar también con ella… Alicia comprendió que Fernando había decidido correr el riesgo de que alguien más supiese que seguía vivo solo para que ella pudiese cenar con alguien de su familia. Con lágrimas de felicidad asomando a sus ojos, cogió del brazo a su prima y se dirigieron juntas a El Asturiano donde ya estaban los demás, incluido Diego, el marido de Mati.

Al entrar en el bar, lo primero que hizo Alicia fue abrazar a Fernando y decirle muy bajito al oído “gracias”. Él no contestó, simplemente la besó dulcemente. Cuando se separaron, Mati hizo las presentaciones; a Alicia le pareció muy guapo y muy simpático el marido de su prima.

-Bueno, a ver que aquí tendremos que cenar, vamos digo yo… Sentaos donde queráis, estáis en vuestra casa. Ustedes también -lo dijo mirando a Mati y a su marido; Marce no tenía confianza con ellos y no sabía muy bien cómo tratarlos- como si fuese su casa.

-Marce ¿qué es eso de tratarnos de usted? O nos tuteas o ahora mismo nos vamos.

Todos los presenten comenzaron a reír y a partir de aquel momento las risas no dejaron de oírse en el bar. Fernando había podido encontrar un lugar seguro para los chicos que Marce tenía escondidos en el sótano; sino, seguramente Mati y su marido no hubiesen podido estar allí. Pero esa noche, ninguno pensó en preocupaciones; disfrutaron de la cena, bebieron, rieron, se lo pasaron en grande.

Aunque los amigos de Andrea seguían detenidos y al día siguiente se sentiría mal por haber disfrutado de la noche sin pensar en ellos; ella fue la que mejor se lo pasó. Nunca había podido cenar en familia; en familia de verdad… Sí, en París tenían amigos con los que se reunían; muy buenos amigos, casi familia. Pero no era lo mismo; aquella noche no se podía comparar a ninguna otra y a ella eso la hacía feliz. Por primera vez sintió que Madrid era su hogar; el lugar en el que debía estar. Más allá de la lucha, de conocer el pasado de sus padres; más allá de todo eso por fin sentía como propio el país en el que vivía desde hacía unos meses. Le gustó comer productos típicos de las navidades españolas; nunca había probado los polvorones y tampoco las torrijas. Sí, se sentía  a gusto en aquel país, su país. Andrea se guardó esos sentimientos nuevos, prefirió disfrutar de esa certeza a solas; no sería hasta el día siguiente cuando se lo contase a sus padres.

Aquella noche se les hizo muy corta; Andrea volvió a escuchar algunas de las historias que se sabía de memoria pero contadas por otras personas. Marce y Mati no dejaban de recordar momentos vividos junto a ellos; además, Fernando y Alicia les contaban a sus amigos algunas historias sobre París. Cerca de las cinco de la mañana, agotados de tantas conversaciones y risas; dieron por finalizada la cena de nochebuena.

Alicia estaba exultante; nunca pudo imaginar volver a pasar una nochebuena con su prima; y sabía que se lo debía a Fernando. No quisieron coger un taxi para llegar a su casa; la noche era fría pero no llovía, ninguno podía disimular la alegría que sentían en aquel momento. Andrea iba algunos pasos por detrás de sus padres; no dejaba de observarles: cogidos de la mano, caminando muy juntos y sin dejar de estar pendientes el uno del otro. Fue el broche perfecto para aquella noche, mirando detenidamente a sus padres se acordó de algo que se había olvidado desde que llegó a París. Sin saber por qué, recordó la carta que Pedro Iniesta le había dado para su madre; sabía que debía dársela cuanto antes pero no quería estropear la felicidad de aquel momento. Su madre se seguía sintiendo muy culpable por lo que había sido de Álvaro después de despedirse de él; no quería que en ese momento lo volviese a sentir. Decidió darle la carta a su madre al día siguiente por la tarde, después de la comida en casa de Mati.

Al entrar en casa, Andrea les dejó solos; quería dormir un rato, eran más de las cinco y media y tenía mucho sueño. Al quedarse solos, Alicia no podía dejar pasar el tema de su prima.

-Fernando, de verdad; muchas gracias… -le miraba fijamente- Necesitaba esta cena, necesitaba poder ver de nuevo a mi prima.

-Alicia, no tienes por qué darlas; es tu familia, la única que te queda y no es justo que no puedas pasar unas navidades con ella.

Se acercó a besarle.

-No son justas tantas cosas… Una de esas cosas es que tú no tengas familia con la que pasar las navidades…

-¡Oye! ¿Como que no tengo familia? Claro, como en Francia existe el divorcio, ya te quieres separar de mí… -no quería hablar en serio del pasado- Pues déjame que te diga que yo, contigo y con Andrea, tengo familia suficiente; no necesito nada más.

Ahora fue él quien la besó. Durante aquellos años, Fernando le había contado poco a poco cosas de su familia; lo que le había pasado a su padre Alicia ya lo sabía porque se lo había contando en los momentos en que deliraba cuando estuvo herido tras el atentado contra Franco. Fernando le había explicado que su madre murió al finalizar la guerra, él acababa de admitir que habían perdido y que debían pasar a Francia clandestinamente. Cuando llegó a buscarla a su casa para pasar juntos la frontera, una vecina le contó que unos días antes habían venido unos falangistas y la habían detenido, también le contó que en el camión donde la llevaban había muchas más mujeres. El rumor que corría por el barrio era que al no poder capturar a los hijos y maridos que habían luchado en el frente y que estaban desaparecidos, habían tomado represalias contra cualquier familiar, una madre, una hermana, un hermano, incluso niños pequeños…

Además de la historia de su madre, en alguna ocasión Fernando le había contado que tuvo dos tíos y una tía por parte de su padre y que su madre era hija única. La familia de su padre era del norte, aunque su padre en cuanto tuvo edad de trabajar se fue a Madrid a ganarse la vida. Sabía que uno de sus tíos murió días antes de la caída de la ciudad de Santander, en el verano de 1937; tenía mujer y un hijo pero nunca supo qué fue de ellos. De su otro tío no sabía absolutamente nada, le había perdido la pista después de la caída de Santander aunque sí supo que él pudo huir; no tenía ni mujer ni hijos. A Alicia le había costado mucho que Fernando le contara si sabía algo o no de su tía; suponía que era uno de los recuerdos más dolorosos para Fernando. Al final, un día de confidencias se había sincerado con ella. Su tía sobrevivió a la caída de Santander, poco a poco se recorrió media España mientras las ciudades iban cayendo, siempre le tocaba volver a huir. A finales del 38 llegó a Madrid junto a su hija de ocho años; fue la última vez que las vio. Fernando fue quien consiguió que cada vez que caía una zona en la que estaban su tía y su prima, alguien las ayudase a huir hacia zona aún republicana. Pasaron varios días en su casa, junto con su madre hasta que su tía encontró a su marido y se fue donde él vivía cuando tenía días libres en el frente. Después de eso, Fernando nunca volvió a verlas; varias semanas antes de la navidad de ese año, un compañero le fue a informar de su muerte. Nadie pudo decirle por qué, ni cómo, ni dónde fue; solo que los tres estaban muertos.

Fernando le había contado muchas veces a Alicia que cuando volvía al pueblo de su padre en las vacaciones, era en casa de su tía donde se quedaba. Había visto nacer a su prima en el verano de 1930, era su primita; una especie de hermana pequeña que estando en Madrid el resto del año echaba muchísimo de menos. El día que se fueron de su casa, Fernando las acompañó hasta su nuevo hogar; la niña se empeñó en ir en sus brazos, no  quería andar, solo quería que su primo, al que hacía tres veranos que no veía, la llevase en brazos. Al despedirse de ellas no se imaginó que sería la última vez; a su tía la dio un abrazo y a la niña la hizo cosquillas mientras la besaba el pelo. Ese era el último recuerdo que Fernando tenía de ellas.

Todo esto lo sabía Alicia después de muchos intentos por conocer algo de la familia de Fernando; sabía que no era desconfianza sino dolor. Llevaba varios años pensando en algo pero nunca se atrevió a proponérselo en serio. Creía que ahora había llegado el momento.

-Fernando… Sé que es muy duro para ti hablar de eso y que posiblemente hoy no sea el día más adecuado… O no, precisamente hoy es el día adecuado; un día familiar, hogareño… Te haría bien hablar de ello… Me gustaría saber cómo se llamaban tus tíos por ejemplo. Nunca me lo has dicho…

-No, es cierto… Nunca te lo he dicho… Alicia, si digo sus nombres… Serán más reales de lo que ya son; serán reales para ti y su pérdida también lo será. No, no quiero eso…

-Por favor Fernando… Sé que lo que tú has hecho con Mati yo nunca podré hacerlo; pero me gustaría al menos que compartas conmigo a tu familia…

Después de unos segundos de resistencia, Fernando se decidió a hablar.

-Bueno, ya sabes que mis padres se llamaban Alejandro y Lucía… Mis tíos eran Manuel y Francisco; Francisco es del que no sé nada… La mujer de Manuel era muy guapa; bueno o es… Se llama Remedios Romero y el niño que tuvieron era Sancho, yo solo le vi una vez... Nació en 1930, pero como vivían en el sur solo le vi un verano… Y mi tía… Se llamaba Lucía y era guapísima; y mi prima… Mi prima era Isabel; ¿sabes? Me dejaron a mí escoger el nombre… Mi tía quería llamarla Concepción como mi abuela…

Alicia tenía suficiente; se grabó en su memoria los nombres de Remedios Romero, Sancho Rosales Romero y Francisco Rosales. Eran los únicos de los que no se sabía si habían muerto o no; a su vuelta a París lo comentaría con un compañero del despacho y le pediría que investigara esos nombres.

 

Aquella noche Fernando durmió como un niño, hacía muchos años que no dormía con aquella placidez. En cambio Alicia seguía pensando en la familia que le arrebataron a Fernando. En la habitación contigua, Andrea trataba de ordenar sus pensamientos y saber qué era lo que le había pasado con respecto a España aquella noche.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:19-06-2011, 12:31 (UTC)
relatosnoa
relatosnoa
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Gracias La Propia!! Todavía quedan algunos momentos de las primas juntas

Comentado por La PROPIA, 19-06-2011, 12:06 (UTC):
Qué lindo encuentro el de Mati y Alicia! Me gustó mucho como lo planteaste. Me alegra mucho que Mati haya superado el horror de su pasado y esté al lado de un buen hombre que la ama y valoriza.Ya sabes, quedo con hambre de más relatos estupendos. Sigue mi escritora favorita y excelente!



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