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Octubre de 1961

Principios de octubre de 1961

Fernando llegó a casa a la hora de comer, abrió la puerta, se quitó el abrigo levemente mojado por la lluvia y lo colgó en el perchero de la entrada. Empezaba el frío húmedo en París y traía las manos entumecidas, se frotó las manos mientras entraba al salón, Alicia había dejado una nota diciendo que no iría a comer porque tenía que ir a los juzgados, él solo pudo pensar en que esperaba que hubiese salido bien abrigada.
Preparó café y se sentó en la mesa del salón a tomárselo mientras leía el periódico, que olía a tinta mojada y se mezclaba con el olor a café negro que estaba tomándose. Al cerrarlo vio una viñeta y pensó inmediatamente en Mauro, su mente se transportó a la primera vez que se vieron. Empujó levemente la silla y tomó cuartillas y la pluma, encendió un cigarro que sacó de un paquete casi aplastado y comenzó a escribir a la vez que la conversación de la última vez que estuvieron juntos pasaba por su cabeza. Miró la fotografía que Alicia había enmarcado en una de las mesas, en ella estaban Inés y ella transmitiendo alegría, felicidad y esperanza. Según iba escribiendo le costaba controlar su ira y rabia ante el sólo recuerdo de Martín. Se frotó la cara y volvió, de nuevo, a mirar esa fotografía. Al terminar la carta la guardó meticulosamente en un sobre, puso la dirección correctamente y la guardó en el bolsillo interno del abrigo.

Querido Mauro
Espero que el viaje de vuelta fuese bien y que vuestra llegada a Barcelona haya sido tranquila. Aquí todo sigue igual, Alicia está cada día más guapa, supongo que tú lo estás viendo con Inés, ojalá nuestros hijos puedan crecer juntos, eso significaría mucho… En cuanto al motivo de tu carta, sigo pensando lo mismo, no voy a ayudarte a contactar con él… Entiendo todo lo que sientes en este momento, pero ya sabes lo que pienso. A Alicia y a mí también nos gustaría verle pagar, compartimos ese deseo contigo, pero estando las cosas como están solo podría ser de una manera y es peligroso para todos. No sé si intentarás hacerlo por tu cuenta, espero que antes de llegar a eso se lo cuentes a Inés, le pidas su opinión… A veces hay que dejarse aconsejar por las personas que más te quieren, hay que saber cuándo el riesgo es mucho más del que podemos asumir. Y te lo digo yo, que hace no mucho tuve que dejar aconsejarme, dejar que otros decidieran por mi… ¿Recuerdas cuando nos conocimos? El Mauro con el que me he encontrado en París es mucho más maduro, mucho menos ingenuo… Es triste que la vida nos haga perder la inocencia, que nos enfrente a la realidad, pero supongo que es un requisito para crecer. Utiliza esa madurez para saber hasta dónde puedes y debes implicarte, no arriesgues tu vida, a Inés, a tu futuro hijo… Las cosas no van a cambiar pronto, se pueden lograr pequeñas victorias, pero lo esencial seguirá igual durante años... Quién tú y yo sabemos  está muy arriba como para que se pueda conseguir algo por una vía normal…
Si habéis podido superar todo lo que pasó, si habéis conseguido vuestra felicidad, no dejes que ese cerdo gane, no dejes que destroce lo que habéis logrado juntos.
Espero que no te tomes a mal mi carta, he pensado mucho antes de escribirte; no podría haber escrito nada más sincero.
Un abrazo muy fuerte, espero que podamos volver a vernos, aquí en París tenéis una casa cuando queráis.
Fernando Esquivel

Dos días antes
Fernando estaba esperando en el salón totalmente preparado, tenía las manos metidas en los bolsillos para no seguir mirando el reloj, eran las 10:30h de la mañana y hacía una hora que deberían haber salido de casa. No dejaba de pensar en lo mucho que tardaba siempre Alicia en arreglarse, sonrío  pensando que era una batalla perdida. La casa olía a crepes y leche quemada, el teléfono había sonado varias veces mientras terminaba de hacer el desayuno. Alicia apareció terminando de atarse los botones del abrigo y los guantes en la mano, le preguntó si estaba lista. Él se puso sus guantes nuevos mientras le preguntaba si prefería ir caminando o coger el tranvía. Decidieron ir en tranvía que iba sin apenas pasajeros, los domingos eran días muchos más tranquilos en París. Hicieron algunas compras en tiendas de niños, algunas cosas para decorar la habitación de su hijo, algunos peluches de animalitos, algunos cuadros infantiles, un baúl e incluso unos espejos que a Alicia le encantaron en cuanto les vio. Según se aproximaban al Marché d’Aligre comenzaba el bullicio de fondo, mezclado con los olores a comidas, Fernando pensaba que era una pena la manía que Alicia le había cogido al queso pero le compensaba lo mucho que disfrutaba con cada uno de los puestos, en esos momentos parecía mucho más una chiquilla que la mujer en la que se había convertido.


De repente Fernando se paró y se dio cuenta que acababa de encontrar lo que estaba buscando, un viejo mueble de madera que le parecía perfecto. Se quitó los guantes y los guardó en los bolsillos de la chaqueta a la vez que se daba cuenta que Alicia arrugaba la nariz ante su descubrimiento, le parecía que tenía aspecto de sucio, pero él la convenció, con una mano de barniz quedaría perfecto, y terminó cerrando el trato. Dieron sus señas para que se le llevasen a casa, Fernando pensaba que no podrían haber hecho mejor compra, sobre todo pensando en la cuna, quedaba poco para darle la sorpresa a Alicia. Al recordar la cuna pensó en la promesa que se habían hecho, nada de secretos entre ellos, sonrió, no era exactamente un secreto, era una sorpresa y en ocasiones así podían tener secretos. Aunque empezaba a pensar que no era un secreto, hacía días que tenía pequeñas heridas en las manos y Alicia no había preguntado por ello, solo besaba cada una de esas heridas cuando reparaba en ellas. Tenía preparada una gran historia que justificase esas heridas, pero no hizo falta, era como si hubiesen hecho un acuerdo tácito sobre ese tema. A pesar del día de sol, el frío comenzaba a notarse, Alicia tenía la nariz roja y decidieron tomar algo caliente. El resto del mercadillo lo visitaron despacio mientras Fernando la iba cobijando en su costado porque se daba cuenta que cada vez hacía más frío.

Fernando se había tomado el día libre, después de escribir la carta para Mauro, comió y nada más terminar reunió los artículos que ya tenía preparados. Pasó por la redacción de la revista, entregó los artículos y estuvo un rato para ponerse al día sobre los próximos artículos que le encargaron. Al salir de allí, fue a la cita con Pedro, le entregó la carta y se despidió, no quería entretenerse, hoy quería acabar todo y no tenía mucho tiempo porque Alicia solo pasaría un momento por el despacho después de la mañana en los juzgados.
Llegó a casa con una baguette caliente debajo del brazo, al entrar sintió el contraste de la calefacción central mezclándose con el olor a pan recién hecho. Dejó el pan en la mesa y se puso ropa vieja para ponerse manos a la obra. Bajó al sótano que compartían todos los vecinos, allí tenía la cuna a medio hacer y el mueble de madera aún sin barnizar. Primero subió la cuna con cuidado, la dejó en el salón y bajó a por el mueble. Mientras terminaba la cuna estaba totalmente concentrado, se mezclaba el barniz, la cola y el olor a tabaco, a veces se desesperaba, no conseguía que todas las ramas fuesen maleables y quedasen como él quería. Pero lo importante era que quedase bien, que fuese segura para su hijo. Había dejado el reloj encima de una mesa, tenía la puerta abierta mientras estaba pendiente del sonido por si Alicia llegaba antes de tiempo. La navaja estaba en el suelo, una escoba apoyada en la pared, todas las cosas para decorar la habitación y la cuna al lado de la ventana, que tenía levemente abierta. Había comprado un pequeño colchón y unas finas almohadillas para poner en los barrotes y una tela parecida al tul para poner en la cabecera de la cuna. Al terminar se incorporó con cuidado, se le había quedado dormidas las piernas pero había merecido la pena, pensaba que a Alicia podría gustarle además, había hecho él mismo un pequeño móvil para que su hijo mirase mientras se iba quedando dormido. Cerró la navaja y el bote de barniz, se dirigió al baño para lavarse las manos y se quitó la camisa, dejándola en un cesto de ropa sucia en el lavadero. Comenzó a vestir la cuna, usando el martillo y las puntas que compró en la ferretería para colgar los cuadros y los peluches. Al terminar se quedó mirando la habitación apoyado en el quicio de la puerta con las manos en los bolsillos, pensaba que la cuna se podía mover sin problemas para poder llevarla a su dormitorio. Cerró la ventana y recogió todo lo demás, recuperó el reloj y al mirarlo se dio cuenta que Alicia estaba tardando. Recordó que ya sólo faltaba una mecedora dónde pudiesen sentarse para poder dormir al bebé. Cuando entró al baño para ducharse se dio cuenta que todavía olía al gel de Alicia, había vuelto a dejarse el bote abierto por las prisas, el sonido de las cañerías y el olor al jabón hicieron que el leve dolor de la espalda fuese desapareciendo. Puso la mesa y colocó el pan en un cesto, mentalmente hizo una lista de las compras que debía hacer esa tarde, dejaría la nota en la tienda para que les llevasen todo lo necesario. Se puso la ropa de abrigo y se tocó la cara, sabía que debía afeitarse pero decidió dejarlo para más tarde, primero iría a recoger a Alicia.
Alicia llevaba una mañana de locos, no dejaba de mirar el reloj intentando terminar cuanto antes, estaba de pie, con una mano sujetaba el teléfono y la otra la tenía apoyada en la zona lumbar. El despacho olía a un producto de limón y a libros, uno de sus olores favoritos, todos los códigos y expedientes estaban perfectamente colocados. Había necesitado subirse a una silla para coger uno de ellos, no quería dar más trabajo a la secretaria y pensaba en la suerte de que Fernando no hubiese visto los malabarismos que había hecho para cogerlos, medio sonrió pensándolo. Finalizó la llamada y organizó todos los documentos, mientras se ponía el abrigo se despidió de las personas que trabajaban con ella.
Fernando estiró los cuellos del abrigo mientras esperaba a Alicia, no quería meterle prisa, así que cuando llegó al despachó esperó abajo, se entretuvo mirando a los niños que pasaban por la acera, algunos iban con sus padres, otros con sus abuelos, e incluso unos pocos con chicos algo mayores que debían ser sus hermanos o primos mayores. Últimamente le pasaba mucho, se quedaba embobado mirando a todos los niños y niñas con los que se encontraba, empezaba a pensar que malcriaría a su hijo porque no podría negarle nada… Vio a una niñita preciosa, morena con ojos grandes, no pudo evitar seguirla con la mirada, justo cuando iba a perderla de vista, vio a alguien conocido doblando la esquina; la niña desapareció de sus pensamientos y ni siquiera vio cómo intentaba soltarse de la mano de su madre para ir tras una paloma. No había duda, aquella mujer que se acercaba era Isabela, no había vuelto a verla desde que se despidieron en Madrid, su sorpresa fue cuando comprobó que verla no provocaba nada en él… Ni frustración, ni rabia, ni cariño, ni amor, ni odio… Nada, le parecía estar viendo a una desconocida. Antes de que Isabela pudiese verle a él, Alicia apareció por el portal y le abrazó por detrás besándole el cuello. Cuando sintió el contacto y el olor de Alicia por detrás se dio cuenta que podría reconocerla entre un centenar de personas con los ojos cerrados.
-¡Me encantan estas sorpresas! Necesitaba abrazarte…
-Lo sabía –acababa de olvidarse de que estaban a punto de encontrarse con Isabela- por eso he venido…
La besó dulcemente mientras le cogía la mano para volver a casa, al girarse, se toparon de frente con Isabela. Fernando se preguntó cómo podría haber olvidado que se dirigía hacia allí, aunque no le sorprendía del todo… Ya en Madrid le pasó no acordarse para nada de Isabela cuando estaba con Alicia, ella le hacía olvidar todo, hacía que con solo mirarla el mundo girase y tuviese sentido para él. Y, aunque Alicia también estaba sorprendida por el encuentro, la sorpresa de Isabela superaba a la de cualquiera, no podía articular palabra, estaba con la boca medio abierta y dirigiendo la vista de la barriga de Alicia a las manos enlazadas de ellos y a la cara de Fernando, el movimiento lo repitió varias veces. Alicia sintió cómo la rabia iba subiendo poco a poco al encontrarse de frente con Isabela, notaba la mano de Fernando mucho más firme que siempre, al contrario que ella, tenía las manos calientes, le transmitía tranquilidad y sosiego. Fue Alicia la que rompió el silencio tenso.
-Hola Isabela, me alegro de verte tan bien… Que nadie haya podido hacerte nada a pesar de la traición… -notaba cómo las pulsaciones iban subiendo y el bebé le daba patadas, estaba inquieto, sabía que le estaba traspasando todos esos sentimientos, posó una mano para que se relaje mientras ella intentaba tomar aire- El Partido no suele ser tan benevolente con los traidores…
-Puedes ahorrarte ese sarcasmo conmigo Alicia.
-Podría ahorrármelo, es cierto, pero tu traición no me ahorró pasar varios días detenida… - no necesita mirar a los ojos a Fernando, sabía que estaba tranquilo- Creo que tengo más derecho yo a ser sarcástica contigo que tú a ser cínica conmigo; cada vez que recuerdo lo que me agradeciste que te sacase de la cárcel… -ahora era Fernando el que estaba boquiabierto, nunca había visto a Alicia tan dura con nadie- No cuestiono que hicieses cualquier trato para salir de allí, cuestiono que sabiéndonos en peligro no nos avisases… Podríamos haber acabado todos muertos…
El perfume de Isabela era metálico, resultaba frío y aséptico. El único sentimiento que Fernando tenía era una sensación pequeña de miedo, no quería que nada empañase lo que tanto les había costado construir, se había prometido no volver a hacer daño a Alicia ni directa ni tampoco indirectamente.
-Alicia, déjalo –apretó más su mano, en otro momento hubiera aplaudido ese arranque de Alicia, pero ahora sólo deseaba que se tranquilizase y olvidase todo el daño que esa mujer les hizo- no merece la pena…
-No, claro, no merece la pena… Por lo que veo, no os ha ido tan mal pese a mi traición…
Alicia trataba de regular su respiración y tranquilizarse, el bebé se había ido tranquilizando pero aún seguía sintiendo una opresión en los riñones. Fernando miró indiferente a Isabela, no reconocía a la persona con la que había compartido los últimos años de su vida, pensó que quizás en el fondo nunca la conoció… ¿Le habría querido realmente en algún momento? ¿O solo había sido para ella un héroe romántico atormentado y por eso en una situación límite pudo traicionarle sin pestañear? Ahora le daba igual, hacía tiempo que se había dado cuenta que habían construido algo irreal, y hasta se sintió un poco estúpido, pensándolo fríamente, Isabela ejerció cierto poder sobre él durante los últimos años, era como si hubiese dependido de ella para seguir viviendo. No se reconoció a sí mismo en el Fernando que recordaba de su vida con Isabela. Sintió que no había más que decir, Isabela seguía mirándole, tenía una mirada desafiante, esperaba que él dijese algo, que mostrase algún sentimiento por ella por negativo que fuese, pero él no lo hizo. Abrazó a Alicia y comenzaron a andar juntos, se alejaron a un ritmo pausado, ese encuentro con el pasado no había removido ningún sentimiento en Fernando.
Fernando caminaba callado, su mano sentía perfectamente las patadas del bebé y lo único que desea era llegar a casa. Le preguntó por el trabajo pero Alicia respondió con vaguedades. Antes de llegar a casa se giró y le cogió las manos, era mejor enfrentarse cuanto antes a esa conversación, además no quería que el recuerdo de la primera vez que vieran juntos la habitación de su hijo se viese empañado por una situación que creaba inquietud en Alicia.
-Alicia… -la miró a los ojos- No quiero que pienses que ver a Isabela me ha hecho…
-Fernando, no necesitas explicarme nada, te voy conociendo demasiado bien… Si hubieses sentido algo ante este encuentro, ni en sueños te hubieses quedado callado sin soltar ninguna pullita…
-¡Vaya! Empiezo a pensar que me conoces mejor que yo mismo –vio cómo Alicia se iba tranquilizando a medida que hablaban de Isabela, le habían vuelto los colores a la cara, síntoma del frío que poco a poco iba haciendo-, en cambio yo, creo que no te conozco tan bien… Nunca me hubiese imaginado que fueses tan dura y tan sarcástica con alguien…
-¿Me he pasado? –se sintió mal por un momento- No sé, no pude evitarlo… ¡Encima parecía ella la ofendida! No estoy orgullosa de haberme puesto así…
-Alicia, no te disculpes, tienes derecho a estar dolida, tú defendiste a Isabela, hiciste todo lo que pudiste por ella, implicándote sabiendo que eso significaba ponerte en el punto de mira de Martín… Es normal que sientas eso, lo que sí quiero que tengas claro es que a mí no me ha provocado nada este encuentro; y me ha sorprendido… Ni rabia, ni ganas de venganza, ni odio… Solo indiferencia, por un momento tuve la sensación de no conocer de nada a esa mujer que estaba en frente nuestro…
-¿Crees que no lo noté? Es cierto, empiezas a ser transparente para mí –descubrió una nueva heridita en la mano y la besó- no tienes que explicarme lo que has sentido porque te he visto sentirlo…
Fernando la abrazó fuerte aunque con cuidado de no presionar la barriga.
-Bueno, ahora quiero que te olvides de este encuentro ¿de acuerdo?
-¿Has dejado preparada una cena romántica? ¡Tengo un hambre!
-Pues no, lo siento… Preparé la mesa pero no preparé nada de cenar, no te preocupes, yo me encargo de la cena… Pero antes, hay algo más importante…
Caminaron los metros que les separaban hasta el portal, abrió la puerta y le cedió el paso a Alicia, subieron de la mano los tres pisos hasta su buhardilla. Fernando abrió la puerta pero no permitió a Alicia pasar, encendió las luces y volvió junto a Alicia.
-Lo siento, señorita Peña, pero tendrá que entrar en casa con los ojos cerrados…
-Vaya, el señor Solís se pone misterioso… Aunque te diré que has perdido parte de tus facultades como espía… -volvió a besarle la mano, las heriditas- Venga, cierro los ojos pero ¡guíame bien eh!
-Por supuesto, nunca dejaría que te pasase nada…
Fernando la tomó de las manos, él entraba de espaldas mientras ella con los ojos cerrados iba dando pasos cada vez más seguros al notar el contacto de las manos de Fernando en las suyas. Se dirigieron hacia la habitación del niño, Fernando la puso en el marco de la puerta, se puso detrás de ella y le susurró al oído.
-Ya puedes abrir los ojos…
Alicia abrió poco a poco los ojos, al ver la habitación del bebé no pudo evitar emocionarse, notaba cómo los ojos se le humedecían, era tan perfecta. Le faltaba un poco el aire porque en esos momentos aún tenía una sensación extraña al recordar sus dudas iniciales al descubrir que estaba embarazada. Primero vio los tres cuadros pequeños que habían comprado y el león de peluche, bajando la mirada vio el mueble del mercado, parecía nuevo y sobre él estaban algunos de los juguetes que ya tenían. Miró hacia la izquierda y vio los espejos que tanto la gustaban colocados encima de la chimenea, el baúl justo debajo y más juguetes. No tenía palabras, Fernando había decorado toda la habitación y había acertado en todo, aunque aún le quedaba un descubrimiento que hacer. Giró la vista hacia la derecha y vio la cuna, una cuna pequeña, preciosa, hecha a mano por Fernando, no le faltaba nada, ni el colchón, ni una pequeña almohadita, ni siquiera un tul precioso en la cabecera. Se acercó a la cuna, la tocó con mucho cuidado, como si fuese un tesoro, a la vez que, con la otra mano, cubría su incipiente barriga. Aún olía a barniz y madera, pero ni viendo las heridas de las manos ni siquiera cuando comprobó que estaba pintada la habitación había podido imaginarse un resultado final mejor. Al acercarse descubrió el pequeño móvil que Fernando había hecho para la cuna. Sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba todo perfecto y le gustaba imaginarse a Fernando preparando todo. Fernando disfrutaba mirándola, mientras Alicia recorría la habitación fue quitándose el abrigo, estaba tan ansioso de enseñársela que se le había olvidado, lo dobló en un brazo mientras esperaba el veredicto de ella.



Alicia se giró y le abrazó, en los ojos de Fernando también había lágrimas al notar la ilusión de Alicia y la fuerza con la que le abrazaba, tuvo cuidado cuando se abalanzó sobre él para no hacerle daño
-¿Eso quiere decir que te gusta, petit Alice?
-¿Petit Alice? Hacía mucho tiempo que no me llamabas así…
-Es cierto, lo recordé el otro día en el mercado, estabas tan guapa y tan ilusionada… Aunque aún no me has contestado… ¿Te gusta?
-¿Pero cómo no va a gustarme? –le besó tiernamente- Es perfecta, cada detalle, cada juguete… ¡La cuna hecha por ti! No me imaginaba que estuvieses haciendo la cuna, sabía que estabas haciendo algo para la habitación, pero nunca imaginé que fuese la cuna… Es perfecta, preciosa… ¡Gracias!
-De gracias nada, Alicia…
Estuvieron abrazados un rato mientras contemplaban la habitación, podrían haber estado así toda la noche si no llega a ser porque Fernando pensó en el hambre que tenía Alicia antes de llegar. Acariciándole el pelo le sugirió que se pusiese cómoda mientras él preparaba la cena, ella intentó quitarle importancia, no quería romper ese momento, pero él fue inflexible, la acompañó hasta el salón a sentarse, la dejó leyendo un libro y fue a preparar algo de cena, no podía permitir que se relajase en su alimentación, si tenía hambre, cenaría como si estuviesen en un restaurante de lujo. Fernando llegó a la cocina y abrió una botella de vino, se sirvió en una copa mientras sacaba los ingredientes para hacer la comida, sonrió cuando escuchó que Alicia había puesto música en el tocadiscos, esa nueva cantante que tan poco le había gustado al principio se estaba convirtiendo el su mejor acompañamiento mientras cocinaba. Alicia, ya con el pijama y esa bata a la que tanto cariño tenía, estaba recostada en el sofá, tenía unos documentos que leer pero los dejó en la mesa mientras cerraba los ojos relajándose con la música. Se quedó dormida mientras de fondo sonaba "Non, rien de rien, non, je ne regrette rien/Ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal" y el olor a la cebolla que pochaba Fernando en la cocina.
____________________________________________________________
**Capítulo escrito por Iles y Noa, sin una de las dos partes, el relato no quedaría igual porque le faltaría parte de la escencia de los personajes!!




Comentarios hacia esta página:
Comentado por:28-09-2013, 20:22 (UTC)
relatosnoa
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Gracias Rodas!!!!! En realidad el encuentro es más por Alicia que por Fernando, me parecia justo que ella pudiese reprocharle a Isabela que la traicionase... Para Fernando no significa nada, cuando descubre la traición yo le veo decepcionado por la compañera, no por la mujer... Cuando estaba con Alicia, se olvidada de todo lo demás... De momento hay relato para rato, aunque también tendrán momentos menos bonitos jajaja. Iles, sabes que no es verdad, sin ver sus gestos, el relato sería solo las cartas y algunos detalles de sus vidas

Comentado por Iles24, 28-09-2013, 19:00 (UTC):
No hagais caso a la jefa,iles sólo se encarga de las frikadas

Comentado por rodas, 28-09-2013, 16:10 (UTC):
El embarazo sigue su curso, la cuna lista y hecha por Fernando, Isabela es menos que una sombra en el pasado de Fernando y Alicia tiene oportunidad de decir todo lo que no pudo al saber de su traición. Abrazados contemplando la habitación espero verlos muy a menudo.



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