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Capítulo XXVIII

Capítulo XXVIII

 

París, principios de febrero de 1974


Alicia estaba esperando a Fernando en casa, o llegaba ya o llegarían tarde a la comida con Alberto; ella estaba lista, solo le quedaba por repasar uno de los informes que Enrique Montes le había enviado sobre la familia de Fernando. Desde el principio le dejó claro que había pocas posibilidades de encontrar a las personas que buscaba, y que en caso de que lo hiciesen, llevaría su tiempo. De momento no había nada nuevo, pero quería prestar atención a cualquier mínimo detalle; además, solo podía aprovechar los momentos a solas para ponerse con los informes, no quería que en cualquier descuido Fernando pudiese leer algo. Llegó al final del primer informe que recibía del contacto que Alberto le había facilitado; era sobre Francisco Rosales, el tío de Fernando.

“Su rastro se pierde el verano de 1938 en Valencia; me atrevería a suponer que su rastro se pierde porque consiguió un medio de salir de España, aunque no es seguro que pasase esto. A partir de ahora, será aún más difícil poder averiguar algo, pero no imposible; además, también empezaré a investigar el destino de las otras dos personas que me encargó. En su próxima visita a Madrid podremos hablar largo y tendido; aunque me gustaría saber la fecha con algo de antelación para planificar el tiempo con el que cuento antes de informarla personalmente.

Un saludo”

Miró el reloj y al ver que ya era la una y media decidió dejar la respuesta que le enviaría para otro momento, cerró el cajón con llave y fue al salón. Poco después llegó Fernando disculpándose por el retraso.

-Perdona Alicia, -se acercó a besarla- pero es que Antonio y yo estábamos con lo del homenaje y ni nos hemos enterado de la hora… ¿Estás lista?

-Sí, vamos.

Llegaron al restaurante y Alberto ya estaba sentado en una mesa apartada; se habían retrasado más de veinte minutos.

Hombre! Pensé que me habíais abandonado –soltó una carcajada y se levantó para abrazar a sus amigos- ¿Cómo os va?

-Bien, aunque algo agobiado con lo del homenaje… Y muy intrigado con Alicia, a ver si entre los dos podemos sacarle algo de lo que está tramando.

Alberto le sonrió mientras dirigía una mirada cómplice a Alicia, por suerte, Fernando estaba sentándose así que no se dio cuenta de nada.

-No le hagas caso… Ya le conoces, no soporta no conocer todos los detalles… Bueno, cuéntanos qué tal por Barcelona; apenas te dejas ver…

-Sí, la verdad es que he estado muy ocupado… Las cosas están muy revueltas desde que en septiembre mataron a un policía…

-Pero no fue premeditado ¿no?

-No, claro; pero ya sabéis… Han aprovechado la ocasión para la falsa publicidad…

Llegó el camarero y cuando tomó nota de lo que querían les dejó solos, con lo que reanudaron la conversación.

-Ahora mismo estoy intentando reorganizar el Movimiento Ibérico de Liberación, pero después de las detenciones de Salvador Puig, Oriol Solé y José Luis Pons no está siendo nada fácil y tampoco me resulta fácil que confíen en alguien del Patido… Por eso mismo estoy aquí, muchos de los antiguos miembros pasaron la frontera así que quiero tener una reunión con ellos…

-No creo que te sea fácil… -Fernando había mantenido contacto con algún miembro en los últimos meses- tienen claro que no podían seguir… Entre ellos tenían puntos de vista muy distintos…

-Sí, sé que será difícil; pero bueno, por lo menos seguimos con las publicaciones de las “Ediciones de Mayo 37”… Además, el MIL está siendo muy importante a la hora de organizar huelgas.

-Alberto… Pronto se cumplirá la condena ¿verdad?

-Sí, Alicia… A principios de marzo… Ahora mismo es casi lo único en lo que pensamos… Aunque seguramente no conseguiremos nada…

-Me imagino… -Alicia no dejaba de recordar lo que pasó ella y lo que pasó el propio Fernando en febrero de 1951- Desde París también hemos trabajado en ello, pero la verdad es que está muy difícil…



Les trajeron la comida y dejaron el tema para hablar de cosas personales, de anécdotas; pasaron un rato agradable mientras daban buena cuenta de los exquisitos platos que habían elegido. Alargaron la sobremesa demasiado tiempo contándose mil historias; cuando se dieron cuenta de la hora, a los tres les entraron las prisas por volver a sus obligaciones. Antes de despedirse, Alicia pudo quedarse a solas con Alberto mientras Fernando iba a hacer una llamada a Antonio.

-Hoy he recibido el informe de Montes…

-¿Ha habido suerte?

-Ha podido seguir la pista del tío de Fernando hasta el verano del 38; a partir de ahí cree que pudo salir del España pero no está seguro… Además, va a empezar a investigar a su tía y su primo; quiere que vuelva a Madrid para poder hablar tranquilamente.

-¿Y cuándo irás? Seguramente yo me quede un mes en Madrid, por lo de la condena…

-Ya… Pues pretendía dejarlo para el mes que viene, pero creo que sería bueno que fuese a finales de este mes.

-Entonces yo estaré en Madrid… Cuando tengas fecha llámame.

Fernando regresó y se despidieron prometiéndose seguir en contacto; Alicia quiso contarle cuanto antes que pensaba regresar a Madrid pronto y decidió hacerlo en el camino de vuelta a casa.

-Fernando… Tengo que contarte algo…

-Ya empezamos… -le cogió de la mano- Te temo cuando empiezas así…

-Lo siento… Pero… Tengo que volver a Madrid este mes, seguramente a finales y así puedo aprovechar la visita para ayudar con las movilizaciones para conmutar la pena de Salvador Puig Antich…

-Desde que lo hablamos en la comida me imaginé que querrías estar allí… No te preocupes –dijo abrazándola- lo entiendo. Lo que no entiendo que es sigas sin contarme qué es eso tan importante que te hace volver a España cada poco tiempo…

-Ya lo entenderás…

Antes de que Fernando pudiese replicar, Alicia dio la conversación por terminada reanudando el camino a casa. Fernando solo la acompañó hasta la puerta porque tenía una reunión con uno de los dirigentes del Partido en España. Al entrar en casa, Alicia se puso cómoda en el sofá y empezó a escribir la respuesta a Enrique Montes.

 

“Estimado Enrique

Gracias por el informe tan detallado, la verdad es que cuando empecé con esta locura no esperaba que pudiese tener resultados tan pronto. Ya, ya sé que aún no sabemos nada, pero lo poco que has descubierto ya es algo, algo que antes de empezar no sabíamos. Sé que puedo confiar en ti, y espero que no te tomes esto como una falta de confianza… A finales de este mismo mes pretendo viajar a Madrid para poder tratar el tema cara a cara; además, quiero ayudarte en lo que pueda. De verdad, muchas gracias por todo lo que estás haciendo. Te confirmaré el día exacto de mi viaje en cuanto lo tenga decidido.

Un saludo y hasta pronto compañero”

 

Antes de cerrar el sobre, repasó la nota que le iba a enviar y aunque le hubiese gustado escribirla con algo más de seriedad, puesto que él la había tratado de usted, supo que no sería ella misma si no le trataba con cercanía. Después de todo, Enrique era quien había empezado a hilar la historia de la familia de Fernando.

Por la tarde ella también tenía trabajo en el despacho así que una vez envió la carta, se dirigió al despacho para seguir con sus obligaciones.

 

 

Mientras sus padres trabajaban en París, Andrea lo hacía en Madrid; tenía que traducir un artículo publicado ese mismo día para poder enviarlo a la prensa francesa. El artículo era sobre la obra “La Fundación” y cuando esa mañana le leyó, se acordó de la corazonada que tuvo sobre las críticas que recibiría la obra.

 

“<<La Fundación>>, de Buero Vallejo

Teatro: Fígaro. Reparto: Francisco Valladares, José Albiach, Victoria Rodríguez, Pablo Sanz, Enrique Arredondo, Jesús Puente, Ernesto Aura, Luis García Ortega, Avelino Cánovas, José Solanes, Máximo Ruiz. Espacio escénico: Vicente Vela. Dirección: José Osuna.

Traducción por Andrea Solís

No acabamos de encontrarnos cómodamente instalados en el interior de esta tragedia hasta que se nos hace ver de modo inequívoco cuál es el problema. Hasta entonces, la sensación de pesadilla, de algo que, siendo real, se nos da deformado y, al margen de la lógica razonable, nos invade. Situación, pues, angustiosa, porque no hay en el espectador ansia más definida que la de <<conocer>>. La duda sobre quiénes son los personajes, cuáles son sus circunstancias vitales y las funciones del establecimiento al que se da el vago nombre de <<Fundación>>, pone en peligro repetidamente la atención del público, lanzando a deducciones, lo que rompe, por lo tanto, de la convivencia espontánea y directa entre la sala y el escenario y sus inquilinos. Pero el autor juega con mano tan segura que sigue moviendo los hilos de un mundo alucinante sin perder el compás. Todo se aclarará, todo se justificará, todo adquirirá volumen y color familiares.

Buero se ha metido en un terreno pantanoso: el de la subversión de un orden establecido y la represión de los insurrectos (término de resonancias coloniales que, sin embargo, resultaría muchas veces más exacto que el tan traído y llevado <<revolucionarios>>). O el de <<izquierdistas>>. O el de <<comunistas>>. El autor no da contestaciones. Hace preguntas, siente dudas, incluso podemos seguir su pensamiento que va trazando meandros en busca del mar soñado: la paz, la dignidad, el amor. O sea: la utopía. ¿Qué escritos puede merecer este nombre si no es utopista, sino apunta al ideal, a lo imposible? Los panfletarios, los partidistas tienen sus problemas resueltos a base de considerar plausible el asesinato del adversario y repugnante la ejecución de un cofrade. A Buero no se le escapan las contradicciones esenciales de la <<ética de la acción>>. Quizá esas contradicciones han provocado en él una profunda crisis de conciencia durante todo el tiempo –largo tiempo, me parece- que ha estado escribiendo <<La Fundación>>. Y esa misma crisis de conciencia, o lo que parece serlo, da al drama una fuerza, una autenticidad, un desgarramiento espiritual conmovedores. El prisionero que recubre su existencia cotidiana con un velo defensivo de fantasías es escritor, y no lo es por casualidad. Esas fantasías juegan físicamente en el escenario. Se trata de oponer a la evidencia destructora una esperanza; a la verdad demostrada una ilusión; a la inapetencia de vida un estímulo de juegos y secreciones.

<<La Fundación>> está desarrollada desde el lado de las víctimas. Quiero decir que no vemos lo que estas víctimas harían si en vez de ser prisioneros detentasen el Poder. Eterna cuestión, que toca el alma misma del problema, que no es en el fondo problema de ideas ni de métodos, sino de la incorregible naturaleza humana. Se da cuenta Buero en un momento ya avanzado del desarrollo dramático de que queda sin exponer la otra cara de la medalla. Y tiene entonces un golpe de intuición admirable. El personaje de más firme carácter y mayor influencia confiesa su miedo a ser un opresor en potencia. La grandeza de lo que se proponen no guarda proporción con las miserias y debilidades que les afectan. En <<Los Justos>>, de Camus, los héroes estaban movidos por propósitos inmediatos. Aquí, la cuestión entra en el plano de la metafísica.

El final –final de <<La Fundación>>- restablece los derechos de la ilusión, la presencia de las imaginaciones defensivas para seguir creyendo en algo. El recurso escénico que Buero pone en juego es una conclusión muda, pero visible. Remare perfecto para una obra ante la que hay que descubrirse; por su densidad y por la maestría profesional con que el autor hace vivir un pensamiento complejísimo y sutil.

Las ovaciones estruendosas vinieron a afirmar que por fin el público se había compenetrado con el autor. Que le había entendido. Buero tuvo que hablar. Hizo el elogio, uno por uno de todos sus compañeros de aventura: el director Osuna, que alcanzó a dar a cada personaje el volumen y el color que le correspondía dentro del cuadro patético y admirable concebido por él; los actores, que fueron instrumentos fieles que sacrificaron el brillo individual a una tarea comunitaria, que debía diversificar dentro de una apretada unidad de estilo; del escenógrafo Vicente Vela, creador de un telón de fondo que alcanza categoría de personaje; del personal subalterno, que hizo funcionar el aparato mecánico con extraordinaria precisión… Y mencionó también a su propia esposa, la actriz Victoria Rodríguez, cuyas intervenciones dejan huella en la memoria del espectador.

Fue, pues, una hermosa noche de teatro, y sospecho que un comienzo de polémica en torno a lo que Buero dijo, quiso decir o dejó de decir. –Adolfo Prego”**

 

Normalmente, Andrea podía cambiar algo de los artículos, aunque siempre el director lo leía antes. Aquel artículo era de los pocos que no podía cambiar porque no era de ningún periodista de Informaciones, sino que era un artículo publicado en el ABC. Le pareció una buena crítica a la obra en general, a la escenificación, actores, autor, director… Pero vaciaba de contenido la obra, como era de esperar de un artículo publicado en la prensa española… Pero lo peor era comprobar que además de obviar el mensaje de la obra; solo señalaban la parte que les interesaba, que los presos harían algo parecido si tuviesen el poder, que serían igual de opresores. Y eso era mentira, sí que se trató ese tema, pero no con todos los personajes. En fin, se dijo a sí misma, mejor terminar cuanto antes y poder salir de la redacción. Estaba deseándolo porque había quedado con todos sus amigos; por un lado sus amigos más cercanos de clase: Lucía, Mónica, Luis y Pablo, y por otro lado sus amigos más cercanos del grupo: Luisa, Joel, Silvia y Mikel. Ese mismo día por la mañana, había recibido su primer sueldo así que decidió celebrarlo invitándoles a tomar algo después del trabajo. No quería ser una descuidada con el dinero, pero sentía que por una vez se lo podría permitir.

 

 

 

** Crítica teatral publicada el  18 de enero de 1974 en el ABC.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:19-09-2011, 11:01 (UTC)
relatosnoa
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Gracias Rodas!!! Confieso que yo no he leido la obra... Está en mi lista de pecturas pendientes jajajja. He leído resúmenes, sinopsis y eso... Espero no haber metido la pata en nada :- Un beso!!!

Comentado por rodas, 18-09-2011, 19:45 (UTC):
Como ya te he dicho me gusta el capi y el homenaje y voy a volver a leer la obra de Buero por tu culpa, culpita que me ha picado la curiosidad y ya ni me acuerdo de que iba.



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