Fernando Solís & Alicia Peña  
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La cena había discurrido entre risas y anécdotas del día, habían sido interrumpidos por los vecinos de abajo para disculparse por los dibujos que los pequeños pintaron esa misma mañana delante de su puerta, Fernando asistía divertido a las disculpas de esos dos diablos que parecían muy lejos de estar arrepentidos, justo cuando iba a sentarse sonó de nuevo el teléfono. Al final terminó cenando la crema fría mientras Alicia tomaba ya el postre. Mientras Alicia leía en el sofá, recogió en tiempo récord la cocina y el salón. Al sentarse con una copa y un cigarro en el sillón se dio cuenta que Alicia estaba absorta en sus pensamientos, apenas pasaba las páginas y miraba continuamente por la ventana, por suerte llevaba dos días sin llover y estaba seguro eso tranquilizaría a Alicia que no estaba dispuesta a parecer un pollito mojado, según sus propias palabras, el día de su boda...
Ya en la cama notaba la inquietud nerviosa y la multitud de vueltas que daba o intentaba dar, Fernando, sin embargo, parecía tranquilo a simple vista, cómo si sus pensamientos no fueran hacia atrás y hacia adelante en todos los recuerdos que tenía desde la primera vez que se vieron. Cada vez que se daba la vuelta intentando encontrar una postura cómoda para el niño y para ella, allí estaba él, leyendo o simplemente mirándola. Gracias a eso ella había podido seguir durmiendo, le miraba, sonreía, se acomodaba junto a él, y echaba otra cabezadita. Fernando ni intentó dormir, sabía que no lo conseguiría así que se quedó leyendo, mirándola y atento a cualquier malestar; le parecía increíble estar con ella, a punto de casarse. Casi de madrugada terminó quedándose dormido con el compás de la respiración de Alicia, el olor que siempre desprendía unido a la tranquilidad cuando vio que el cielo estaba totalmente despejado...
Alicia madrugó, era el día de su boda y tenía mucho que hacer; curiosamente,  esa noche había pensado en Mati, en qué diría al verla pasar la noche antes de la boda con el novio… O bueno, simplemente ¡qué diría al saber quién era el novio! Hacía tantos años que no tenía noticias de ella o de su tía… Todo lo que vivió el primer año en España le hizo quedarse sola, a su tía y sus primos no les volvió a ver después del entierro de su tío; siempre le quedaría esa espinita, pero no era momento para tristezas y menos mal que había dejado de pensar en ello cuando Fernando entró a la habitación después de recoger todo, no quería que la noche antes de su boda recordasen momentos tristes. Miró por la ventana, el día estaba despejado, se notaba que iba a hacer frío, pero estaba despejado y probablemente saldría el sol. Fernando estaba profundamente dormido, no hacía ni una hora que se había quedado traspuesto. Al despertase se le vino a la cabeza la imagen de su padre; cierto sentimiento se culpa se proyectó en ella, su padre le había hecho volver a España para luchar desde allí, para recuperar su tierra… Pero no, sabía que no estaría de acuerdo con que se hubiese quedado allí estando sola, siendo infeliz, sin ni siquiera poder ejercer como abogada sin que hubiese trampas… Su padre estaría orgulloso de que lo hubiese intentado, pero también de que siguiese su felicidad, de que fuese a tener un hijo, de casarse con un hombre como Fernando. Ese día le echaría de menos más que en cualquier otro momento. Se levantó con mucho cuidado de no despertar a Fernando, quería que descansase un poco, ella tenía que ir a buscar a Daniel y Belén, venían en autobús y quería estar esperándoles; aunque Belén no estaría en la boda, estaba invitada, pero suponía que no se sentiría cómoda y había preferido no acudir junto a su marido, pero sí pasarían unos días en París. Para Fernando, a quienes iba a buscar era a Inés, Mauro y Macarena, que venían en avión, no sabía cómo, pero había conseguido que no se empeñase en acompañarla. Con ellos tres había quedado una hora después cerca de su casa, Daniel también estaría en ese momento, había dudado mucho de cuándo darle la sorpresa, sería impresionante que le viese directamente en el Ayuntamiento, pero sabía que a Fernando le encantaría tomar un café con él en casa, hablar, poder decirle todo lo que no pudo decirle en esa despedida que no tuvieron… Se preparó y decidió no despertar a Fernando, no había dormido en toda la noche así que cuanto más durmiese mejor, le dejó una nota en la mesilla “Fernando, he ido a buscar a Inés, Mauro y Macarena. No tardaré mucho, estabas tan guapo dormido que he preferido no despertarte. Te quiero señor de Peña”, sonrió, en unas horas estarían casados.
Fernando se despertó sobresaltado al oír la puerta y palpó el lado de Alicia, que terminaba siendo prácticamente la cama entera, notando que aún estaba caliente. Después de estirar sus entumecidos huesos y ponerse la parte de arriba del pijama caminó automáticamente hacia la cocina, la nota de Alicia le había sorprendido, además de recordarle todas las cosas que faltaban por hacer ese día. Le dio pena no haber estado despierto cuando ella se levantó, pero en algún momento se había quedado dormido mirándola, era previsible que pasase. Mientras terminaba de hacerse el café se dirigió al altillo de uno de los armarios, bajó cuidadosamente los paquetes, envueltos en papel marrón...
Sentada en el vagón del metro, dónde amablemente siempre le cedían el asiento, se dio cuenta que viajaba con el padre y los dos diablillos que vivían abajo, parecían tan formales que nadie diría que eran capaces de las mayores travesuras en el edificio. Se bajaron juntos en la siguiente parada y terminaron cruzando una conversación cordial, incluso redujeron el paso para subir las escaleras a su ritmo. Durante unos minutos Alicia se relajó no pensando en el día en el que estaba y decidió disfrutarlo. Mientras cruzaba la estación de autobuses recordó el susto que Daniel le dio en la Plaza al abordarla hablándole de Fernando, pareciese que hubiera sucedido hacía muchos años y, a pesar del miedo que sintió en ese momento, no podría agradecerle lo suficiente a Daniel todo lo que había hecho por Fernando y por ella...
Había llegado pronto a la estación de autobús, estaba deseando ver a Daniel, abrazarle, confirmar que estaría aquí con ellos, con Fernando. Mientras esperaba, recordó el momento en que días después de su ataque de celos, ataque del que se seguía avergonzando, se acercó a la redacción con unos pasteles y su mejor sonrisa. Fernando estaba hablando con dos de sus compañeros, en ese momento era imposible hablar de otra cosa que no fuera de la Guerra de Argelia y de los ataques terroristas de la OAS, de repente tuvo la sensación que Alicia estaba allí e inconscientemente giró la cabeza pudiendo ver su entrada triunfal. Entró decidida, sin inseguridades, saludó educadamente a Catherine, sin un ápice de celos ni de mal carácter pero con un brillo desafiante. Le ofreció un pastel mientras abría el paquete.
-¡Coja uno, mujer, no me haga ese feo! Los he traído para todos, en menos de dos semanas, Fernando y yo vamos a casarnos así que los he traído para celebrarlo con sus compañeros, y usted es una compañera.
Quien no conociese a Alicia, pensaría que era un detalle normal, pero Fernando supo en seguida que era su forma de reivindicarse. La miró entre divertido y resignado; sabía que una cosa era que estuviese segura de él, y otra muy distinta que Catherine se quedase sin saber que era su mujer, que si coqueteaba con él estaría al acecho… ¡Alicia y su carácter! Pensó Fernando. Una vez que la secretaria cogió un pastel, Alicia entró saludando a los compañeros que conocía, besó a Fernando e invitó a todos a pasteles para celebrar su matrimonio. En ese momento ya volvía a ser la Alicia sociable que quería celebrar con los compañeros de Fernando la noticia de la boda; nada que ver con la Alicia que acababa de hablar con la secretaria. Fernando le susurró al oído su habitual “gamberra” y ella sonrió, pensó que seguramente esperaba que ella hiciese algo parecido. Fernando se dedicó a dejar que fuera el centro de atención, apoyado en la mesa, con las piernas cruzadas escuchaba su conversación con sus compañeros, a esas alturas los pasteles habían desaparecido, al igual que su secretaria. Fernando se colocó correctamente la correa del reloj pensando que se la había guardado por su actitud descortés del otro día y hoy había venido a vengarse a su manera. Sacó su pañuelo del bolsillo para limpiarle la comisura de la boca que tenía con nata, mientras ella pronosticaba el final de la guerra en breve. Alicia disfrutó de la visita a la redacción, no sólo por ver cómo Catherine había captado el mensaje y la actitud displicente de hacía unos días se había convertido en toda amabilidad, sonrió al notar una patada del bebé y pensó que había sido mejor idea que plantarle el pastel en la cara, ella era toda una señora...
Decidieron tomar algo con los compañeros de Fernando antes de regresar a casa. Al llegar a casa se sentó en el sofá mientras Fernando le quitaba el calzado, antes de darse cuenta estaba dormida, eran esos días en los que se daba cuenta que tenía el mejor ayuda de cámara pues se despertaba en la cama, tapada y con el pijama. Fernando aprovechó para tomarse una copa en el balcón y fumar un cigarro, les esperaban días con muchas sorpresas...

Alicia estaba tan concentrada en su recuerdo que no vio a Belén y Daniel bajar del autobús, ni les vio acercarse, solo fue consciente cuando Daniel le tocó el hombro, Alicia sintió ese contacto a la vez que una patada de su hijo, ella no se había sobresaltado, pero el niño sí.
-¡Hola Daniel! –le abrazó con cariño mientras Daniel la quería abrazar pero no sabía cómo hacerlo- Hola, Belén; -se dieron la mano, no tenían tanta confianza- ¿cómo ha ido el viaje?
-Bien, Alicia… Me alegro mucho, de la boda y también de este pequeño regalo –le tocó el vientre- cuando Fernando me escribió para decírmelo me sorprendí mucho.
-Gracias, creo que es lo mejor que nos ha pasado; aunque si te digo la verdad, al principio tuve muchísimo miedo… Pero bueno, todo eso pasó y ahora estoy mejor que nunca a pesar de los kilos de más y el cansancio… Daniel, de verdad, muchas gracias por venir, sé que a Fernando le emocionará verte en un día como hoy…
-No tienes por qué darme las gracias, Fernando es alguien importante en mi vida y si podía estar aquí en un día como hoy, tenía que hacerlo… Además, creo que nos debemos una despedida, cuando leí su carta de despedida sentí que no hubiese podido ser en persona…
Alicia les acompañó a la pensión donde se quedarían los dos días que estarían en París, después, cogerían un barco con rumbo a Colombia, a su nueva vida. Esperó a que Daniel se cambiase y arreglase, menos mal que no era como ella, sino habría estado esperando mucho tiempo. En media hora Daniel bajó, Belén se quedaría en la pensión y quizás pasearía por París.
-Espero que no hayas tenido problemas con Belén por venir…
-No te preocupes, Alicia, Belén entiende que para mí Fernando es importante… Le dije que también estaba invitada, pero prefirió quedarse en la pensión, y creo que más por Fernando que por ella misma. No hace tantos meses que nos casamos, y creo que Belén ha querido evitar poner incómodo a Fernando en su propia boda.
Alicia no lo tenía tan claro, a Belén nunca le había gustado Fernando y entendía que no quisiese ir a su boda; Belén era tan opuesta a Daniel que le parecía mentira que fueran pareja, cómo decía la misma Belén "que distintos somos y cuánto nos queremos". Daniel era una de las personas más cercanas que conocía, olía siempre a neutro, era una especie de voz de la conciencia y si hacía una pareja sentimental peculiar con Belén, pensar en Fernando cómo su amigo era todavía más extraño. Alicia pensó que el periplo de Fernando en su recuperación había pasado, en gran medida, precisamente por esa amistad...
Fernando se dio una ducha rápida mientras pensaba en la cara que pondría Alicia al descubrir todas las sorpresas que tenía preparadas; durante todo el día no dejaría de sorprenderla, esperaba haber acertado en todo. Se puso ropa vieja, no quería que Alicia le viese con el traje de la boda antes de tiempo, hizo algunas llamadas para comprobar que las reservas estaban bien.
El camino a casa entre Alicia y Daniel fue totalmente distendido, Alicia iba contándole todos los cambios en sus vidas a la vez que Daniel le ponía al día con su proyecto en Colombia y las novedades del barrio. La ciudad había amanecido con un día de sol espléndido, aunque el frío producía que cada vez que hablasen saliese un halo de vaho de sus bocas. La nostalgia que le producía ponerse frente al papel había desaparecido, ahora se daba cuenta que estuvieran dónde estuvieran esos lazos que habían formado no se destruirían.
Fernando caminaba con paso firme a la floristería, miraba el reloj cada ciertos pasos porque no quería que terminasen llegando tarde al Ayuntamiento, sonrió cuando se dio cuenta que llevaba uno de los guantes de Alicia en el bolsillo, la costumbre de dejarlos en cualquier sitio había producido que llegasen a su viejo abrigo. Realizó el camino inverso con la misma premura no quería que Alicia llegase antes, si no calculaba mal, estarían ya de camino a casa. Llegó, guardó en la habitación el ramo de flores y se armó de paciencia para esperar a Alicia; sabía que irían antes a casa, aunque él les diría a las chicas que saliesen a tomar algo y así podría prepararse sin que Alicia le viese antes de tiempo.
Al llegar a la cafetería donde habían quedado, Inés y Macarena ya estaban allí, Alicia las distinguió desde lejos y su mirada se iluminó. Caminó un poco más rápido, todo lo rápido que le dejaba su embarazo de siete meses, ellas la vieron venir y también se acercaron, aunque a un paso más rápido, a Inés casi no se le notaba el embarazo.
-¡Inés! –la abrazó con fuerza mientras intentaba cuidar la forma de abrazarla- Cuántas ganas tenía de verte… ¡Macarena! –el abrazó fue más fuerte para ella, hacía más tiempo que no la veía y, aunque al despedirse en Madrid no era del todo consciente, durante estos meses la había echado muchísimo de menos- Qué alegría que hayáis venido las dos…
Ellas también sonreían, estaban muy felices de poder estar ese día con su amiga, Macarena tenía curiosidad por conocer a Roberto, aunque Inés le había dicho que ese no era su nombre, que se lo explicaría Alicia… Todavía no sabía que al ver a Fernando se quedaría sin saber qué decir, ¡ella que siempre tenía salidas para todo! Saludaron también a Daniel, que se acercó una vez que ellas se habían saludado para no entrometerse en el reencuentro de las amigas. Había muchos días que los consejos de Inés o la chispa de Macarena se echaban de menos, por suerte pensaba disfrutar del tiempo que tuvieran para estar juntas. Abrazarlas le producía una sensación extraña, podía comunicarse con Inés con la mirada y sonreír con Macarena, incluso en los peores momentos... Aprovecharon para tomarse algo caliente mientras se saludaban, sentados ya en la mesa, a Alicia sólo le faltaba poder tomarse un café negro a la vez que se ponían al día.
-Bueno, Alicia, ¿estarás nerviosa no? –a Macarena le brillaban los ojos, las bodas siempre le hacían mucha ilusión- Yo estoy segura que el día antes de mi boda no dormiré…
-Macarena… -sonrió ante la idea de una Macarena nerviosa, estaba segura que sería así- La verdad es que no, me ha costado dormir, pero más por el niño que por mí, últimamente no encuentro una postura cómoda en la que los dos podamos descansar…
-¡No quiero ni pensar en cuando me pasé a mí! –Inés se acarició el vientre, Alicia le cogió la mano- Tengo unas ganas de que pasen estos meses ya…
-Créeme, te entiendo… Yo estoy deseando tenerle en brazos ya… Por cierto, ¿y Mauro? ¿Al final no pudo venir?
-Sí, sí ha venido, a última hora recordó que tenía un compromiso si alguna vez volvíamos a París y ha decidido ir nada más llegar y así después poder pasar el resto del tiempo con vosotros… No sé de qué hablarían Fernando y él –Alicia tragó saliva, Mauro no le había contado nada… Ella no era quien para hacerlo, pero le sabía mal no sincerarse con su amiga. En cambio, a Macarena se le abrieron los ojos, ¿Fernando? ¿El Fernando de la foto?- pero cuando habla de él lo hace de forma muy cercana, creo que ya no le ve como le veía cuando le conoció…
-¿Quieres que esperemos a Mauro? O bueno, podríamos subir a casa, que Daniel salude a Fernando y así nosotras les dejamos solos… Creo que Fernando no quiere que le vea con el traje antes de la boda… Mientras él se viste nosotras podríamos ir al despacho, hoy no habrá nadie y podremos tomarnos un té mientras charlamos. Me gustaría que Macarena conociese los muelles del Sena, pero hace un poco de frío para pasear…
Alicia solicitó la cuenta a la dueña de la cafetería, una italiana entrada en años con quién estaba entablando una buena relación y quién le tenía preparada una tarta envuelta por el enlace. Alicia se emocionó y tuvo que reprimir las lágrimas con una de sus mejores sonrisas, Daniel tomó la tarta perfectamente envuelta y se encaminaron a casa los cuatro... Por suerte para Fernando, Alicia había desistido de su idea de ir a los muelles del Sena, podría haber encontrado el barco sin querer…
Mientras subía las escaleras sólo esperaba ver la cara de Fernando, sorprenderle no era algo muy fácil y cuando lo hacía disfrutaba enormemente... Fernando paseaba por la casa con el cigarro en la mano ultimando todo, las risas por la escalera le alertaron que estaba a punto de romperse el momento de silencio en la casa...
Daniel subió primero, ellas esperaban en el rellano del piso de abajo, Alicia quería que fuese una sorpresa completamente, llamó a la puerta y esperó. Fernando habría jurado que esa risa era de Alicia, ¿se habría dejado las llaves? Si no era ella pensó que tendría que despachar a quien fuera, hoy no tenía paciencia para nada y no quería soltar ninguna impertinencia. Apagó el cigarro, se colocó un poco el pelo y abrió, tuvo que cerrar los ojos y volver a abrirlos porque no creía lo que estaba viendo.
-¡Hola Fernando! No me digas que unos meses te han bastado para olvidar mi cara…
-¡Pero Daniel! ¿Qué haces aquí? –seguía sin entender nada, pero ya le estaba abrazando, pensó en Alicia… Sí, esto era cosa suya. Mientras abrazaba a Daniel repasó mentalmente la última vez que estuvieron juntos y se reconcilió con la idea de no haberse despedido de él en Madrid- Pero pasa, no te quedes ahí –se quitó de en medio cuando se dio cuenta que si Daniel no pasaba era porque él seguía allí plantado, sería la primera vez del día en que no sabía que decir, pero no la última.
Daniel pasó, sin dejar de sonreír, no podía creer haber dejado sin palabras a Fernando, Alicia subió el último tramo de escaleras, Fernando se había quedado en la puerta esperándola porque sabía que tenía que estar allí.
-Alicia… -la abrazó y le dio un tierno beso- Gracias, creo que no hay nada que pudiese hacerme más ilusión…
-¿Gracias? Ya sabes que no hace falta agradecer nada…
Los dos estaban emocionados, Alicia había acertado con su sorpresa, Inés y Macarena subieron también y entraron todos en casa mientras Fernando intercambiaba una mirada privada con Alicia que sólo ellos sabían cómo interpretar... Daniel estaba sentado en el sofá, Inés le acompaño después de saludar a Fernando mientras Macarena parecía estar viendo un fantasma, no cabía duda, aquel Fernando era el mismo Fernando de la foto…
-Macarena, te presento a Fernando, oíste hablar de él en Madrid, aunque con el nombre de Roberto… Es una historia muy larga…
Fernando alargó la mano para estrechársela a Macarena, ella hizo lo mismo pero solo por el instinto de imitación, estaba completamente sorprendida, la historia larga que decía Alicia, ella ya había empezado a imaginársela…
-Encantado Macarena, llevo meses oyendo hablar de ti y ya tenía ganas de ponerte cara.
Macarena sonrió cortésmente, a pesar de los cambios en su vida, las percepciones de Fernando aún estaban lo suficientemente despiertas para darse cuenta que Macarena estaba nerviosa, tenía una actitud extraña, todos la habían descrito cómo una dicharachera incansable y apenas respondía con monosílabos. En otro momento hubiera pensado que se conocían... Alicia también había notado con extrañeza el cambio de Macarena, pensó que quizás Fernando podía imponerle de alguna forma, pero sentía que algo se le escapaba...
Fernando dejó que fuera Alicia quién llevase la batuta de las conversaciones y enseñase el piso, él permaneció a su lado, con la mano en la espalda de ella, a la vez que conversaba con Daniel... La joya de la casa era la habitación del niño, Alicia se sentía muy orgullosa de la obra de Fernando, y así lo estaba diciendo; él hacía esfuerzos por escucharla, pero solo podía pensar en que al llegar a su habitación, Alicia se encontraría sin previo aviso con un gigante ramo de rosas blancas. Si no hubiese estado tan sorprendido por la presencia de Daniel, le habría asombrado que Alicia no notase el olor de las rosas, últimamente hasta el más mínimo olor la ponía alerta.
Si la emoción hubiese abandonado en algún momento sus ojos, se habría vuelto a emocionar al ver las rosas, pero llevaba emocionada desde por la mañana. Ante la mirada atenta de sus amigos y de Fernando, se acercó despacio a las rosas, las cogió, había una tarjeta, miró a Fernando y guardó la tarjeta en el joyero de la mesilla, aunque se sentía solos, leer esa tarjeta merecía una intimidad que ahora mismo no tenían. Fernando entendió el gesto porque, además, había esperado que hiciese algo de eso, no quería sentir que se ponía colorado, algo que muy pocas veces le había pasado, si Alicia leía la tarjeta delante de todos.
-Fernando… Es precioso… -aunque era consciente de la presencia de los demás, le dio un beso, necesitaba hacerlo. En cuanto vio las rosas, decidió que llevaría siete de ellas en el Ayuntamiento- Gracias.
Fernando no dijo nada, solo sonrió, era la primera sorpresa, pero no sería la única; quería que en todo momento Alicia se sintiese especial. Aunque empezaba a pensar que ella quería lo mismo para él, la sorpresa de que Daniel estuviese en París era insuperable. De vuelta en el salón, Alicia empezó a ponerse el abrigo.
-Fernando… Nosotras nos vamos, así tú podrás vestirte tranquilo… -Fernando sonrió cabeceando, Alicia había adivinado sus intenciones- Mauro vendrá en un rato, estaría bien que él viniese a avisarnos cuando tú estés listo y hayas salido de casa… Estaremos en el despacho tomando un té mientras esperamos.
-Claro, ¡a sus órdenes señorita Peña! –aunque usó el tono de siempre, se lo dijo al oído- Inés, Macarena, me ha encantado veros, nos vemos luego…
Fernando y Alicia se despidieron con un beso muy tierno, no se verían hasta estar en el Ayuntamiento. Al cerrarse la puerta, Fernando se quedó serio, sentía una sensación de ahogo, con la mano invitó a Daniel a sentarse, inconscientemente comenzó a jugar con el mechero, nunca se le había dado bien gestionar los sentimientos y, pasada la alegría, debía enfrentar muchos, no sólo frente a Daniel, sino también frente a él mismo...
Fernando se sentó en frente de Daniel, había pensado tantas veces qué le hubiese dicho en un último encuentro… Pero ahora estaba sin palabras, Alicia le había avisado, había preparado todo para que estuviese con ellos en un día como ese… Daniel le miraba y sonreía, conocía demasiado bien a Fernando como para no saber lo que estaba pensando. De hecho, le gustaba pensar que su visita le provocaba ese estado de mutismo, sin saber qué decir… Finalmente, hablaron a la vez.
-Daniel
-Fernando
Se echaron a reír, Daniel le hizo un gesto con la mano para que empezase él.
-La verdad… No sé cómo decirte todo lo que quiero, no puedo colocar en mi cabeza todas las cosas que necesitaba decirte en persona… Aunque sé que no lo necesitas y probablemente no quieras oírlo… Gracias. Hoy no estaría aquí si no fuese por ti.
-Fernando, esto lo has conseguido tú solo… Cuando te conocí, supe que terminarías superando ese bache…
-Socavón más bien…
Fernando le interrumpió y Daniel asintió sonriendo.
-Bueno, socavón… Yo sabía que lo superarías, cuando yo ayudo a alguien es porque lo merece, porque sé que puedo confiar en él… Te confieso que hubo un momento en que no sabía cómo ayudarte, pero finalmente, Alicia estaba ahí para ti… Y estoy seguro que tú has estado ahí para ella…
-Te aseguro que sin gente como tú, como Pelayo, como Marce, como Manolita… -recordó a ésta última, cuando se reencontraron le ofreció su casa sin pensárselo, eso nunca lo olvidaría- Como Bonilla –le dejó para el final, era un día muy feliz en su vida, muchas sorpresas y sensaciones que quedaban… Pero siempre había en su cabeza un recuerdo para Bonilla, un buen amigo que estaba pasándolo mal- Y, por supuesto, sin Alicia. Sin todos vosotros, yo no hubiese salido adelante… He estado 10 años sin superar nada, solo sobreviviendo… De verdad, si no llega a ser por las personas con las que me he reencontrado y a las que he conocido, yo no estaría hoy aquí. Daniel… Quiero pedirte disculpas por tu detención, cuando lo supe no podía dejar de culparme, si no llega a ser por ayud…
-No –Daniel le cortó- Tú no te tienes que disculpar de una detención abusiva; no tenían ningún tipo de prueba contra nosotros, la prueba es que salimos al día siguiente…Fernando le miró a los ojos, Daniel era sincero, una de las personas más puras que conocía. Tenía que sincerarse con él, tenía que contarle lo de Valeriano.
-Tengo que contarte algo… Valeriano finalmente sí era un traidor –Daniel le miró, seguía confiando en él, escucharía esa historia sin juzgarle antes de llegar al final- él dio vuestros nombres a la policía… Además de unos documentos en los que figuraban nombres de muchos compañeros, para él insignificantes… Conseguí que me lo confesase, lo oí de sus propios labios… Oí cómo despreciaba a los compañeros que no eran claves en el partido, oí cómo hacía de menos que vosotros estuvieseis detenidos, posiblemente torturados… Yo sabía qué había que hacer con un traidor, le apunté, me temblaba la mano, le sostuve la mirada, estuve unos instantes apuntándole… Pero no pude, no pude matarle por traidor… Me gustaría decirte que pensé en ti, en Alicia, en Pelayo… Pero no, no pensé en nadie, solo en mí, en él, en mí apuntándole… Y no pude…
-Fernando, yo me alegro que no pensases en nadie más que en ti –le miraba fijamente y feliz- quiero que sepas que no necesitaba escuchar esto para confiar en ti, pero gracias por compartirlo conmigo… Eso sí, ahora me invitas a una copa y me cuentas cómo te sientes con tu nueva vida, nada de hablar de pasado y de cosas negativas.
La comprensión que emanaba de Daniel, esa sinceridad apabullante conseguía proyectar el sosiego que necesitaba, no sólo él, pensó Fernando, sino cualquiera que se relacionase con ese alma cándida... Fernando sonrió, Daniel le conocía demasiado bien; mientras servía las dos copas pensó que era la primera vez que veía a Daniel bebiendo, le hizo sonreír porque todos habían cambiado más de lo que parecía a simple vista... Hizo lo que dijo Daniel, le habló de su trabajo, de la felicidad con Alicia, de la ilusión que le hacía pensar en tener en brazos a su hijo… Incluso le contó la pedida de mano de Alicia; también le preguntó por Belén, por su boda, por su proyecto en Colombia… Hablar de las pequeñas cosas de su vida cotidiana, de esos momentos que cada día coleccionaba, solía costarle, sin embargo, se obligó a hacerlo mirando de frente a Daniel no a la copa, cómo solía hacer habitualmente... Eran dos amigos hablando de su vida, si algún día volviesen a verse, actuarían igual porque lo que les unía era muy fuerte como para que se rompiese por no verse. Mauro llego en mitad de la charla y también contó novedades sobre su vida; aparcó deliberadamente el tema de Martín Angulo, no quería estropearle el día a Alicia y mucho menos a Fernando.
El tiempo acechaba y decidió irse a cambiar, sabía las bromas que soportaría de parte de su amigo cuando lo viese tan arreglado, tardó bastante menos de lo que Daniel podía esperar. Fernando usaba un perfume cuyo olor a bergamota mezclado con el tabaco producía el mismo contraste que le suponía a Daniel verle vestido con esmoquin. Terminó de anudarse la corbata mientras le contaba la planificación del día... Por la escalera se encontraron con varios vecinos que, a pesar de sorprenderse, saludaron cortésmente.
Mientras Fernando se confesaba con su gran amigo, Alicia, Inés y Macarena estaban en el despacho, que iba tomando forma y llenándose, poco a poco, de libros y ejemplares de cada periódico diario, olía a las flores frescas que cambiaban cada pocos días. Alicia llevó dos cafés y un vaso de leche junto con algunos croaissant pequeños para acompañar. Inés y Alicia hablaron sobre sus embarazos, pero el silencio de Macarena le llamaba la atención incluso en la mirada de reojo de Inés a su amiga...
-Macarena… Me ha encantado verte, pero te noto distinta… Tensa… -Macarena se dio cuenta en ese momento que desde que escuchó el nombre de Fernando, había estado absorta en sus pensamientos intentando cuadrar su hipótesis- Sobre todo al conocer a Fernando… ¿Pasa algo?
Macarena movió las manos nerviosa, después de tantas cosas que habían pasado juntas, sabía que no pasaría nada por contar su pequeño descubrimiento de hacía muchos meses, pero temía que Alicia sintiese que había traicionado su confianza.
-No, no pasa nada… Siento si he estado un poco… Bueno sí, claro, yo que no callo… -Alicia e Inés se reían, se la notaba nerviosa- Es que verás, Alicia… Yo conocía a Fernando… Bueno, conocerle no, claro, nunca le había saludado, pero… -Inés cayó en la cuenta, ¿cómo no lo había recordado antes? Al saber que Roberto se llamaba en realidad Fernando tenía que haberse dado cuenta, recordó de pronto una conversación con Macarena hacía mucho tiempo en el Ateneo… ¡Al final Macarena había acertado en su hipótesis! Pero ¿se lo iba a contar a Alicia?- Mira, me voy a dejar de rodeos, sé que igual te decepcionas, pero creo que me conoces lo suficiente como para saber que no llevaba ninguna mala intención… -Alicia no entendía nada, le hacía gracia ver a Macarena tan nerviosa y sin terminar de decir nada, ella que tenía salidas para todo- Cuando empecé a trabajar contigo, cuando ordené todos los documentos que tenías sin clasificar… Pues mira, que vi unas viejas fotos, y me dio curiosidad, no sé, ver tu familia, saber cómo eran… -Alicia empezaba a entender también y su sonrisa se ensanchó- En fin, el caso es que encontré la foto de Fernando, con el nombre detrás… Y no pude evitar fijarme… Y para qué te voy a engañar, me pareció un chico guapísimo.
Las tres echaron a reír, Alicia recordó la primera conversación que tuvieron sobre el cine y Fernando… Aunque no era su intención, Fernando estaba presente en su vida por mucho que creyese que estaba muerto, y por eso Macarena pudo encontrar su foto. Mientras escuchaba la confesión, no podía evitar reírse, se había olvidado por completo de la posibilidad de que alguien encontrase esa foto, probablemente porque la foto estaba guardada en un álbum de todos esos años y a las que no tenía ningún tipo de apego...
-¡Y era eso! Macarena… ¿Te pensabas que te echaría una bronca por una vieja foto?
Macarena la miraba entre divertida y cautelosa, quería contarle su hipótesis, no quería tener secretos para su amiga y si había empezado a contárselo, tenía que terminar.
-No sé, Alicia, en aquel momento eras tan reservada con ese asunto… Y después nunca volví a tu casa, supongo que porque estaba él… ¿Me equivoco?
-Claro que no te equivocas Macarena, y no pienses que era falta de confianza –le cogió de la mano- relacionarse con Fernando era entrar en algo muy peligroso y no quería que por trabajar conmigo tuvieses consecuencias…
-Bueno, ya que he empezado a contártelo… Pues termino –Alicia seguía riendo mientras Inés las miraba a las dos, eran muy distintas pero a la vez tenían muchas cosas en común- Como yo estaba entrando y saliendo de tu casa, pasando allí casi más tiempo que en la mía… Pues me extrañó no ver a Don Álvaro en ningún momento –Alicia asintió con la cabeza, por eso los últimos años no había creado grandes lazos, si alguien se acercaba demasiado sabría en seguida que no tenía relación con su marido- y cuando encontré la foto y la relacioné con ese primer amor del que me hablaste cuando nos conocimos… En resumen, que mi conclusión fue que no vivíais juntos y que tú seguías enamorada de tu primer amor…
Alicia se echó a reír, Macarena era increíble, muy intuitiva y, aunque ella no lo creyese, era tan discreta como para no preguntar cuando veía algo raro.
-Si necesito averiguar algo alguna vez… ¡Te llamaré! –la abrazó sonriendo mientras pensaba en lo mucho que había echado de menos esas charlas con Macarena- Tu hipótesis era buena, muy buena… Y echaba de menos una charla así contigo.
Las tres siguieron hablando de todo, cualquier cosa sin importancia, cualquier cosa decisiva para sus vidas… Alicia sentía una paz inmensa en ese momento, llevaban meses en París, habían conocido mucha gente y algunos ya eran buenos amigos; pero Inés y Macarena eran irremplazables. Las risas podían escucharse desde el portal del edificio y daba la sensación que podían pasarse todo el día con sus confidencias y charlas...

Alicia abrió la ventana levemente para que Macarena pudiera fumar, sólo Fernando sabía las ganas que tenía de disfrutar de un cigarro, quería mucho a su hijo y no le parecía ningún sacrificio no fumar por él pero, siendo sincera, en ese momento, sentada junto a Inés en el sofá de dos plazas del despacho, con Macarena frente a ellas en una silla, le apetecía más que nunca...
Llamaron a la puerta, al abrir vio a Mauro ya preparado para la boda. Mauro entró en el despacho con el mismo aire despreocupado que tenía siempre, a pesar de lo mucho que había cambiado, Alicia sonrió para ella misma pensando que esos meses juntos habían producido permutas entre su amiga y él, ni ella era la mujer tan estricta y seria ni él ese muchacho despreocupado y poco constante. Estaba segura que el bebé y la responsabilidad laboral terminaría por hacerle madurar…
-¡Alicia! Enhorabuena…
Se dieron dos besos.
-¡Lo mismo digo!
Inés y Mauro se saludaron, mientras Macarena miraba divertida la escena, al final, ella que siempre quiso formar una familia era la que más iba a tardar en hacerlo…
-Bueno, chicas, Fernando ya ha salido de casa, Alicia, no le hagas esperar mucho… No le conozco mucho todavía, pero sé que podría desesperarse…
Se sorprendió a si misma cuando pensó que, por un largo momento, todos los nervios de la boda habían desaparecido, se acarició el vientre mientras decidían irse... Alicia sonrió, ella, que sí le conocía, sabía que el esperar le pondría de los nervios.
-Vamos, entonces.
Mauro las acompañó hasta casa, ninguna de ellas sabía que Fernando todavía no había salido hacia el Ayuntamiento, estaba en el taxi esperando a Mauro pero, lo que era más importante para él, viendo como Alicia volvía a casa para prepararse. Las vio desde lejos, no mucho, solo lo suficiente para que ellas no se diesen cuenta. Daniel le miraba, le enternecía ver a Fernando tan nervioso; y, ahora que lo pensaba, con Alicia siempre había sido así… Recordó el momento en el que él hizo que se encontrasen en el Pozo, Fernando se había quedado sin palabras, un momento antes se había enfrentado a él por estar involucrándose en su venganza, y unos segundos después, al ver a Alicia… Se había quedado sin nada que decir. Fernando vio a Alicia entrar al portal, ella sintió una mirada familiar, se giró, intentó ver algo, pero el taxi estaba lo suficientemente lejos como para no distinguir a Fernando. Sin embargo, Alicia creía que estaba ahí, que tenía que estarlo, su instinto nunca le había fallado cuando se trataba de Fernando. Él, al verla girarse y buscarle, sonrió, no podía ser de otra manera, Alicia había sentido su presencia, su mirada. Cuando ellas terminaron de entrar al portal, Mauro llegó al taxi y, por fin, pusieron rumbo al Ayuntamiento.
Alicia entró en casa y confirmó que hacía no mucho se habían marchado, el olor a la colonia, a tabaco y la colilla humeante delataban que la sensación que acaba de tener era cierta, había vuelto a sentir a Fernando sin verle, sin escucharle e incluso sin olerle... Arregladas ya Macarena e Inés, vistieron a la novia, Alicia no era muy supersticiosa pero tampoco quería tentar al destino que tantas veces se había aliado con ellos, por lo tanto, decidió seguir el decálogo punto por punto. Lo que estaba segura que estaría con ella era el relicario con las fotos de sus padres, pensó cuántas veces se había sentido mejor tocándolo y sintiendo su energía.
Con el taxi a punto de llegar al Ayuntamiento, Fernando pensaba que sus vidas siempre habían sido un suceso de casualidades, de hecho, si hubiera sido por el azar probablemente no hubieran perdido un tiempo precioso. La inexistente arruga del pantalón, la forma de arrancarse las cutículas, el modo de morderse el labio, todo delataba que estaba nervioso; sintió la mano de Daniel en su brazo, respiró de esa forma tan particular que tenía y volvió a controlar la situación. El resto del trayecto lo realizaron con una conversación informal con el taxista, él cuál resultó ser un compatriota gallego, sobre el tráfico en esa ciudad...
Ya arreglada se miró en el espejo pensando que otro de los mayores errores de su vida quedaba, definitivamente, borrado de la misma. Les dio las manos a sus amigas y un abrazo, era el momento de marcharse pero antes quedaba preparar una de las sorpresas para Fernando.
-Inés, antes de salir… Podrías guardarme esto –rebuscó en el mueble la caja que unas semanas antes había escondido- yo no tengo donde guardarlo y quiero que sea una sorpresa.
Inés asintió cogiendo la caja, la emoción de Alicia hizo que ella se emocionase y era raro porque ella solía ser más comedida que Macarena, quien ya había dejado escapar alguna lagrimita. Inés y Macarena salieron primero, esperando en la puerta a Alicia, quien miraba hacia su casa y hacia ellas, estaba a punto de casarse con Fernando y no podría ser más feliz. Miró el reloj, deberían haber salido de casa hacía más de 10 minutos, pensó divertida que Fernando estaría de los nervios ya…
Alicia no se equivocaba, Fernando estaba en Ayuntamiento esperando, Daniel y Mauro junto a él. Al llegar, saludaron a los amigos que ya habían llegado, un par de compañeros de la redacción, cuatro compañeros de Alicia con sus parejas. El ambiente entre ellos era totalmente distendido, a pesar que a Fernando le hubiera gustado que Belén estuviera allí, ya no tanto por él cómo por su amigo. Intentaba que los pocos invitados que estaban allí no tuvieran problemas de comunicación por el idioma, por suerte, sus compañeros tenían un nivel aceptable de español. Por desgracia el tiempo iba corriendo y sabía lo escrupulosamente puntuales que eran los funcionarios que trabajaban allí. Fernando no dejaba de colocarse la corbata, aunque no hiciese falta, además, no dejaba de tirarse de la camisa para que sobresaliese de la chaqueta. A Daniel le hacía gracia verle así, no recordaba que él hubiese estado tan nervioso el día de su boda, y eso que todo se puso en contra… Pero Fernando estaba todavía más nervioso que él aquel día; cada vez que le miraba recordaba un momento con él, cuando parecía el hombre de hielo que no mostraba sentimientos, que decía que no había nadie a quien le importase… Y recordando la conversación que habían tenido en casa ese día, le alegraba que Fernando le considerase responsable en alguna medida de ese resultado, Fernando casándose con Alicia… ¡Qué lejos quedaba aquel día en el Pozo! Fernando seguía nervioso, empezó a dar vueltas por la sala, todos los que le conocían le miraban divertidos, nunca habían visto a Fernando nervioso. Mauro, además, empezó a conocerle, él había conocido al tipo duro en Madrid, a quien no se asustaba de nada ni se escandalizaba por nada… Cuando estuvieron en París, además conoció a un buen amigo, alguien que se preocupaba por él, que le hacía pensar antes de actuar. Ahora conocía al hombre, al Fernando enamorado, descubrió la debilidad de Fernando, que no era otra que Alicia, recordó el momento en que Fernando le aseguró que haría lo que fuese por ellas porque amaba a Alicia. Ese era Fernando, y le gustó descubrir esa parte que no dejaba que mucha gente conociese.
Alicia estaba a las puertas del Ayuntamiento, quiso que Inés y Macarena entrasen juntas, ella esperó unos instantes. No dejaba de pensar en momentos de su historia con Fernando, todo estaba tan claro en su memoria que parecía que no había pasado el tiempo… Pero sí había pasado, hacía 13 años que Fernando la tropelló con su bicicleta… Recordaba con nitidez la primera sonrisa de Fernando, su disculpa en francés después de que ella le hubiese insultado… Pero, sobre todo, recordaba la sensación de mirarle y sonreír; fue instantáneo, algo surgió en ese momento. Había tantos momentos que recordaba; su hijo dio una patata suave, como si quisiese sacarla de sus recuerdos y traerla al presente. Recordó la noche de las Jornadas del Ateneo, posiblemente fuese esa noche cuando concibieron a su hijo… Le había costado tanto poner distancias con Fernando, ser fuerte, no dejarse llevar por sus sentimientos… Pero en ese momento no pudo seguir con su propósito, ver a Fernando decirle que a él sí le importaba, aunque no supiese demostrarlo, verle decir que siempre le tendría todo lo cerca que quisiese… Sonrió al recordar la mañana siguiente, lo fría que estuvo con Fernando, el enfado consigo misma que proyectaba en Fernando… Desde el primer momento fue consciente de que, tarde o temprano, los dos se dejarían llevar. Despejó su mente, esos momentos también quedaban lejos ya, pensó en Fernando el día que le contó que se iría con él y que iban a ser padres y, con paso lento pero seguro, entró en el Ayuntamiento.
Fernando vio entrar a Inés y Macarena, se acercaron a él a saludarle, nervioso les preguntó por Alicia.
-Tranquilo, ahora entra… Merece la pena esperar, te lo aseguro.
La sonrisa de Inés le tranquilizó un poco, pero necesitaba verla, necesitaba que entrase ya.
-En un momento Alicia entrará, no te preocupes… Ha esperado mucho para este momento –Fernando puso un gesto sarcástico, estaba seguro que Alicia habría puesto al día a Macarena en cuanto a su historia- Antes he estado un poco distraída, perdóname, estoy muy feliz de estar aquí con vosotros… Por cierto, yo ya te conocía, sales muy bien en las fotos…
Fernando correspondió a la sonrisa de Macarena sonriendo también y negando con la cabeza… Seguro que Macarena había visto alguna foto suya entre las cosas de Alicia; por eso se había quedado tan sorprendida cuando le vio en casa, por eso no había reconocido a la Macarena que le habían descrito, estaba tan sorprendida por reconocerle de la foto, que no pudo pensar en otra cosa.
Fernando estaba encendiendo el último cigarro cuando vio aparecer a Alicia, que entró despacio. Las novelas y el cine hablaban de escuchar violines o cantos de pájaros, el problema era que Fernando dejaba de escuchar, en esos momentos dónde sus miradas se cruzaban la sensación era de no existir nada más que ellos dos pero eran los típicos pensamientos que uno guardaba celosamente igual que el temblor de piernas... Se miraban sin ni siquiera pestañear, a Alicia le pareció que nunca le había visto tan guapo. Recordó por un momento al Fernando productor al verle el pelo engominado, sonrió sin dejar de mirarle, le gustaba mucho el traje, estaba muy elegante y por un momento se transportó a principios de 1949, cuando pensaba que Fernando solo era el elegante productor que coqueteaba con ella. Fernando no podía apartar los ojos de ella, su vestido era sencillo pero muy bonito, le quedaba muy bien y había sabido encontrar la forma de ocultar un poco el embarazo. Sin embargo, a él le gustaba que se notase, era su hijo y quería que estuviese presente ese día. Mientras Alicia se acercaba, pensó en la primera vez que la vio, en todas las veces que intentó alejarse de ella, alejarla de él… Pero siempre había algo más fuerte que ellos mismos, nunca pudieron evitarlo, este momento tenía que llegar. Sin querer, recordó el enfado de Alicia por el malentendido que hubo cuando él fue a verla para despedirse y ella pensó que estaban quedando. Cuando la volvió a ver en la productora le gustó verla tan enfadada pero sabía que le costaría que le perdonase… Sonrió al recordarse borracho en mitad de la plaza, Alicia siendo borde con él y finalmente ayudándole y llevándole a la productora… ¡Cuántos recuerdos que aparecían de golpe! Cuando Alicia estaba a medio camino, pudo ver las lágrimas en sus ojos, iba a ser un día muy emotivo y ella no tenía intención de ocultarlo. Sin poderlo remediar, esos ojos con lágrimas le recordaron la reacción de ella al volver a verle en el Pozo; ese momento estaba muy presente siempre, él no había podido hablar, incluso decirle hola le había costado, estaba impresionado al tenerla delante. Ojalá en ese momento hubiese sabido que algunos meses después estaría esperándola para casarse con ella, desde que volvió a verla su confusión fue en aumento, poco a poco fue sintiendo lo mismo que sintió por ella en el pasado y, todavía más poco a poco, fue siendo consciente de ello. No podía estar alejado de ella, daba igual lo que se dijesen, daba igual lo dura que fuese ella, al final él siempre volvía a su casa porque necesitaba tenerla cerca. Alicia llegó a su altura, él tomó su mano y se puso a su lado, con la otra mano acarició su vientre.


-Hola, Fernando…
-Hola…
Igual que en aquel reencuentro, no le salían las palabras, Alicia estaba más guapa que nunca y había llegado el momento de su boda. Aun así, hizo un esfuerzo, aunque fuese un susurro en su oído.
-Estás preciosa… Te amo.
Alicia sonrió, no le salían las palabras, le apretó la mano y entraron en la sala de dónde saldrían casados. Cada uno de sus amigos tenían pensamientos distintos y fluctuaban entre sus propios recuerdos y la opinión que esta pareja les producía, Daniel averiguó demasiado pronto cual era el punto débil de Fernando, diferente a Mauro que siempre era un poco más lento para llegar a ese tipo de descubrimientos, Macarena estaba pensando en lo guapísimo que le parecía uno de los compañeros de Fernando e Inés, Inés apretó la mano de su amiga sabiendo lo mucho que había sufrido para llegar a ese momento...
Alicia no podía dejar de sonreír aunque se sintió bastante más tranquila cuando Fernando le acarició la mano. Inés, que siempre era mucho más precavida que los demás, se encargó de hacer las fotos no oficiales... No duró mucho, apenas media hora, el alcalde leyó las responsabilidades del matrimonio, algún otro texto y dejó que hablasen ellos. Alicia miró a los ojos a Fernando, no sabría si le salían las palabras, pero empezó a hablar.
-Fernando, quiero estar contigo siempre, quiero que veamos crecer a nuestro hijo, nunca he sido tan feliz como contigo… Eres el hombre de mi vida, y lo sé hace mucho, mucho tiempo… Ni el tiempo ni creerte muerto pudo con este amor… Te amo, Fernando.
Alicia se giró hacia Inés, le hizo un gesto, ella sacó la caja del bolso y se la dio a Alicia. Fernando las miraba atónito, se dio cuenta que no era el único que tenía sorpresas para todo el día. Alicia cogió las manos de Fernando y posó la caja en sus manos. Fernando empezó a abrirla con un ligero temblor de manos, por suerte pensó, solo lo habrían notado Alicia, Inés y Daniel, el resto no estaban tan cerca. Abrió despacio la caja y encontró un reloj precioso, no muy grande, pero que le pegaba bastante. Le dio la vuelta y vio la grabación que solo conocerían Alicia y él: “Solís, Peña. Siempre”. Alicia siempre acertaba, en todo.
-Alicia… Es precioso… -el nudo en su garganta no le dejaba decirle a Alicia todo lo que quería, esperaba que le saliesen las palabras- Sabes que no se me da bien expresar mis sentimientos… Estos meses contigo me han ayudado a ello, pero en un día como hoy… -Alicia le miraba a los ojos, sabía lo que le costaba a Fernando hablar en aquel momento, sonrió- Te amo, no puedo decirte otra cosa, amo cada gesto tuyo, tu risa, sobre todo tu risa… Quiero hacer que nunca dejes de sonreír, seremos muy felices juntos, lo sé… Juntos los tres –le acarició el vientre- Te amo.
Él no necesitó pedirle a nadie la sorpresa, metió la mano en el bolsillo izquierdo, sacó un pequeño paquete y lo puso en las manos de Alicia. Ella se emocionó, los dos habían preparado ese día con la misma dedicación; rasgó con rapidez el papel, no tenía paciencia para desenvolverlo, y vio un brazalete precioso, le quedaría estupendo con algún vestido que se compró al llegar…

Se emocionó, sin poder evitarlo se besaron, se olvidaron de donde estaban, de que estaban rodeados de sus amigos, de que aún quedaba la firma… Solo existían ellos y su amor; Inés y Daniel, al lado de ellos, les miraban enternecidos, Mauro estaba emocionado, nunca se imaginó ver así a Fernando, Macarena estaba llorando, solo podía pensar en lo feliz que le hacía ver a Alicia tan feliz, casándose con el hombre de su vida, su primer amor…
El alcalde carraspeó, Fernando y Alicia se dieron cuenta que tenían que seguir con la pequeña ceremonia. Al unir las manos con Alicia, Fernando se dio cuenta de un leve temblor, apretó suavemente para que se calmara. El momento de la firma de los documentos suponía uno de los más importantes de su vida, al igual que lo sería la inscripción de su hijo o su hija. Mientras Alicia firmaba, que fue el único momento en el que se soltaron las manos, permaneció observándola, tenía una letra clara y elegante, bastante más bonita que la suya. Alicia le ofreció la pluma que Fernando rechazó con una sonrisa, quería estampar la rúbrica con su pluma favorita, con la misma que escribía cartas a sus amigos, con la misma que firmaron el contrato de alquiler del piso y el de trabajo. Cerró cuidadosamente la misma, guardándosela en el bolsillo interior de la chaqueta... Después de ellos, firmaron Inés y Daniel como testigos, Fernando y Alicia ya estaban casados. Se abrazaron y se hablaron al oído.
-Felicidades señora de Solís.
-Felicidades señor de Peña.
Volvieron a besarse y sus amigos se aceraron a felicitarles. El primer abrazo de Fernando fue para Daniel, no habló, solo le abrazó; Alicia se abrazó con Inés, Macarena se acercó y finalmente el abrazo fue de las tres. Mauro se acercó, cuando Fernando se separó de Daniel, ya había dejado salir las lágrimas, abrazó a Mauro, era una especie de hermano pequeño al que apreciaba sinceramente, le gustaría tanto tenerle cerca para poder ayudarle si lo necesitaba… Poco a poco recibieron el abrazo de todos sus amigos, salieron del Ayuntamiento, el sol daba de pleno en la plaza, pero la temperatura seguía siendo baja. Al ver que los recién casados no tenían intención de hablar, pues seguían cogidos de la mano y sonriendo como si no existiese nada más, Macarena tomó la iniciativa, ya repuesta de la impresión de encontrarse con el Fernando de la foto.
-Bueno, chicos, creo que tendríamos que ir a algún sitio… Alicia, creo que dijiste que comeríamos en vuestra casa ¿verdad? Pues ¿por qué no vamos yendo?
-Eh, no, no, Alicia… Alicia no lo sabe –Fernando pudo hablar, por fin, solo porque tenía que empezar su sorpresa- pero no comeremos en casa…
-Ah ¿no? –Alicia le miró sorprendida, se preguntó cuántas sorpresas más habría- y entonces ¿a dónde vamos?
-Eso es una sorpresa…
Fernando pidió un par de taxis, les dio a los taxistas la dirección del embarcadero, y todos fueron hacia allí. Montados ya en el taxi no pudieron evitar no dejar de besarse fuera ya de las miradas indiscretas y con un taxista demasiado ofuscado con las noticias de la radio. Fernando siempre había pensado que la institución del matrimonio ejercía opresión más que libertad, especialmente para la mujer, pero en ese momento significaba un ladrillo más en la nueva vida que habían comenzado, además, de la seguridad legal para su hijo...
Alicia, si hubiera podido, hubiese vuelto a subirse en los hombros de Fernando al salir del taxi para poder hacer un grito velado al mundo de lo feliz que era... Fernando pagó la carrera y abrió la puerta ofreciéndole la mano a Alicia, ya una vez fuera pudo admirar lo guapa y radiante que estaba. Alicia le beso la mano, exactamente esa alianza que tanto significaba para ella, se quedó sin palabras al ver el barco, se agarró fuertemente a él que le ayudó a subir al barco. Mauro resultaba, junto con Macarena, los más escandalosos del grupo, algo que hubiera incomodado a Fernando en otros tiempos y ahora tan sólo le hacía reír...
Estaba todo preparado para que todos comiesen allí, una sola mesa, larga, en el centro se sentarían ellos dos. Alicia dejó escapar una lágrima, Fernando le limpió con sus dedos y la abrazó.
-Fernando… Esto es más de lo que esperaba… Gracias…
-Nada de gracias, ya lo sabes…
Antes de empezar a comer, todos brindaron por la nueva vida del matrimonio, Fernando brindó además por las personas que no podían estar con ellos ese día, algunos porque ya no estaban y otros porque seguían en España. La mirada de Fernando y Alicia solo la entendieron ellos, habían perdido a tantas personas… Pero no era momento de tristezas, empezaron a comer entre risas y anécdotas, se respiraba un ambiente de felicidad. Alicia podía sentir la mano de Fernando en su espalda, tenía una actitud completamente relajada mientras comían y bebían, tan sólo se tensó cuando vio que ella mojaba los labios en cava... Inés no dejaba de mirar a Alicia, nunca la había visto tan relajada ni tan feliz, recordó la primera vez que la vio, no quedaba nada de aquella mujer distante, que imponía, que no se salía del rol de abogada… Sonrió pensando en la felicidad de su amiga, acarició su vientre y besó a Mauro, ella también había conseguido su felicidad a pesar de todo lo que les había pasado. Fernando miraba divertido a Macarena, ya no quedaba nada de la chica pensativa que había conocido esa mañana, desde que se recuperó de la impresión de saber que era el mismo de la foto, había vuelto a ser la de siempre, tanto que seguía hablando con Pierre, el compañero de la redacción con el que parecía tener mucha afinidad a pesar de tener algunas dificultades para comunicarse. Daniel no dejaba de mirar a Alicia y Fernando, les veía tan felices que no podía apartar la vista, se alegraba muchísimo por ellos, se lo merecían los dos.
Llegó el momento de la tarta, Daniel se había encargado de llevarla al barco, Alicia desenvolvió la tarta y se emocionó al ver la dedicatoria en francés que la dueña de la cafetería le había puesto “Alicia et Fernando, amour éternel”. La rosa blanca que Alicia quitó de la tarta significaba casi tanto como cualquier cosa que hubieran compartido ese día, a veces se sorprendía al darse cuenta que ninguno de los dos habían olvidado ni un sólo momento de los que habían compartido. Fernando la besó con mucha ternura y juntos cortaron un pedazo de tarta para probarla ellos primero, era la favorita de Alicia. Antes de repartir la tarta, brindaron con champán.
-Gracias, amigos, por compartir este día con nosotros… Gracias a los que habéis venido a París solo para estar hoy aquí… -miró a Daniel, era la mejor sorpresa que Alicia podría haberle hecho- Y, sobre todo, gracias Alicia –la miró sin dejar de sonreír y con alguna lágrima en los ojos- por hacer de este día el más especial, por prepararme tantas sorpresas, por haber sido poco convencional –solo ellos e Inés sabían a qué se refería-, por estar aquí conmigo… Porque siempre has creído en mí y has estado ahí para mí.
-Gracias a ti, Fernando, por hacer de cada día algo especial, por darme ilusión, amor… Por tantas pequeñas cosas y a la vez tan grandes… Por demostrarme que los imposibles no existen…
Todos brindaron con ellos, Alicia e Inés solo se mojaron los labios, pero ellos volvían a sentirse solos en el mundo, no dejaban de mirarse, de sonreírse. Después de comer, Mauro y Fernando se apartaron de la mesa para fumar un cigarro, mientras los demás seguían brindando y hablando. Alicia disfrutaba viéndole tan relajado mientras conversaba con Mauro. En esos momentos Alicia se dio cuenta que no olvidaría jamás ese día, las sensaciones, ni la sensación de sentirse tan arropados. Todos esos sentimientos de soledad habían desaparecido... Mientras hablaba con Mauro, Fernando estaba apoyado en la barandilla, se había soltado un poco la corbata y seguía en camisa, su actitud era relajada aunque siempre que pensaba o hablaba de Martín se planteaba si no cometió un error al dejar a ese cerdo con vida. Tendría que vivir con ese peso en su conciencia...
-Fernando… No quiero estropear el día, pero… Quiero agradecerte tu última carta, fuiste muy sincero conmigo, a pesar de mi encerrona del último día en París, has seguido pensado como…
-Mauro, no hace falta que me agradezcas nada –dio una última calada al cigarro- Te aprecio sinceramente, no quería que ahora que has conseguido ser feliz, lo perdieses todo…
Le abrazó, Mauro se sintió en paz, desde que habían vuelto a Barcelona había tenido remordimientos por el aprieto en que puso a Fernando. Cuando se acercaron a los demás ya no quedaba ni rastro de preocupación en sus caras. A pesar del día de sol, la temperatura había descendido, Fernando se quitó la chaqueta para ponérsela por los hombros a Alicia, a pesar de la reticencia de ella a ponérsela. El olor del Sena se mezclaba con la comida y el champán francés. Fernando se acercó a susurrarle algo en el oído mientras le acariciaba la barriga, confidencias que quedarían entre ellos...
Empezaron a sonar las primeras notas de “Non je ne regrette rien”, Alicia sonrió, Fernando le tendió su mano y empezaron a bailar. Sus pasos eran un poco torpes, Alicia no podía moverse con agilidad, pero para ellos era su mejor baile. Su hijo dio una suave patada, eran tan felices que se olvidaron de sus amigos durante aquella canción; volvían a ser uno, en mitad de todos y de todo, solo ellos. Bailando con Fernando, Alicia comenzó a recordar la primera vez que bailaron juntos, ahora estaban bastante más sincronizados, incluso estando embarazada de siete meses, pero de lo que estaba segura era de que la música no iba a dejar de sonar... Cuando terminó esa canción, todos empezaron a bailar, Macarena era la más enérgica y atrevida, fue ella la que sacó a bailar a Pierre; Inés y Mauro también bailaron, Daniel se quedó tomando una copa. Alicia se sentó, era el mejor día de su vida, pero estaba cansada; Fernando también se sentó junto a ella y le acarició el pelo. Notaba el cansancio de Alicia, al sentarse volvió a colocarle la chaqueta y la llevó contra su cuerpo, seguían conversando sin dejar ese juego de caricias entre sus manos...
-¿Estás muy cansada?
-No importa el cansancio, soy feliz, me haces feliz…
-Me encanta verte feliz… Pero el día no ha acabado…
-¿Insinúas que aún hay más?
-Siempre habrá más, eso no lo dudes… Pero, ahora, disfrutemos de la tarde…
Se rieron al darse cuenta que Daniel llevaba alguna copa de más y Fernando cruzó los dedos esperando que eso no le causara problemas con Belén. Los invitados empezaron a irse, al final, se quedaron solos los españoles con una excepción, Pierre seguía allí, no parecía tener intención de irse sin Macarena… La música seguía sonando, pero estaban todos sentados, el viento anunciaba una noche fría, pero todavía se podía estar en la cubierta si tenían algo de abrigo. La conversación era amena, pasaban de temas triviales a temas importantes e incluso temas personales; todos contaron alguna anécdota. Fernando y Alicia no se separaron ni un minuto, entrelazaban sus manos, acariciaban el pelo del otro, posaban sus manos a la vez en la tripa de Alicia… Inés pensó en la última carta de Alicia, ella tenía razón, eran uno. Macarena fue la siguiente en despedirse, habían planeado ir todos juntos al hotel, no querían arruinar la noche de bodas de Alicia y Fernando y antes de llegar a París reservaron un hotel para esos dos días. Pero Macarena no iba al hotel, Pierre se había ofrecido a enseñarle algunos rincones de París y… Simplemente, aceptó. Se despidió de los novios, prometiendo que al día siguiente iría a comer con ellos, miró a Inés y no necesitaron decirse más, Macarena pasaría la noche fuera. Fernando y Alicia se miraron divertidos mientras Macarena y Pierre abandonaban el barco, ¡quién lo hubiese pensado al principio del día! A Daniel se le había pasado un poco el efecto de las copas de más, pero seguía un poco contentillo, a pesar de eso, seguía charlando con Fernando, no quería desperdiciar ni un momento en París, pasaría mucho tiempo antes de volver a ver a su amigo. Poco a poco se fueron retirando sus amigos, al día siguiente comerían con ellos y, una vez más, Alicia tendría una sorpresa preparada para Fernando. Antes de abandonar el barco, cuando se quedaron solos, Alicia y Fernando bailaron, sin música, recordando aquel momento en que no les hacía falta música para bailar, para reír… Ahora tampoco les hacía falta, ellos dos se bastaban para ser felices. Abandonaron el barco, Alicia sentía cierta tristeza, el día había sido perfecto, pero ya se había acabado, Fernando notó la mirada nostálgica que dirigió al barco, a las mesas…
-Alicia, esto no se acaba aquí… Solo acaba de empezar.
Se besaron una vez más, muy despacio, queriendo quedarse así para siempre; sin embargo, el taxi que Daniel había pedido para ellos ya estaba allí. Fernando y Alicia se besaban mientras el taxista esperaba que entrasen, hacía demasiado frío aunque ellos no lo sintiesen, Fernando impedía, en todo momento, que la chaqueta se le cayese y fue él quien puso fin al beso para abrir la puerta del taxi y ayudarle a entrar. Las ventanillas se empañaron rápidamente por la diferencia de temperatura, así quedaron aislados de las miradas curiosas... Regresaron a casa con las manos enlazadas y sin dejar de mirarse. Al llegar a casa, Fernando ayudó a Alicia a subir las escaleras, ella abrió la puerta y, mientras Fernando la abrazaba por detrás, juntos entraron a su casa. La casa estaba otra vez silenciosa, apenas iluminada por la luz de las farolas que se filtraban por la ventana. Fernando le quitó con mucha delicadeza el vestido, lo dejó sobre el sofá mientras le cogía la mano para dirigirla a la habitación donde todavía se podía notar el aroma de las rosas, Alicia se dejaba llevar. El vestido estaba perfectamente colocado en su funda encima del sofá, Alicia sonreía pícara porque la combinación que Inés le había regalado había tenido el efecto deseado a juzgar por la mirada de Fernando. Encendió una de las lámparas de las mesillas, hizo que Alicia se tumbase, cerró la ventana dejando la persiana a medio bajar, los reflejos de la luna hacían que la habitación tuviese una luz especial. Fernando la dejó un momento sola en la habitación, momento que Alicia aprovechó para mirarse en el pequeño espejo de su mesilla y colocarse el pelo y él para empezar a quitarse la corbata y la camisa, cuando regresó lo hizo con tres paquetes de papel marrón, Alicia no entendía nada…
-¿Pero…?
-Nada de peros, Alicia, ya te dije que el día no había acabado… Espero que te gusten…
Alicia le miró enternecida, el día no había acabado, en realidad, su día a día acababa de empezar y siempre encontrarían cómo sorprenderse con pequeños detalles. Estaba claro que Fernando había comprado tres libros, estaba ansiosa por saber cuáles eran. Fernando posó los tres paquetes encima de la cama y la ayudó a incorporarse, delante de ese pequeño escaparate, Alicia debía decidir cuál abrir primero. Cogió el paquete que estaba en medio, rasgó el papel con rapidez y vio la portada “Le petit prince”, Alicia dejó escapar una lágrima, abrió el libro, miró una de las ilustraciones… Fernando la miraba como si no existiese otra persona en el mundo; Alicia abrazó contra su regazo el libro, lo posó, y se dispuso a abrir otro de los libros. Esta vez, se tomó su tiempo, no rasgó el papel, sino que fue desenvolviéndolo poco a poco mientras miraba a Fernando. Cuando miró la portada, leyó “l’étranger”, sonrió al pensar en Fernando eligiendo los libros, su simbología, pensando en sus gustos… A falta de abrir el tercer libro, había acertado de pleno. Había pensado esperar hasta abrir los tres, pero no pudo evitarlo, con el libro apoyado sobre su regazo, besó a Fernando. Al momento supo que no había sido buena idea, llevaban todo el día rodeados de amigos, algo que no hubiesen cambiado por nada, pero necesitaban sentirse a ellos mismos, sin nadie presente, siendo uno… Fernando interrumpió un beso muy pasional, si seguían, ninguno de los dos se hubiesen acordado del tercer libro y Fernando creía que era el que más le iba a gustar.
-Alicia… -ella recordó en ese momento el tercer paquete- Lo siento, pero aún queda algo más…
-No, Fernando, lo siento yo… No pienses que no quiero abrir el libro, es solo que… No pude resistirme…
Sonrieron los dos mientras Alicia tomaba en sus manos el último libro, sin ninguna delicadeza rasgó el papel, cuando vio la portada no supo qué decir, si los dos anteriores tenían mucho sentido, este aún más. Alicia pasó sus dedos por el título “Le Deuxième Sexe”, miró a Fernando totalmente ilusionada, era el broche perfecto para un día como aquel. Aunque en eso, Alicia se equivocaba, el broche lo pondrían en unos momentos… Mientras pasaba la palma de la mano por cada uno de los libros que le había regalado recordaba los primeros tres libros que Fernando le dio, jamás sería consciente de la discusión que ese impulso le costó con Roberto, incluso con su propia conciencia, probablemente ese día fue uno de los primeros dónde tuvo que asumir que sus sentimientos se escapaban de sus manos...
-Fernando… No tengo palabras, te imagino pensando en qué libros comprarme, decidirte por estos tres, pensando en mí, en nosotros, en nuestro hijo… ¡Gracias, gracias, gracias!
En ese momento Fernando no podía contestar, Alicia le había abrazado tan fuerte que no podía moverse. Se echó a reír mientras ella colocaba los tres libros en la mesilla y los miraba con ilusión.
-Señor Solís de Peña, has acertado en todo, absolutamente todo…
-Tú no te has quedado atrás…
Sin decir nada más, empezaron a besarse, con mucho cuidado, tenían encendida sólo una de las lamparitas, Fernando abrió la cama cuidadosamente y se sentó, apoyado en el cabecero mientras observaba cómo se quitaba los pendientes, el reloj y el restos de complementos, cuando fue a quitarse la alianza, Fernando paró su mano y tiró suavemente para besarla, Alicia se acercó a él mientras cerraba los ojos y le olía mientras le escuchaba repetir su nombre entre susurros... Fernando fue desnudando a Alicia, besándola en cada rincón de su cuerpo. Hicieron el amor muy despacio, como si cada caricia quemase, cada mirada, cada beso… La noche se les hizo corta, ese sí fue el broche perfecto para un día perfecto. Casi al amanecer, se quedaron dormidos, Alicia recostada sobre Fernando y él abrazándola.

Fernando se despertó por una de las patadas que Alicia solía darle al intentar darse la vuelta, le besó el cuello suavemente y se incorporó, miró el reloj aunque por la luz que entraba por la ventana supuso que era bastante entrada la mañana. Encendió un cigarro mientras intentaba peinarse con las manos el pelo, el olor del tabaco no cubría totalmente el rastro del perfume de Alicia ni de la gomina seca de su pelo. Alicia estaba totalmente despeinada, abrazaba la almohada e intentaba darse la vuelta dormida... Era casi mediodía, al verla dormir, no pudo evitar recodar aquellas primeras veces que durmió con ella, él había estado alerta en todo momento, pero cuando la veía dormir se relajaba. Qué lejos quedaban aquellos días, pero a la vez, los recordaba como si hubiesen pasado unos meses. Después de darse una ducha rápida preparó el desayuno, cortó las naranjas mientras el chocolate se deshacía, un despiste le jugó una mala pasada y estuvo a punto de tener un dedo menos, se frotó la nuca riéndose de sí mismo por ciertos pensamientos. Se acercó a acariciar a Alicia, habían quedado a las 2 para comer con sus amigos y con lo que tardaba en prepararse, tendría que despertarse ya.
-Buenos días, petit Alice…
-Buenos días mi amor.
Se besaron y Alicia se desperezó hasta sentarse al lado de él, miró hacia la mesita y vio los tres libros, sonrió al recordar la noche anterior. Al ver la mesita de Fernando, vio el desayuno.
-Mmmm el desayuno en la cama, te advierto que podría acostumbrarme…
-Yo también…
Alicia empezó a besarle, esta vez fue Fernando el que se olvidó de todo, ni desayuno,  ni comida con sus amigos, ni tiempo…
-Fernando… -le dio un beso rápido- Deberíamos desayunar algo y prepararnos, tenemos cosas que hacer… Hay que aprovechar que han venido, no sabremos cuándo podremos volver a verles….
-Tienes razón, nosotros tenemos todo el tiempo el mundo, pero a ellos no les tenemos siempre que queremos… De todas formas, nada de tristezas, ¿de acuerdo?
Alicia asintió sonriendo mientras cogía un cruassant y probaba el zumo; Fernando la miraba, tomó su café mientras no dejaba de mirarla. La alegría de Alicia se empañaba por la nostalgia que suponía tener que despedirse de sus amigos, Fernando lo notó en sus movimientos lentos a la hora de preparar su ropa, ducharse y vestirse, Fernando le dejaba espacio e intentaba no atosigarla, ayudándola a calzarse o abrocharse las cremalleras de la espalda a las que le era muy difícil llegar. Alicia intentó contener el llanto mientras sentía que pasaría tiempo sin que volvieran a verse, Fernando no podía evitar tener un nudo en la garganta e intentaba bromear para que fuera todo mucho más discernido. Nunca le había dicho a nadie, salvo a Alicia, que odiaba profundamente llevar toda su vida despidiéndose de la gente...
Mientras Alicia terminaba, Fernando ventiló la casa, estaba empezando a llover, una lluvia fina que no echaría a perder su día, además, aquella mañana no hacía mucho frío. Cuando llamaron a la puerta, Alicia estaba terminando de vestirse, guardó un sobre en el bolso, aún le quedaba una última sorpresa; Fernando abrió mientras le dedicaba una sonrisa. Inés, Mauro y Daniel ya estaban allí, les hizo pasar y sentarse, Alicia decía que no le quedaba nada, pero Fernando sabía por propia experiencia que podría ser cierto pero también podría no serlo…
-¿Y qué? –Daniel se había recuperado de la noche anterior- ¿Te sientes diferente la primera mañana de casado?
-No… Hace tiempo que me siento así, no tiene que ver con firmar un papel o no… Aunque cada vez que miro la alianza… -se dio cuenta que empezaba a ponerse un poco sentimental y prefirió cambiar de tema- ¿Y tú qué? ¿Mucha resaca?
-¡Qué va! ¡Pero si no bebí tanto!
Mauro y Fernando se rieron mientras Inés negaba con la cabeza divertida…
-Porque no te viste, Daniel…
Los cuatro se rieron y, por fin, Alicia apareció ya preparada para salir.
-¿Y Macarena? ¿No la habéis visto?
Fernando había preferido no preguntar, Macarena ya era mayorcita para saber lo que hacía y Pierre era un buen tipo como para estar preocupándose, aunque entendió que Alicia no preguntaba por preocupación, sino porque quería disfrutar de la comida con ella también.
-Llamó al hotel hace un rato… -Inés seguía sin creerse que Macarena se hubiese ido con un hombre al que acababa de conocer, por muy amigo de Fernando que fuese…- Irán directamente al restaurante.
-¿Irán? –Fernando lo preguntó divertido- Así que Pierre viene también…
Mauro se echó a reír, Inés y Macarena eran muy distintas, a él no le extrañó que la noche anterior no fuese al hotel. Fueron andando al restaurante, no estaba muy lejos, Alicia e Inés iban delante mientras Mauro, Daniel y Fernando las seguían detrás. Al llegar, Macarena y Pierre ya estaban esperándoles, se saludaron y comieron todos juntos; Fernando sentía que Belén tampoco hubiese ido a la comida, Daniel hubiese estado más cómodo con su mujer, seguro… Pero no quiso que su amigo pensase en eso, ninguno dejó de hablar durante la comida; los amigos de la Plaza de los Frutos, la realidad social, la nueva vida de todos, la vida en París, algún libro nuevo que les había gustado… Hablaron de mil cosas durante aquellas horas, Alicia y Fernando estaban felices, durante toda la comida tuvieron gestos con el otro, agarrarse la mano, posar la mano en la pierna del otro, algún beso furtivo, alguna caricia en la mejilla… Todos pensaban que era normal, estaban recién casados, acababan de empezar su vida en París y eran felices; ellos tenían claro que eso nunca cambiaría, formaba parte de su relación y nunca dejarían de estar pendientes del otro. La despedida fue lo más duro de aquellas horas, los abrazos de despedida se eternizaron, Fernando no soltaba a Daniel, fue al primero que abrazó pero también a quien más le costó abrazar porque significaba que se iba ya, que empezaba su nueva vida en Colombia. Estaba feliz por él, era lo que Daniel quería, pero sabía que eso les dejaba sin posibilidad de verse en bastante tiempo… Alicia abrazó a Inés y Macarena a la vez; la relación con cada una de ellas era distinta, con cada una compartía cosas distintas, pero quería mucho a las dos. Fernando abrazó a Macarena y se permitió hacer un comentario…
-Algún día me tendrás que contar algo sobre esa foto…
Ella se echó a reír recordando su reacción al conocerle, ese comentario a Macarena le demostró que sus facultades no estaba tan mermadas cómo todos creían y pensó que era una pena no haberla conocido antes. Alicia abrazó a Mauro, cuando le conoció no entendía qué hacía Inés con alguien como él, era inmaduro, ingenuo, recordaba tan bien la primera conversación sobre Martín Angulo… Pero Mauro había cambiado mucho, era un buen hombre y hacía muy feliz a su amiga. Finalmente, abrazó a Daniel mientras Fernando abrazaba a Inés; sus testigos de boda, sus grandes amigos. Fernando dejó para el final el abrazo con Mauro, si tuviesen más tiempo para conocerse, sabía que se llevarían bien, Mauro era un buen chico y se estaba convirtiendo en un gran hombre. Macarena se había apartado del grupo para despedirse de Pierre, habían pasado una gran noche y una gran mañana, pero ella tenía que volver a Barcelona y quería ser realista, nada de promesas. Se dieron un último beso, un abrazo y Pierre se alejó despacio. Alicia y Fernando les dejaron en el restaurante, Daniel volvería a la pensión para recoger a Belén y coger el autobús hasta el puerto; Inés, Macarena y Mauro irían al hotel a por las cosas y directamente al aeropuerto. Fernando se frotó la mandíbula mientras comenzaban a caminar, algo en la mirada de Alicia le hacía sospechar que se había repuesto a la sensación de desarraigo que ver marchar a sus amigas le producía. Alicia le abrazó sin previo avisto. Estaban así en mitad de la calle, abrazados, sin pensar en nada más; Alicia se separó, abrió el bolso y sacó un sobre…
-Fernando, todavía no ha terminado el día…
Fernando la miró divertido, él pensaba que había sido el último en sorprender al otro, pero se equivocó. Alicia le tendió el sobre y él lo abrió, dos billetes de autobús y una reserva de hotel.
-Pero Alicia, -la besó loco de alegría- si dijimos que el viaje lo haríamos después de nacer nuestro hijo…
-Bueno, tú quisiste que nos casásemos ya, pues yo quería que pasásemos unos días fuera como luna de miel… Tres días en Chartres, no está muy lejos y no lo conocemos… Porque no lo conoces ¿verdad?
-No, no lo conozco… Aunque, ¿nos dará tiempo a conocerlo?
La atrajo hacia sí para volver a besarla, no podría describir la sensación de felicidad que sentía en ese momento. Alicia estaba pletórica, era consciente que sus amigos nunca desaparecerían de sus vidas por lejos que estuviesen, pero, además, que el primero y último viaje que habían compartido fue hacia esa nueva vida que ahora tenían, esa pequeña escapada les ofrecía unos días para descansar y sobre todo para amarse. Aquella misma tarde saldrían para Chartres, donde pasarían tres días maravillosos disfrutando de la ciudad y de su amor.
____________________________________________________________
**Capítulo escrito por Iles y Noa, sin una de las dos partes, el relato no quedaría igual porque le faltaría parte de la escencia de los personajes!!





Comentarios hacia esta página:
Comentado por:24-10-2013, 07:19 (UTC)
relatosnoa
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Gracias Norma!!!!

Comentado por Norma, 23-10-2013, 20:51 (UTC):
Hermoso relato! Muy creible! Nos desarrolla la imaginación.Gracias por esta continuidad

Comentado por:18-10-2013, 18:39 (UTC)
relatosnoa
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Gracias Rodas!!! Más que este capítulo Iles??? Pero si es muy laaaaargo jajajaja

Comentado por rodas, 18-10-2013, 11:14 (UTC):
Todas las bodas son emocionantes y esta aún más, rodeados de pocos amigos pero buenos amigos y llena de inmensos recuerdos.

Comentado por iles24, 18-10-2013, 10:00 (UTC):
jefa te he dicho que me gusta y quiero más?



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